Barcelona ’15

Vuelvo de Barcelona con un llavero de Cobi, comprado en el Estadi Olimpic de Montjuic y una libro de Lobo Antunes, que me ha regalado Princess Johana (graaaaaaacias). También con algunos filtros nuevos en la cámara del móvil. Móvil por cierto que está en las últimas. Así es la vida, lo nuevo, lo viejo, lo que se queda y lo que se va con la lluvia. Y así son las grandes ciudades. He hecho vida de barrio obrero periférico, que me apasiona por exótico. Yo tan del pueblo. He visitado sitios nuevos, que me apasiona también. Visto a viejos amigos, conocido a algunos nuevos. Solo me quedo en el tintero alguna visita familiar para la que no hallé hueco. A la próxima caerá. Porque Barcelona, aunque da algo de pereza (cansino independentismo), sigue siendo un nido de actividad, de ideas y de recuerdos. Recuerdos que mientras la pequeña Sue, siga viviendo allí, irán creciendo.

BCN15

Titol esgotat

He recibido una mala noticia. Pero no una muy mala. Por un momento he chapoteado despreocupadamente en el fango. Hasta que he recordado el paseo de ayer. #Vagueo # resaca #hablamos #pensamos #imaginamos #lento #domingo #noubarris #silencio #sinrumbo #paseo #bar #bar #ayh!. Arrastramos nuestras chanclas deslizándonos con parsimonia por la insípida normalidad de un domingo tarde. Como un fogonazo ha venido a mi memoria el acertijo que nos propuso ese viejo desdentado. Ni tu ni yo dimos con la respuesta. Pronto olvidaremos incluso la pregunta. Te enseño ahora las fotos que hice el sábado por la noche y nos reímos al constatar que no se ve casi nada. Me cuentas de tus amigas, te cuento de mis amigos. Sonríes mientras pasamos y repasamos los agujeros de nuestra memoria. Leo en voz alta una línea del libro El PerseguidoYo querría ser otro, pero no puedo. Por eso uno viaja: no cambia el ser, cambia el paisaje. Hacemos un plan sencillo para mañana. Me llamarás cuando termines.

Lo más importante de CREZCO & MALETAS PERDIDAS

Estos dos los he agrupado porque tienen la portada verde. Buena razón ¿no?. A ver buscando algunas más os podría decir que ambos me los regalaron y que también sé que los compraron en la misma tienda. Fin de las coincidencias.


CREZCO. Ben Brooks.
Este lo devoré a los dos días de regalarmelo. Y porque yo mismo me fuí poniendo freno, si no creo que me dura un par de horas. La verdad es que le tenía muchas ganas y parece que el verde es mi color fetiche con Blackie Books, al menos por el momento. Tenía miedo de que fuese un bluff Al fin y al cabo el autor viene ya señalado como “la estrella literaria de una nueva generación” y eso siempre da miedito. Veinte añitos tiene el chaval y ya va por su quinta novela (aunque es la primera que se publica en nuestro país).

El punto de partida de la novela no parece demasiado original: la enésima revisión de la historia de tintes autobiográficos que recoge esos años confusos en los que mudamos la piel de la infancia por otra nueva. Una piel que ni sabemos muy bien para qué sirve, ni parece ajustarse demasiado a nuestra original forma de ver la vida. Yo ya no sé la de veces que me he leido esta novela. Sí, otro Guardián entre el centeno, pero que se mueve con soltura entre las coordenadas de nuestro tiempo. Sí, otro Menos que Cero, pero con un personaje más accesible para los que no nos hemos criado bajo el sol de la costa oeste. Sí, otro Contacto. Sí otro Azul casi transparente… pero este con un prota más lucido, con más sentido del humor y al que le gusta beber té en tazas de Harry Potter, después de sus juergas. Una fotografía de una juventud, amoral, inquieta, hedonista pero a la vez tierna y desprejuiciada. De lo mejorcito que ha caido por mis manos últimamente. Tanto que no os pongo aquín ningún extracto.

MALETAS PERDIDAS. Jordi Puntí
Este lo he ido leyendo a ratos sueltos y la verdad es que me he pegado casi un añito. Eso puede que haya jugado en su contra ya que no he llegado a quedar atrapado en la compleja red de revelación paulatina de secretos, que se propone. Además algunas de las voces que el autor otorga a los personajes, me chirría. Una pena. En las librerías debería de acumularse en la estantería que recoja el género “me enveneno de Barcelona” junto a obras de Ruiz Zafón y sobre todo de Eduardo Mendoza. Una novela entretenida, amable que se lee sin más.

La sorpresa viene cuando casi al final me doy de morros con un párrafo, que desde luego pienso adjuntar cada vez que me pidan un tonto C.V.

La biografía que dejamos a nuestro paso es como el rastro de una serpiente en la arena: he aquí un artificio que a menudo nos conforta. (…) Pero la vida es otra cosa. El sentido de la vida es la vida misma, aquello que construimos cada día sin ser conscientes de ello. Por eso, cuando las vivimos, la mayoría de las situaciones no tiene ningún significado especial. El espejismo del sentido viene después. Nos sentamos en un café, hablamos con un amigo y justificamos el pasado mirando atrás. Lo ordenamos. De la necesidad de entender nuestros días hacemos virtud.
Este proceso tampoco se aleja mucho del hecho de resumir unas vacaciones de verano en una postal idílica, con cuatro tópicos garabateados a última hora (para que nuestros parientes o amigos las reciban cuando ya estamos de nuevo en casa, sanos y salvos). Reducimos la vida a unas cuantas palabras, la simplificamos, pero su autentico sentido es complejidad, contradicción, incertidumbre.

Frenesí

Barcelona express. Vamos a vernos. Citas, comida, paseos, libros, metro, teatro. Colarse en el Hotel. Volver a la carrera. Hacer otra maleta. Pizarras en los coches. Cajas con materiales. Monrepós. Nueva rotonda imposible de Jaca. Visita a Canfranc. Aparcar en Villanúa. ¡Comenzamos la semana!