Viajar en noviembre

Adolescentes que empujan carritos de bebes. Abrigos de Barbour. Camisas de manga corta. Sandalias sin calcetines. Paraguas. Rosas blancas. Ellos pasean por el mercadillo con gorra, ellas recién salidas de la pelu. Lavar y marcar. Guantes. Chicos en pantalones deportivos cortos. Es noviembre. Es el condado de York. El tren que para en una estación que parece en medio de ninguna parte. Pero de repente todo el mundo baja. Es un centro comercial. Uno gigante. Niebla. Agua. Mercado navideño. Un acento cerrado. Algunas palabras impronunciables. Millones de postales navideñas. Jóvenes vestidos de Tortuga Ninja recaudando donativos. Children in need. Cementerios adosados a iglesias, llenos de musgo, tumbas de piedra enegrecida. Cantar en el coro el sábado. Tocar el arpa en una biblioteca. Vicky que vino a York. No había jamón, solo vikingos y chocolate. Bueno y cristianos que repartían felicidad gratuita. Abrumadora mayoría blanca. Pero que muy blanca. Territorio pelirrojo. Y nosotros haciendo la “uve derecha” en el anden. Pregúntame y falla. También había un pub del que tuvimos que salir casi a la carrera. Ver la BBC por la mañana desde la cama ¿quién debe vivir en Stornoway? No sé pero si fuera otra época del año, me gustaría averiguarlo.

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