No, este viaje no va a tener crónica

En la selección musical del avión no pude evitar mi expresión de sorpresa al encontrar una canción de Tulsa e incluso tararee el estribillo de Me he perdido cuando sonaba para todos los pasajeros miéntras el avión circulaba por la pista en busca de la puerta para el desembarque. Ni siquiera pensé que fuera premonitorio de nada. Al día siguiente mientras desayunaba en Panamá sonaron The Flaming Lips y fue la confirmación de que mucho ha cambiado el mundo, desde la última vez que crucé el charco.

panama-city

Al día siguiente vino lo de tener que estar esperando una hora el taxi que me devolvía al aeropuerto. Lo de tener que compartirlo con otra chica que recogimos en un hotel inmenos y que al pregutarme de donde era, casi le diese un ataque. Un ataque de no sé que, pero venía con gritos. Resulta que ella había hecho su maestría en Zaragoza. Bautizó a su hija en el Pilar y vuelve casi todos los años. Por supuesto al abrir el maletero me enseñó la cinta con la medida de la virgen que llevaba atada a su maleta. Nos despedimos tras el control de equipajes, con dos sonoros besos, un abrazo de los que se dan con fuerza y la seguridad de que un día de estos nos saludaremos en mitad de la calle Alfonso.

Todo esto y aún a unos 1500 kilometros de mi destino final. Y no, no la espereis porque este viaje… no va a tener crónica.

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