Despertares VIII

Entra en el bar con intención de echar un sol y sombra. Cargadito. Sin saber muy bien porqué (para qué, cómo ni cuándo), se encuentra frente a una enorme taza de té negro ahumado. Junto a ella un reloj de arena que el camarero ha puesto sobre la mesa con una sonrisa y que él ha tomado como una seria advertencia.

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