Si no vienes, nunca iremos

Comiamos sepia. No erá el vermú. Veníamos de andar entre viñas viejas. Eso también era El saso. Después habíamos cogido el coche para ir a La balsa la cruz. Estábamos algo perdidos. El otoño mancha. Y aún así nos reimos un rato. Comprobamos in situ lo dificil que es que crezcan lo árboles en estos Monegros. Y que guarro es el ser humano. Pero que guarro. Era la segunda vez en dos días que me proponias quedar a tomar un té y volviste a pedir una Coca Cola. La sepia tenía mucho ajo. Tú dijiste algo de un coche nuevo. Yo seguía pensando en que tal vez no fuese mala idea lo del negocio del esparto. Te cedí el último trozo del plato y entonces llegó tu hermano. Fuí hacía la barra mientrás él cogía una silla. Volví con dos cañas y con el regaliz más grande que tenían entre mis manos.

Marta perdida

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