Domingos laborables

Es rara la fauna que te encuentras por la calle el domingo bien de mañanas. El día esta fresco y en la escenografía habitual ya hay parte de los personajes secundarios dando el callo. Esta la señora alta (que conozco de su trabajo en Jaca) sentada en el banco frente al Oscashop, me da por imaginar que piensa con nostalgia en la vida a la que tuvo que renunciar por cuidar de una (supuesta) madre manipuladora y autoritaria. No podía faltar el señor bien vestido y de cara colorada, con el que me cruzo al menos una vez cada día. Veo sobresalir de su manta los pies del señor que duerme en el cajero de la esquina. Paso frente a un bajo y siento un deseo imperioso de darle los buenos días a la señora que mira tras la ventana apartando el visillo con su mano huesuda y cansada. Me meto en un bar (por eso del café) y veo las fotos de la final femenina de Roland Garros. Ha ganado una china. No puedo evitar recordar esa final del 2000 que vi en la Bodeguita comiendo una ración de pulpo a la gallega. Eran otros tiempos. ¡Otra década!. También curraba algún domingo y tenía diferentes compañeros de reparto en mi vida. Pago y me voy. Antes de entrar al trabajo, paso por la acamapada de los indignados y compruebo que todo esta en calma, subo las escaleras hasta la oficina del Festival de esta ciudad (en la que nunca pasa nada), todo sigue en su (des)orden, me siento y preto el botón del ordenador.
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