Adiós Zaragoza, adiós.


Ya no vivo en Zaragoza. Volví a mi destierro voluntario en la fecha prevista. Pero nunca nada es como se prevé. ¿Quién vuelve? y ¿a dónde?.
Ya no pasaré todos los días bajo el cartel de los “chicos chinos”, ni seguiré los progresos del abuelo que hace estiramientos por la mañana en el banco frente a la Aljafería. Adiós a la cama plegable de 80. A los escaparates y a las cañas por la madalena. Adiós a la pasta de arroz. Mi cuerpo tendrá que desacostumbrarse a los almuerzos funcionarios y a recorrer a paso ligero Predicadores de punta a punta. Adiós al tonto obelisco de la plaza Europa. Adiós excursiones a Valdespartera, me dio por volver a este destierro simple en tiempo y forma. Pero soy de los que siempre se equivocan con las previsiones. Solo me queda mirar hacia arriba. Un avión deja unas misteriosas estelas en el aire ¿quién dices que ha vuelto? ¿dónde?.

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