Recojo el nórdico de la tintorería. Está tan blanco que no parece mío. Probablemente no es mío. Porque es de pluma. En la mudanza no teníamos claro de quién era pero Joaquin decidió que me lo quedase yo. Recuerdo haber bajado con uno de Jaca pero es probable que se quedase en una parada intermedia. Una pausa. La etiqueta esta completamente borrada. No identificado no es sinónimo de ilegal. Que manía. De vez en cuando aparecía alguna pluma blanca por la habitación. Se lo dije a la señora de la tintorería. Ella me dijo que treinta euros. Seguramente estarás pensando que por ese precio tú te hubieses comprado uno nuevo. Últimamente pienso que tenemos demasiada obsesión por las cosas nuevas. ¿No te cansas de cabalgar a lomos de la novedad? Yo sí.

Voy por la calle con el nórdico en un fardo bajo el brazo y el periódico en la mano. En la otra. Lo viejo y lo nuevo. Cuándo lo llevé tenía un color amarillo nicotina. No fumo. Ahora refleja todos los colores del espectro lumínico. Hace bueno. Estoy contento. Pienso en comprar ropa de cama blanca. Seguramente olvidaré esta idea antes de la hora de comer. Voy a retomar el Ulises de Joyce. De nuevo lo viejo.

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