The Killing of a sacred deer. Yorgos Lanthimos

He ido dos días al cineclub. Bueno a dos cineclubs distintos. Aunque las películas que programan son casi las mismas, pero están en diferente ciudad. Debuté en el Cerbuna y para esta primera vez, elegí En la playa sola de noche, que tenía buenas críticas y en su momento pensé verla en el cine (aunque luego me salió algo mejor que hacer, algo de lo que ya no me acuerdo). Casi llego tarde, delante de mí el alcalde de la ciudad sacándose el carné de socio y pagando la entrada. El sitio tiene encanto, retrocedes un par de décadas y te caen algunos años en cuanto cruzas las pesadas cortinas tras las puertas. Algo curioso para ser una residencia universitaria. La peli no me dijo nada, sólo que se puede ser muy feliz bebiendo un vaso de agua y expresarlo efusivamente. Así que cambié de cineclub y jugué sobre seguro. Fui a ver la última de Lanthimos, aunque no me había gustado mucho Langosta y sale Nicole Kiwi. Pero la cosa pintaba bien, en seguida se reconocía su sello (actualizando un poquico a Haneke), hierática, fría, con diálogos automáticos, familia disfuncional, geometría en los planos, sexo mecánico… y poco a poco se fue creando una atmósfera irreal y opresora. Oscila entre un principio que recuerda a Teorema (Pasolini), hasta El ángel exterminador (Buñuel) y solo aparté la mirada en dos ocasiones de la pantalla. Vamos bien.

Al salir hablamos de la banda sonora y alguien comentó la relación con la tragedia de Eurípides, el sacrificio de Ifigenia por su por su padre Agamenón, como castigo por haber matado un ciervo en un bosque sagrado. Esto gustó mucho a la parte más excéptica y combativa del grupo. Al final puede que sea verdad lo que dijo el adolescente Martin en algún momento de la película, todo es una metáfora.

cineclubs

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Danger, le photocopillage tue le livre

Una vez tuve un compañero de trabajo que encontró novia acercándose a una chica en un bar y diciéndole que era preciosa, que le gustaba mucho y que estaría encantado si algún día ella le llamara para tomar algo. Después sin darle tiempo a responder le entrego un papelito con su numero de teléfono. Peliculero ¿no?. Pues al tío le funcionó.  Incluso alguien me contó que con esa técnica ya había conocido a su anterior pareja. Era un tío muy vivo. El  otro día me volvieron a hablar de él y no pude  evitar sonreír al pensar en el montón de papelitos que con su numero pueblan la noche de la ciudad.

Llámame por tu nombre. André Aciman

Como todo el mundo habla de la peli, me he leído el libro. Uno es así, que le vamos a hacer. Bueno que ni fú ni fa. La mayor parte del tiempo aburrido con las tribulaciones de este adolescente pijotero y resabidillo. Y mira que el genero teenager es una de mis debilidades pero esta novela sólo se salva en un par de fogonazos. Demasiado artificio. Mi motivación ahora para ver la peli es el buen recuerdo que me dejó Io sonno l’amore, que es del mismo director, aunque con lo lento que soy yo últimamente para el cine, igual la ponen antes en Telecinco.

También sabía que estaba construyendo un fortín alrededor de mi vida con muchos inténtalo luego y que los meses, las estaciones, los años enteros podían escaparse de mis manos con un simple San Intentaloluego en el santoral de cada día. Inténtalo luego funcionaba para gente como Oliver. Si no es luego, ¿cuándo? era mi doctrina.

post morten

Mi tío “E” tiene una caseta en la sierra en la que alguna vez he celebrado mi cumpleaños. Físicamente se parecía mucho a mi padre, bueno espera, no sólo físicamente, era como si en mi tío estuviera mi padre pero aumentado. Siempre me ha llamado la atención que le tuviese alergia a los actos sociales, porque era una persona hospitalaria, amable y generosa. Mi tío “I” era una fiesta, chistes canciones y baile moderno. Es lo primero que me viene cuando pienso en él, bueno eso y las quinielas. Cuando era pequeño casi todas las nocheviejas pasábamos a su casa, allí comíamos turrones, veíamos el especial de Martes y Trece y echábamos algún bingacho. En su cochera celebramos mi comunión y allí también íbamos para las hogueras de San Sebastián. Entre la muerte de mis dos tíos sólo han pasado tres días. Vamos a necesitar un tiempo para reajustar la familia. Veo a mi padre en la cocina mirar por la venta y es como si estuviera a punto de ser succionado por un agujero negro. Va a los mandos de una nave con abundantes bollos que se maneja en unas coordenadas de extrema tristeza.

El deshielo. Lize Spit

Las mejores novelas que he leído esto año, han sido en mi libro digital. Esta es una de ellas. No creo que sea porque no haya leído en papel, tengo una pila encima de la mesilla que va bajando lentamente, debe de ser por pura coincidencia. Bueno y porque es el primer año que lo tengo y me hace mucha ilusión acumular títulos allí también, como si fuera una mesilla más. El deshielo habla de muchas cosas, pero sobre todo de que te rompan por dentro. No me esperaba el tajo que se lanza a la yugular de nuestra, muchas veces pueril, idealización de la infancia.

A ver, no es una novela sobre la infancia, pero esta llena de niños y de pre-adolescentes. Que sí, de acuerdo, vale, que son uno años de cambios, de crisis, bla, bla, bla, pero siempre hemos exaltado los vínculos que entre iguales en ella se forjan. La amistad en esta ocasión no sirve ni protege de nada. Aquí se le da una patada. Por si fuera poco la autora lanza un gancho de derecha a nuestra idea de perfección que tenemos de las sociedades del norte de Europa. Una familia disfuncional seccionada con la precisión con la que Jolan, el hermano mayor, disecciona las cabezas de los saltamontes en su laboratorio. Todo esto contado con una prosa limpia y eficaz, con capacidad para describir nimiedades y actos grotescos de la misma manera (¿cómo Agota K?). El último tramo de la novela se lee sin aliento, sin saber muy bien que es lo que queremos encontrarnos al volver la página.

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