Negociemos

Partamos de la base de que hay cosas que no sabemos hacer. Será porque de serie no todos traíamos las mismas aptitudes y porque hay cosas que escasamente hemos trabajado en nuestra fase de desarrollo y aprendizaje. La lista de cosas es larga y podría ser discutible, así que nombremos una sola de las cosas, negociar.

Accediendo al socorrido Diccionario de la Real Academia de la Lengua, en su primera acepción encontramos “Tratar y comerciar, comprando y vendiendo o cambiando géneros, mercancías o valores para aumentar el caudal”. Y en la segunda “Tratar asuntos públicos o privados procurando su mejor logro”. En ambas (y en otras tres restantes) queda clara una concepción muy tradicional de la negociación, basada en un “ganar-perder” un modelo en el que desde una situación de poder asimétrico se intenta conseguir tanto como se pueda. Pero no son pocas las voces contrarias a este enfoque y que piensan que negociar no es imponer, ni cerrarse en posturas imposibles de asumir por nuestra contraparte. Lo que vendría a ser un modelo “ganar-ganar” en el que ambas partes quedan satisfechas al haber obtenido beneficio de la negociación. Se cede en algunos elementos para conservar de forma sustancial nuestros intereses. No sólo se evitan vencedores y vencidos, si no que pueden prevenirse futuros conflictos derivados del desenlace de la negociación.

modernos de

Y todo esto me viene a la cabeza cuando por las mañanas llego al trabajo escuchando la radio. Estamos sin gobierno (¡viva!) y parece que sin perspectiva de tenerlo a corto plazo (¡viva!). También pienso en esto cuando me toca estar dos horas delante de un adolescente caprichoso que se niega a desprenderse de una infancia complaciente y no quiere entender que las reglas del juego han cambiado. También delante de unos padres que no aceptan flexibilizar unas normas de convivencia a todas vistas enfermizas. O cuando intento (por una vez), no ver una película sólo. Así que aunque siempre he sido de los que les gusta la teoría, muchas veces veo difícil llevarla a la práctica, venimos de un aprendizaje iluminado por falsas negociaciones, en nuestra infancia y adolescencia la figura de poder (llámese mama, Sr. Profesor, o líder del grupo de iguales), no negociaban, hacían concesiones disfrazándolos de logros o bien de símbolos de una gran magnificencia y bondad. Aquí me quedo. Me voy al bar.

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