Silencio, se rueda.

Semana frenética. Hace tiempo que no hacía tantos kilómetros. Tantas cosas. El plató del rodaje de ayer estaba en un polígono industrial. Uno de los lugares que más me aterran. No es mi habitat, me siento como un pingüino emperador en Atacama, un educador social en Alaska, un punki de postal en la ofrenda de flores a la virgen del Pilar, un…

Siempre tengo la sensación de que en estos sitios rigen una normas que desconozco. Me muevo de forma temerosa, aturdido, errático. Naves con rótulos que no me dicen nada, señales inventadas imposibles de descifrar, nombres de calles con extrañas combinaciones de números y letras, cafeterías con humo, menú del día a 6,95, descampados donde el viento y las sombras se ecuentran para la cópula furtiva y furgonetas a todas las caras. Dentro del plató las cosas vuelven a la normalidad, los técnicos visten de negro, el ritmo es desesperadamente lento y la módelo lleva falda de globo.

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2 comentarios sobre “Silencio, se rueda.

    1. ¡Bah! no te creas, lo mío son más las medianías que las grandes estrellas. El audiovisual aparece en mi vida de vez en cuando, desde el vídeo del SVE (de las pocas veces que aparezco en pantalla), no había vuelto al mundillo…
      Por cierto, vaya perlas nos ha dejado vuestro alcalde estos días.

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