En algunos momentos, al ir por la calle, se detenía de pronto porque sentía finalmente el olor de las noches de verano, los colore, los ruidos y la sombra de los plátanos. Pensaba en todo ello en medio del barro y la nieve y se detenía en las esquinas con el deseo aferrándole la garganta. “Tiene que llegar, todos los años se repiten las estaciones”. A pesar de todo le parecía inverosímil ahora que se encontraba sola. “No soy más que una vieja -se decía- todo lo hermoso y bello se ha terminado”.
Poco sé de Pavese, pero tengo que reconocer que me gusta. ¿Y ahora qué? ahora… a leer El Gatopardo. Aunque no sea suyo. Que manía con la coherencia.




