Esos atardeceres, esos no volverán

La rumorología local dice (así por lo bajini), que cierran nuestro Cafe del mar particular. Que si no pagan el alquiler, que si los empleados llevan no sé cuanto sin cobrar, que, que… el caso es que nos quedamos sin nuestro lugar donde quedar en verano al atardecer, para ver las inclasificables puestas de sol sobre el llano horizonte roto por las paredes de chapa del Eroski. Y la policía ya se puede ir buscando otro garito donde almorzar. Un guilty pleasure del extrarradio oscense, que nos hacía perdonar las malas caras de los camareros y hasta los furibundos ataques de los mosquitos. El otro día nos  fuimos sin saber muy bien que pasaba, sin saber que esa era la última Estrella Galicia que nos servían. No nos dejaron repetir. Puede ser una metáfora de nuestras vidas. No lo sé. Adiós muy buenas.

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