Stromboli

Se había convertido en nuestro destino maldito y ya pensábamos que nunca pisaríamos ese crater. Casi nos habíamos resignado a no poder seguir las huellas de las alpargatas de Ingrid Bergman camino de esa cima tan misteriosa. A veces no se puede tener todo. Parecía que habíamos aceptado nuestro destino, pero no, había final feliz. Acordamos unas fechas, luego otras, cruzamos los dedos, cerramos los ojos, cogimos un bus, un avión, un tren, un barco y nos plantamos en la isla, dispuestos a encontrar la puerta al centro de la tierra. Nos os voy a contar nada más. Teneis que ir. Nosotros no hicimos grandes fotos, ni grabamos vídeos espectáculares, pero oimos rugir a la tierra, vimos un atardecer películero con un bocata de mortadela en la mano y después llego una noche llena de cohetes naranjas. Para rematar descendimos felices, cansados y con mascarilla. ¿Y ahora qué? nos preguntábamos al día siguiente cuando el barco nos alejaba de la isla. Estamos sin objetivos. A veces el vacío es peligroso. Pero esta vez no, ¡que se jodan las de mi pueblo!. No estábamos tristes. Nos pusimos a jugar a eso de adivinar palabras y se notaba en el ambiente que estábamos felices. Tanto como si hubiesemos estado en la inauguración de la cafetería de la estación de tren de Milazzo. ¡Risotto!. Vamos a repensarnos.

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Cáscara de nuez. Ian McEwan

Tengo un improvisado club de lectura con la madre de mi amiga Isabel y un amigo suyo, al que no conozco pero que amablemente realiza crónicas y puntua los libros que se le presta. En nuestro club se adorá al señor McEwan y esta semana le he hincado el diente a su último libro, uno con portada fea y título poco atrayante (aunque Shakesperiano).

Hay un plan para realizar un asesinato, hay catas de vino, lecturas de poesía y abundantes reflexiones sobre la condición humana, el amor y la falsedad. No tiene la consistencia de Expiación, pero el tono me ha recordado a alguno de los relatos de Primer amor, últimos ritos. Ágil, lúcido y salpicado de humor británico, porque sí, resulta que los británicos tienen humor. Ahora vamos a seguir con la generación Granta y le hincaremos el diente al Nobel Ishiguro, así que próximamente, más.

La libertad de expresión ya no es libertad, la democracia liberal ya no es el puerto de destino obvio, los robots roban puestos de trabajo, la libertad en un estrecho combate con la seguridad, el socialismo caído en desgracia, el capitalismo corrupto, destructivo y caido en desgracia, sin alternativas a la vista. En conclusión, decía la experta, estos desastre son el fruto de nuestra naturaleza doble. Inteligente e infantil. Hemos construido un mundo demasiado complejo y peligroso para que lo gestione nuestra naturaleza pendenciera. En tal estado de desesperanza, el voto mayoritario irá a parar a lo sobrenatural. Es el crepúsculo de la segunda Era de la Razón. Éramos maravillosos pero ahora estamos condenados.

Evolución. Eddy Miclin

Déjate transportar a La Habana, es mediodía acaba de caer un aguacero y un repentino sol ilumina las fachadas de los edificios coloniales. Fachadas pintadas, repintadas, castigadas por la lluvia, el viento, la sal y la revolución. Muros que a través de sus grietas y desconchados te hablan de su historia, del paso del tiempo, de la vida. Líneas rectas surcando lienzos, color aplicado con violencia, azul, verde, amarillo saltan furiosos de la paleta de Eddy Miclin. Te puede dar por pensar que nos enfrentamos más a una revolución, que a una evolución, pero la idea desaparecerá a medida que te dejes atrapar la mirada. Sigues de pie en el medio de la calle, reanudas la marcha pero esto ya no te lo puedes quitar de la cabeza.

En la Asociación de Artístas plásticos Aragón-Goya hasta el próximo 17 de abril. Y llévate la cartera.

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Ella

Esta sentada en una esquina del sofa. Mueve el pie al ritmo de la música que suena en su cabeza y de vez en cuando hace el gesto de estar pegando una larga calada a un cigarro imaginario. En estos primeros compases de la mañana siempre tiene cierta sensación de abandono, como si fuese la toalla verde que hace un rato ha recogido de un rincón del baño. La casa está en silencio, la luz tamizada por las cortinas da cierta sensación de estar dentro de un cuadro. De algún pintor americano, le da igual cual. Aprieta con fuerza los dedos contra sus ojos al incoporarse y se acerca a la venta para buscar tras el cristal alguno de los días felices que le prometieron. Creyó en tantas cosas que ahora ya no necesitará más que poner la cafetera al fuego, esperar a que suba el café y que su olor le devuelva la fe en la vida. Esta u otra.

¿Qué les pasa a las palmeras de Zaragoza?

Iba yo en el bus urbano, preguntándome sobre el extraño aspecto que presenta el palmeral zaragozano y al mismo tiempo me interrogaba sobre la jornada de huelga y movilización de ayer. Que fue un éxito sólo algún tertuliano, y la caterva de involucionados que comentan las noticias en los periódicos digitales, se atreven a manifestarlo. Sin embargo a mi me queda la sombra de las cifras de la huelga. No he tenido que investigar mucho para saber que mucha de la gente que me rodea no la sencundó. Cada uno tiene sus motivos, aunque en el caso de los funcionarios/as con el sueldo asegurado (¡uyh cien euros menos!) y ninguna posible represalia, que quereis que os diga… no acabo de verlo. Pero en lugar de enfadarme, me ha dado por preguntarme si esto de la huelga, no será ya una herramienta de lucha del pasado. Al menos las huelgas de un día. Tal vez ya no tengan utilidad. Igual los sindicatos las hayan ido “suicidado” poco a poco. Me preguntaba por eso y por lo que pasará en las próximas semanas. El feminismo ya está en el centro del debate y ningún partido se va a permitir no arrimarse, veremos medidas e incluso alguna que otra ley (como la aragonesa que lleva un restraso de tres años en su tramitación). Se lo merecen, por justicia y porque se lo han currado los colectivos feministas para sacar a tanta gente a la calle. Además no sólo dieron el callo en las grandes capitales, sino que esta vez la mujeres de provincias también colgaron el delantal y nos dijeron alto claro que ya vale, que están muy hartas. Se acerca mi parada. El futuro será feminista y mientrás llega, tal vez alguna de ellas me pueda aclarar lo que les pasa a estas palmeras.

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