Amen vs Amén

Estaba dándole vueltas estos días a lo de la religión. He tenido el Twitter bombardeado por la pelea virtual entre integristas católicos y defensores del artista navarro Abel Azcona. He de decir que la obra de Azcona me repele y me atrae a partes iguales. Y ya es más de lo que me produce la obra de muchos creadores contemporáneos. Sin entrar a enjuiciar a estas alturas del siglo XXI qué es arte y qué no, lo que más me alucina es que la gente se crea el tema de la transubstanciación, y que las palabras Tomad y comed, esto es mi cuerpo y las de tomad y bebed, esto es mi sangre… sean interpretadas de manera literal, sin simbolismos.

Intento ser muy respetuoso con las creencias individuales de cada uno y aunque mi ateismo es firme, he crecido en un ambiente católico que me ha enseñado muchas cosas importantes. Entre ellas que la Biblia, la eucauristía… esta llenas de símbolos, y que por tanto el símbolo evoca una realidad que trasciende al objeto simbolizado. Vamos que en esas hostias por muy consagradas que estén, ni cuerpo de Christopher ni nada más allá de la harina de trigo con la que están hechas. Y como una “cosica” lleva a la otra, he acabado dando con esta reflexión pronunciada por el nobel de física Steven Weinberg  durante uno de sus discursos:

La religión es un insulto a la dignidad humana. Con religión o sin ella vas a tener a gente buena haciendo cosas buenas y gente mala haciendo cosas malas. Pero para que una persona buena haga cosas malas hace falta la religión

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