¡A desayunar!

Busco en Yuotube el desayuno de Legolas, el de Dora la Exploradora, la niña del exorcista o este otro de Pablo Iglesias y entre risas pienso en la galleta que tengo en la mano. Hoy no tengo digestives (me estoy quitando).

Me da el siroco y me pongo con  la investigación mañanera y así descubro que estas gallegas fueron creadas por una pastelería de London en 1874 para la boda de Alfredo I, hijo de la reina Victoria & Prince Albert, con Maria Aleksandrovna, hija del zar de Rusia Alejandro II. La empresa Peek & Frean quiso conmemorar el evento y bautizo a estas galletas como Marie biscuit. El éxito parece que fue inmediato y se hicieron muy populares en toda Europa, donde se comenzaron a producir masivamente gracias a excedentes en las cosechas de trigo.

Las “marías” son redondas y suelen tener el nombre grabado en un lado, así como un borde con un diseño intrincado. Son ideales para mojar porque tiene poca humedad y esto hace que no se rompan, a no ser que las tengas buen rato empapando. Suficiente ¿verdad?. ¡Hala pues a desayunar!.

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Mudanza

Me he cambiado de casa. Estoy muy cansado. No tiene ascensor y está en una calle en la que aparcar es como obrar un milagro, que mal, muy mal. Muy centro. Demasiada vida. Hay una concentración de bares de tapas en los alrededores que supera los índices recomendados por la OMS. Pero cierro la puerta y es un oasis. Necesitaba reorganizar mi vida. Tengo que tirar muchas cosas. Voy a tirarlas. Y ropa ¿para qué tanto?. Lo primero que he hecho ha sido bajar a un comercio cercano y comprar una cafetera. Todo tenía un aire antiguo, como si hace tiempo allí nadie comprase ningún electrodoméstico. Está claro que hay tiendas que han notado muchísimo la huida de la masa en busca de la experiencia hedonista del fin de semana en el centro comercial. El vendedor era un señor de edad cercana a la jubilación que me ha recomendado una Monix de seis tazas. Y me la he llevado para casa. ¡Que menos que Monix!. También me hubiese gustado llevarme un guacamayo azul y amarillo de cerámica -de buen tamaño- que he visto en el escaparate de una tienda de segunda mano en el barrio. No como los de la imagen que acompañan estas líneas (que es de Matthias Vergine), pero tienen cierto aire.
Matthias Vergine
Estos guacamayos son rojos, lo sé. Al abrir una de las cajas he visto que se le había roto un cuerno a una pequeña cabeza de ciervo de cerámica que ni recordaba tener. Una victima. Anónima como casi todas. La dejo sobre una estantería a la espera de que en algún sitio aparezca el pegamento. En la tele dan una película de Menorca, le quito la voz. Me acerco a la cocina y decido estrenar la cafetera. Bienvenido me digo a mi mismo, mucho tiempo sin haberte tenido cerca. Este año me parece que haremos cosas importantes. Sea.

Mañaneo

He recibido un mensaje “tráeme mañana los pendientes y la pulsera”. Sé a que colegio van tus hijos. Tenemos familla en Roma. Mucha familia. Primos que trabajan en la universidad. Uno es profesor de una asignatura de aeronáutica. Me he hecho un store con folios a primera hora de la mañana. No puedo parar de llorar por lo de México. Mi hija me está mandando vídeos por WhatsApp que han grabado sus compañeros. Se ha agrietado la piscina de la casa donde vivía. ¿Ya estáis preparando la cena del Pilar?. Yo tengo cuatro humidificadores. De esencias naturales. ¿Has visto la tostadora rosita que ponen hoy a la venta en Lidl?. Nadal es un “bienqueda”. Dame el pen con las series que lo descargo en mi ordenador. A mi si son de llorar no me grabéis nada. Y no me esperéis al café que me voy a una casa.

Domingueando

Aún con el concierto de Rosendo en el retropaladar, dormito en mi habitación, leo, hago cuatro dibujetes… cuando de repente oigo a mi madre que al pasar frente al espejo dice “¡Ayh que caraaaaaaaaa! Si parezco una abuela. Me estoy quedando como Casimira, encogideta, no lo entiendo yo esto…”. Sí, mi madre que tiene ochenta años y sigue pensado que lo de envejecer no va con ella.