Si digo que esta mayor, puede que no os diga mucho. Si digo que creo que es la última vez que la veo, diréis que siempre digo lo mismo. Así que de todo eso mejor no digo nada.
Diré que salió al escenario con decisión, llevaba en la cara la ilusión dibujada de quien hace algo por primera vez. Aunque no era el caso. Yo que la miro de arriba abajo, que esta vez no me olvide las gáfas y ella que la primera palabra que dice es “Ojalá…” yo pongo carica de imbecil, sonrisa Bob Esponja y a partir de ese momento todo sigue su orden. Quien quiera ver la crítica oficial, que pinche aquí.
Pensaba comentar algo acerca de que ella tal vez se mueve menos, algún desplazamiento a la mesa donde están preparados los pañuelos, mantones, huipiles, chales y demás complementos. También pensaba decir algo de que la voz en algunos momentos parece que va a quebrarse, que los desplazamientos tienen algo de “robótico” y que solo las manos parecen ligeras cuando marcan esos finales característicos, brazos abiertos, en alto, repartiendo al público… porque aquí hay para todos, es leyenda.
Pero lo que verdaderamente quiero decir es que Mª Dolores Pradera forma parte de la memoria colectiva y tiene hits para aburrir, no se le puede pedir más. Hoy en día nadie puede hacer referencias al paso del tiempo como ella, toda una vida, el tiempo que te quede, no se estila, rodar y rodar, andando y cantando que es mi modo de alumbrar, dejame que te cuente limeño… porque después de esta vida, no hay otra oportunidad.
Que no se me olvide apuntar que el público intento cubrir con sus aplausos los huecos del patio de butacas. Aplausos prolongados y generosos que no llegarón a ocultar que Huesca no llenó el auditorio. Mala entrada para la autoproclamada capital cultural del exreino.
Y entramos en la recta final del concierto con mis mexicanos favoritos y alguna que otra de las esperadas (devuélveme el tupper de mi madre…). Aún nos tiene que regalar esa imagen para el recuerdo (repe) cuando se acerca a sujetar el contrabajo para que el público pueda aplaudir a la banda. Dos, tres, cuatro bises y “La Pradera” que da las gracias y abandona despacio el escenario mano en alto a modo despedida. Me quito las gafas y me froto los ojos mientras el auditorio en pie sigue aplaudiendo a un escenario huerfano con todas las luces ya encendidas. Punto y final.
Dicen que no se estila
27 04 2010Comentarios : Deja un Comentario »
Etiquetas: Huesca, huipil, México, Mª Dolores Pradera, Musica, ojalá, prieto azabache, tiempo
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Pedro Páramo
22 02 2010
Que voy a decir yo de esta novela que no se haya dicho. Pues entonces mejor me callo. Solo que hay que leerla, sobre todo si tu vida pasa por una etapa mejicana,como parece que lo hace últimamente la mía. A alguno de vosotros tal vez no os guste, me consta que mucha gente odia este texto porque le recuerda a sus tiempos de lectura obligatorias en el instituto, pero como a mi no me obligaron a leer nada… pues no lo he aborrecido. Si tienes edición comentada, deja las explicaciones para luego, para la segunda lectura. Por cierto, un último consejo si tienes el equipo de sonido cerca, dale al play y sube “la voz” a esas rancheras.
”Faltaba mucho para el amanecer. El cielo estaba llleno de estrellas, gordas, hinchadas de tanta noche. La luna había salido un rato y luego se había ido. Era una de esas lunas tristes que nadie mira, a las que nadie hace caso. Estuvo un rato allí desfigurada, sin dar ninguna luz, y después fue a esconderse detrás de los cerros.”
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(Sin título aparente)
10 09 2009

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