Mañaneo

He recibido un mensaje “tráeme mañana los pendientes y la pulsera”. Sé a que colegio van tus hijos. Tenemos familla en Roma. Mucha familia. Primos que trabajan en la universidad. Uno es profesor de una asignatura de aeronáutica. Me he hecho un store con folios a primera hora de la mañana. No puedo parar de llorar por lo de México. Mi hija me está mandando vídeos por WhatsApp que han grabado sus compañeros. Se ha agrietado la piscina de la casa donde vivía. ¿Ya estáis preparando la cena del Pilar?. Yo tengo cuatro humidificadores. De esencias naturales. ¿Has visto la tostadora rosita que ponen hoy a la venta en Lidl?. Nadal es un “bienqueda”. Dame el pen con las series que lo descargo en mi ordenador. A mi si son de llorar no me grabéis nada. Y no me esperéis al café que me voy a una casa.

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Domingueando

Aún con el concierto de Rosendo en el retropaladar, dormito en mi habitación, leo, hago cuatro dibujetes… cuando de repente oigo a mi madre que al pasar frente al espejo dice “¡Ayh que caraaaaaaaaa! Si parezco una abuela. Me estoy quedando como Casimira, encogideta, no lo entiendo yo esto…”. Sí, mi madre que tiene ochenta años y sigue pensado que lo de envejecer no va con ella.

Hurra. Ben Brooks

He tardado en leerlo pero ya está. Completo así, gracias a Isa que me lo ha prestado, esta especie de tríptico sobre los millenials ingleses.  Me sigo quedando con Crezco, por lo que tiene de novela seminal y aunque tanto Lolito como Hurra están llenas de destellos (vomitos y brilli, brilli), esta ya no me llega o ya no sorprende tanto. Su lectura sigue siendo divertida y a ratos apasionante por lo que tienen de fresco y por el poco reflejo que este tipo de literatura veo en los autores de nuestro país. Esta vez seguimos de cerca a Daniel y Adam que acaban de perder a su hermana. Se enfrentan a la perdida, emprendiendo una carrera hacia ninguna parte, que en ocasiones hace que la novela pierda interés al mismo tiempo que los personajes visitan distintas latitudes. Es rápido, ingenioso, hedonista, divertido, molesto, incisivo, pero algo falla.

Nos sentamos juntos en la parte delante de la iglesia, lo más cerca posible del ataúd de Ellen, en los bancos del coro, perpendiculares al resto. Ha venido mucha gente. La mayoría son chicas de su instituto acompañadas de sus novios, y varios hombre y mujeres a quienes llamamos tío y tía porque le prestaron dinero a mamá cuando no tenía. Nuestros primas están casi al final, ojeando unos folletos con la foto de la orla de Ellen en la portada.

Adam juega al Candy Crush en el teléfono. Parece transparente bajo esta luz mortecina. Sus ojos han derramado menos agua que los míos, aunque suele ser más desinhibido. Eso significa que normalmente se le dan mejor las mujeres, pero con los padres, casi nunca se lleva bien.

Le doy un codazo, me da un codazo
– Por mucho que llores seguirá muerte-me dice.
– ¿Y mamá?
– A mamá no le importa una mierda.

Noches de verano en Pirineos Sur

Sin saber muy bien como, acabé en el concierto de Kase O en el Festival Pirineos Sur. Y claro pasó lo que tenía que pasar, que me aburrí. Y no porque el tío no sea profesional, porque no sonase bien (es de los pocos que entiendo cuando rapean), porque no hubiese colaboraciones, ni luces y coreografías estudiadas. Simplemente porque no me gusta. Me resulta curioso ver a la gente que ya esta en los cuarenta enrolados un concepto tan puber. Se supone que la suya es la propuesta más madura del genero, porque el chico ha tenido una crisis personal, ha estado deprimido y ha volcado todos sus fantasmas en este nuevo disco… bueno vale ¿y qué?. A ver todo esto puede venir porque no me interesan los conciertos de rap o hip hop, ni sus ansias participativas (agáchate, levanta la mano y muévela, dale ruido a fulanito, gritad paaaaaaaaaaaaz…), será que ya lo di todo en la época de Teresa Rabal. Por no hablar de los discursitos que “se casco” entre canciones inspirados en lo peor del pastoreo evangelista, mucho amor, mucho respeto a las mujeres (son como jarrones llego a decir) y con pinceladas de superación personal estilo mensajito de Facebook. Pero el público disfrutó. Eso es importante. Un público que según una de las varias encuestas que lanzaron desde el escenario, era mayoritariamente de Zaragoza y había subido a ver a su gurú rodeado de las montañas de Lanuza. Pues oye muy bien, que lo disfrutaron. Y eso que les pusieron un telonero que no pareció gustarles mucho (Bejo nos dejó alguna que otra gran frase flotando sobre el pantano: “ella está buena pero es mala” / “mucho macho, mucho mamarracho ” y terminó su actuación como los grandes, en el agua) y que no supo apreciar que en las músicas previas a la actuación sonase ese himno generacional millennial que es Tu coño es mi droga.

Todo esto en un festival poco sostenible, con algún que otro problema de identidad, muchísimos problemas de movilidad y de generación y recogida de residuos. Pero nada, que ya queda menos para que veamos de nuevo a Patti Smith, El mató a un policía motorizado, Caetano Veloso, a la Carrá, a Alkistis Protopsalti a pachas con Božo Vrećo (supongo que cuando sea viejo siempre podré decir que estuvimos en la primera actuación de Božo Vrećo en España), Perfume Genius o a Marta Sánchez cantando soldados del amor, sobre el escenario de Lanuza. Señores programadores de este u otros festivales, atiendan nuestras plegarias paganas.

Desayuno

Tomo café al lado de tu casa. En un bar lleno de condecoraciones e insignias policiales. Hay una colección de miniaturas militares, coches de la Guardia civil y un muñeco tipo Action Man vestido de uniforme. El ventilador del techo entrecorta la luz dando un efecto de slow motion a todo lo que sucede. Mi mano tiembla al acercar la taza a mi boca. No me siento nada seguro.