La Montaña Roja

Llegué como me gusta a mí llegar a los sitios, sin mucha información, sin grandes planes, expectativas justas y sin saber por qué coño estaba allí. Estaba en un buen momento, una semana antes había tenido una pequeña epifanía de esas que me meten en el mundo. De esas que me hacen pensar que sí se puede. Pasaron muchas cosas y el decorado siempre estaba presidido por la Montaña Roja. La incorporamos como santuario a nuestro imaginario geográfico-sentimental. Un año después hecho la vista atrás y pienso que esa escapada fue un poco como el Kintsugi. Yo tampoco sabía antes de que iba esto, pero resulta que es el arte japonés de reparar cerámica con resina y polvo de oro. No con Loctite. Haciéndolo así se logra un objeto más valioso que el original,  porque la riqueza de un objeto reside también en mostrar su historia y las rupturas, son parte de ella. Quiero pensar en esta montaña como una muestra de reparación. Una tan ficticia, como las grietas que ahora tapa.

La montaña roja

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