Ciclogénesis implosiva

Estoy de resaca. Soy resaca. Cruzo los Monegros al mediodía con el cielo cerrado. Luz oscura. Un mes de agua y todo esta transformado. Siendo igual. Campos verdes. Y esas cunetas que quieren, explotan. Mi cabeza procesa a cámara lenta. Pocas ideas. Cada árbol me parece una master piece. El azar hace que suene el Blinking Lights and Other Revelations. Ardor de estómago. Cuatro gotas sobre el parabrisas. El betún y la altura. Soy la caricatura de lo que quise ser, un casi pero. Un café con leche apoyado en la barra de un bar de siempre, con camareros chinos. Un huerto montado con mucha ilusión en un terreno a expropiar para hacer otra carretera. Detrás de esa curva, hay una de mis vistas favoritas. No miro por el retrovisor, porque sé que puedo encontrarme con una panorámica de Milán. Allí quería ser río. No un canal. Mirada de nuevo al asfalto. Pitón negra que huye por no ser presa. No me he cruzado ni un solo coche en todo el trayecto. O no les he visto. Todo esta un poco out of focus. Yo también. A lo mejor a mi tampoco me han visto. Quien nos iba a decir que de todos los poderes que nos pedíamos tener cuando jugábamos de críos, el de la invisibilidad era el único que íbamos a tener asegurado. Tengo el maletero lleno de tortugas. Y todo va lento.

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Un comentario sobre “Ciclogénesis implosiva

  1. y para cuando una novela? igual te tienes que tirar por ahi y no tanto a opositar, escribes mejor que muchos que van de.

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