Orwell, Huesca, café

A cuatro kilómetros de nuestras trincheras, Huesca brillaba pequeña y clara como una ciudad formada por casas de muñecas. Meses antes, cuando cayó Siétamo, el comandante general de las tropas gubernamentales había comentado alegremente: “Mañana tomaremos café en Huesca”.
Resultó estar equivocado. Se produjeron sangrientos ataques, pero la ciudad no cayó, y “Mañana tomaremos café en Huesca” se convirtió en una broma en todo el ejército. Si alguna vez regreso a España, no dejaré de tomar una taza de café en Huesca.
George Orwell. Homenaje a Cataluña.

Se ha inaugurado en Huesconsin la exposición Orwell toma café en Huesca con la que se recuperan documentos, fotografías, objetos que recogen el paso del escritor por España durante la guerra civil. Incluso se expone una obra que estuvo presente (vete tu a saber por qué), durante unos años en mi dormitorio, Elegía por Andrés Nin de Eugenio Granell. George Orwell nunca llegó a tomar café en Huesca, pero hace unos días su hijo Richard Blair, junto a el hijo de del comandante Kopp, sí que se lo han tomado. No es la primera vez, porque desde hace unos años, es habitual que miembros de The Orwell Society visiten Huesca y las trincheras de la sierra Alcubierre donde el escritor pasó algunos días de la contienda. Estoy al día de todos estos viajes, porque mi amiga Elena suele hacer de traductora voluntaria (y voluntariosa) del grupo. No sé si sus alumnos del instituto sabrán reconocerle estas cosas. Seguramente le aprecian porque es de las que siempre se presta para acompañarles en el viaje de estudios, pero a mi me encanta ver que su altura, su (des)garbo y sus sonrisa ilumina a esos grupos de británicos blanquiñosos que de vez en cuando pisan estas tierra hermosa, dura y salvaje.

cafe-orwell

Una cosa que no llego a entender, es porque no hay ninguna cafetería en Huesca que lleve el nombre de Orwell o en el que se le brinde homenaje de alguna manera. No sé, que hubiese algún guiño cuando alguien dijese mañana tomaremos café en Huesca. Imagino al camarero sonriendo y sacándole un café especial. Con un trozo de ruso. O en unas tazas serigrafiadas para la ocasión. Puede que con una tarjeta con un mensaje secreto debajo de la cucharilla. O si hubiese una concejalia de turismo con ganas de hacer algo más allá de un folleto (otro) para llevar a FITUR y algún cutre vídeo de promoción de esos que no ve nadie… que con el café viniese un vale para acercarse a una librería y poder recoger un libro gratis.

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