Oscar Sanmartin Vargas. Palacio Montemuzo. Zaragoza

Fui dos veces a la restrospectiva de Oscar Sanmartin Vargas en ese palacio vecino de Olga y he disfrutado como un enano. Un suelo horrible el de la sala de exposiciones por cierto. A ver que me centro, Las obras expuestas son mágnificas, Oscar es un virtuoso, un artesano del que no voy a poder añadir nada nuevo a lo que de él se ha escrito ya. A sus pies. Luego está que para ser una retrospectiva es algo escasa y con poca producción reciente, pero… yo la he sentido muy mía. Y no es sólo porque tenga una de sus obras en el recibidor de casa, sino porque sus creaciones forman parte de muchas etapas de mi vida. La segunda vez fui con Sandra y estuvimos un buen rato delante del diorama que fabricó para la portada de El escarabajo más grande de Europa, un disco de ENG al que dimos vueltas y vueltas en nuestra juventud. Ha pasado tanto tiempo que a veces pienso que ya no queda nada. Será verdad que me queda un minuto para ser solos labios ya. ¿Será?.

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Lo que fue es que esa misma tarde cambié de Sandra y fui a la inauguración de la academia de Flam&Co, mientras ella agradecía micro en mano a las numerosas personas que le han echado un cable en esta aventura y las que han ido guiando su vida, una emoción contenida (porque uno es muy contenido), me iba subiendo por la garganta. No hemos llegado mal a estas edades pensaba, aún hemos tenido cintura para ir avanzando sin perder la sonrisa. El agape como es tradición en esa familia fue espectacular y la compañía estupending, cante, baile, flamencos rosas y virgenes de Guadalupe… ¡enhorabuena maja! te mereces todo lo bueno que te pase. Después ya en el autobus miraba sin ver a través del cristal el paisaje de esta ciudad desenfocada. Así va uno deslinzándose por el tobogan de la vida.

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El día que murió Chiquito

Me desperté pronto, la costumbre, cogí el móvil de la mesilla para vaguear y no salir aún  de la cama. Revise Twitter, había muerto Chiquito. Una puerta se golpeó en mi cabeza. Los obvituarios llevaban ya un tiempo preparados, algunos hablablan de él como un genio del humor, y otros incluso de el mayor renovador del castellano de nuestra época. Bajé al bar, porque aún muerto Chiquito, era sábado y café con leche, croissant y periódico son compulsory. De vuelta a casa parada en el Eroski y acopio de fondo de armario. Ya en casa lavadora, baño y dar de comer a los peces. Vistazo a la prensa online donde Chiquito ya ocupa las portadas. Junts pel Jarl. Hasta la Casa Real puso un tweet. Whatsappeamos con la familia y aunque parte no se pronuncia no puedo evitar acordarme el día que fuí con mi prima al cine a ver Aquí llega Condemor el pecador de la pradera y escuchamos el que se convirtió en uno de nuestros gritos de guerra: Yoliiiiiiiiii.  Bajo la ventana, tocando esa guitarra sin cuerdas estaba Chiquito. Pocas veces me he reido tanto en mi vida. Después de comer bajo, o subo, a Huesca, nunca me aclaro cual es el verbo que tengo que poner cuando hago este trayecto desde Zaragoza. Descargo el coche en la oficina de Pedro y tomamos una caña hablando del tema del día. La de palabras y expresiones que nos salen sin matarnos mucho la cabeza. Pedro le vió en Huesca, en esa mítica actuación junto a Joaquín Reyes en el Festival Periferias. Yo me quedé sin entrada. Eran otros tiempos, teníamos tiempo para todo, la vida nos sorprendía en cada esquina y muchas veces nos quedábamos en la puerta. Después paso por casa de Isa, que está pachucha y también hablamos del tema, mirando por el movil nos reimos al ver que en las fotos de la capilla ardiente no podía faltar esa corona en la que estaba escrito “Hasta luego Lucas“.  Vuelvo a Zaragoza, es de noche, hace aire y no tengo ganas de nada. Me voy pronto a dormir, hoy con la sonrisa en la boca.

Dorian Wood. Bombo y Platillo

Estaba yo ayer sentadico en una última fila del CC Delicias viendo a este caballero y cuando se arrancó con el Vámonos de José Alfredo Jiménez, no pude evitar acordarme de los Puisac-Navarro que andan estos días por México celebrando el amor y gozando del día de muertos en familia.

Yo algún día también espero volver por allí, mientras tanto me tengo que conformar con rancheras, corridos y actuaciones de artistas, que aunque no sean mexicanos, a mi me lo parecen.

¡A desayunar!

Busco en Youtube el desayuno de Legolas, el de Dora la Exploradora, la niña del exorcista o este otro de Pablo Iglesias y entre risas pienso en la galleta que tengo en la mano. Hoy no tengo digestives (me estoy quitando).

Me da el siroco y me pongo con  la investigación mañanera y así descubro que estas gallegas fueron creadas por una pastelería de London en 1874 para la boda de Alfredo I, hijo de la reina Victoria & Prince Albert, con Maria Aleksandrovna, hija del zar de Rusia Alejandro II. La empresa Peek & Frean quiso conmemorar el evento y bautizo a estas galletas como Marie biscuit. El éxito parece que fue inmediato y se hicieron muy populares en toda Europa, donde se comenzaron a producir masivamente gracias a excedentes en las cosechas de trigo.

Las “marías” son redondas y suelen tener el nombre grabado en un lado, así como un borde con un diseño intrincado. Son ideales para mojar porque tiene poca humedad y esto hace que no se rompan, a no ser que las tengas buen rato empapando. Suficiente ¿verdad?. ¡Hala pues a desayunar!.

Mudanza

Me he cambiado de casa. Estoy muy cansado. No tiene ascensor y está en una calle en la que aparcar es como obrar un milagro, que mal, muy mal. Muy centro. Demasiada vida. Hay una concentración de bares de tapas en los alrededores que supera los índices recomendados por la OMS. Pero cierro la puerta y es un oasis. Necesitaba reorganizar mi vida. Tengo que tirar muchas cosas. Voy a tirarlas. Y ropa ¿para qué tanto?. Lo primero que he hecho ha sido bajar a un comercio cercano y comprar una cafetera. Todo tenía un aire antiguo, como si hace tiempo allí nadie comprase ningún electrodoméstico. Está claro que hay tiendas que han notado muchísimo la huida de la masa en busca de la experiencia hedonista del fin de semana en el centro comercial. El vendedor era un señor de edad cercana a la jubilación que me ha recomendado una Monix de seis tazas. Y me la he llevado para casa. ¡Que menos que Monix!. También me hubiese gustado llevarme un guacamayo azul y amarillo de cerámica -de buen tamaño- que he visto en el escaparate de una tienda de segunda mano en el barrio. No como los de la imagen que acompañan estas líneas (que es de Matthias Vergine), pero tienen cierto aire.
Matthias Vergine
Estos guacamayos son rojos, lo sé. Al abrir una de las cajas he visto que se le había roto un cuerno a una pequeña cabeza de ciervo de cerámica que ni recordaba tener. Una victima. Anónima como casi todas. La dejo sobre una estantería a la espera de que en algún sitio aparezca el pegamento. En la tele dan una película de Menorca, le quito la voz. Me acerco a la cocina y decido estrenar la cafetera. Bienvenido me digo a mi mismo, mucho tiempo sin haberte tenido cerca. Este año me parece que haremos cosas importantes. Sea.