Tio Manolo

Y esto luego ¿dónde lo llevan? ¿a La Cartuja?. Tengo que reconocer que aún me sorprenden tus preguntas. No puedo evitar sonreír cuando dices ¡ostia que navaja más hermosa! mirando fijamente otra pared blanca. Yo me voy, que aquí ya no hago nada. Me cago en Dios que mañana. ¿Dónde esta el del barbero?. Te digo que es la hora de comer y que luego iré a buscarle. Anda tú, córtame estas ramas. Como si lo que te sujeta a la cama no fuesen unas correas de sujección mecánica. ¡Guardia! ¡guardia! gritas mientras vuelvo a taparte con la sábana. Durante un rato a casi todo te respondo con un después. Con gesto serio me dices y si no hay después… ¿qué haremos?. No lo sé. Lo pienso un rato. Probablemente nada.

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