Dejé el coche bajo unos árboles, cerca de casa.
Dejé el coche en el único hueco que encontré. Dos días después tenía el coche estampado con unos vistosos lunares de mierda. De pájaro. De pajarraco más bien.
El sábado en el pueblo lavé el coche.
El sábado le di un manguerazo*. La mierda se fue bien. Al cerrar la llave de paso oí a lo lejos el rumor del agua corriendo por la canaleta*. Me acerqué y una rana se zambulló. No había duda, ya estaba aquí la primavera.

*localismos

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