Sorpresas te da la vida

Voy sentado en este tren semi desierto y pienso en como a veces la vida nos lleva a lugares insospechados. Si a mi me hubieran dicho que me levantaría todos los días a las 6 AM y me trasladaría a una hora de donde estuviera viviendo para llegar a un trabajo que no me gusta… me hubiera dado un ataque de risa. Pero para risas las que nos vamos a echar mañana ¡estamos de boda!. La fantástica mesa de los solteros pierde a una de sus miembros más ilustres, pero no sé porque me da a mi, que más que perder una, ganamos uno. En fin que espero que no sólo lo pasemos bien mañana, si no que los novios sean muy felices juntos y que nosotros podamos seguir disfrutándolos. Y entre otras cosas disfrutaremos de ese brindis ya mítico ¡por que nos casemos todos el año que viene!.

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Fuimos boda

Llegamos con el tiempo justo, con los novios ya en la puerta. ¡Guapooooooooos!. Habíamos quedado pronto pero los retrasos de la peluquería, la falta de aceite y un aparcamiento en el extra-radio de Zaragoza hizo que la prisa nos acompañará. Nada más llegar a Calatayud habíamos encontrado el hotel y visto al novio, buen presagio. La carretera al pueblo nos parecía tan exótica como el nombre del pueblo y al final nos quedamos con las ganas de callejear un poco y acercarnos al embalse. La ceremonia fue de traca. Durante mucho tiempo pensamos que era una cámara oculta. Pero no. Insuperable el deletreo que el cura hizo de la palabra a-m-o-r. Fotos, cañas, bus y al restaurante. Que gusto ver a unos novios, tan relajados y sonrientes. La cena no tuvo desperdicio y la mesa catorce lo dio todo. Y nos lo bebimos todo. Más majicos. De verdad un gustazo. Aunque no fuimos muy afortunados en el reparto de obsequios. Otra vez que nos quedamos sin ramo. Pero la pequeña Sue, arrambló con la liga. ¿Y el hermano del novio?. ¡Guapo!. Por cierto el tinto fue Baltasar Gracian, me gusta. La sesión de baile la abrieron las “bailarinas sorpresa” que interrumpieron el vals, clavando una resultona coreografía para el la, la, la de Shakira. Por cierto hoy he descubierto que cuando dice la misteriosa palabra “lego”, no se refieren a la marca de juguetes, si no a una abreviatura de “Let’s go!”. Yo aún aprendo. La barra libre, un fuego imprevisto en el jardín y el rincón de chucherías. Por cierto sin planearlo me fui poniendo casi todos los complementos de la mesa instalada junto al photocall. Ahora lo pienso y creo que mi subconsciente hizo este pequeño homenaje a Chambón, que de esta manera no estuvo ausente. Se acaba la boda, buscamos un antro que nos cobije. Los novios con nosotros. Pero al poco rato apagan la música y dan las luces. Entramos en shock. ¿Dónde nos hemos metido?. Aquí por lo menos se debe de fabricar la droga caníbal. Fuera es de día. Al hotel. Algún que otro lío de camas. Nada fuera de lo normal. Dormir poco y ojo que aún queda la traca. En la puerta del Hotel desde media mañana una charanga y un desfile de vehículos a motor (trailers incluidos), haciendo sonar sus bocinas para recibir la bendición por San Cristobal. ¿A alguien se le ocurre tortura mayor para una resaca?. Así que a devorar kilómetros por la autopista con un coche adornado con flores de plástico y pocas conversaciones coordinadas. Estoy mayor. Que ganas de llegar a casa. Cuanto ajetreo. Que felicidad. ¡Vivan los novios! ¡pero que se vayan a Bali ya!.

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Buscando pantalón

No pensaba yo que en este principio del siglo XXI fuese tan difícil encontrar un pantaloncico a cuadros para ir a una boda. Pero vamos o estoy más torpe de lo normal, o me los están escondiendo deliberadamente. Una cosa está clara, cuando alguien decide que algo no es tendencia ese año… desaparece de las estanterías. No pierdo la esperanza, aún estoy a tiempo de encontrarlo y plantármelo para la boda. Llevo un mes bastante animado con esto de los disfraces (en plan casual), así que no voy a dejar que este nimio contratiempo me lo fastidie. Ahora que lo pienso estas últimas semanas es todo un poco extraño, ni mi alergia esta centrada. No sé, parece como si algún pequeño temblor hubiese desplazado  los cimientos y me da a mí, que va a haber cambios. On verra…

(Sin título aparente)

Ayer era nueve del nueve del nueve y un “iluminado” intento secuestrar un avión en México con tres latas de zumo rellenas de tierra y una lucecita de colores atada. El mundo necesita héroes. Los políticos necesitan crisis para pone en marcha sus descabelladas ideas. Él no es político pero ha estado en muchos sitios la última semana. Ha vuelto y todo había cambiado. Nada.

El aparcamiento de la UNED era una fiesta. O una peña, pensaba él, mientras deambula por la ciudad sorteando carrozas a todas caras. Llevaba la cabeza repleta de varianzas, deciles, medianas y moda. El silencio del examen se rompió por el estallido de la fiesta, la juventud borracha de mañana paseaba despreocupada en carros de la compra con sus inevitables uniformes de pañoleta. Él muerde el boli pensativo, se niega a tocar la calculadora, recuerda que hace unos días una “picaraza” se estrello contra el cristal de su coche, sigue sin tener un decodificador de señales. Por si acaso hoy lleva dos piedras en el bolsillo. Se levanta y entrega. Después solo le queda la playa. Carreteras secundarias, nucleares, gasolineras de Bon Área, GPS que despista y el mar. Baño en playa. Él intenta llegar con sus últimas fuerzas a la casa de los novios. Le pica la sal en el cuerpo. Aparca respira hondo, entra. Buena música, muchos comics, toque hindú familiar, orden, complementos y un piano que después de algún que otro ruego, suena. Escucha con fastidio el sonido de las obras nocturnas de asfaltado desde el sofá, todos se han ido a intentar dormir, han dejado en el ambiente un suave perfume de nervios contenidos y un toque de esperanza. De repente la luz. Intenta mojar el donuts de chocolate en el café sin armar demasiado estrépito, pero un fracaso tras otro le llevan a la ducha. Afuera la calle espera. Otro examen. Tortosa. La fiesta que le persigue, las manifestaciones del medio rural y toda esa gente con sus trajes regionales, amenazando por el retrovisor mientras él se aleja por la autopista. Y todo el camino, aquella extraña canción, bara, bam, bam, bam. En la boda se siente novia, puede ver con sus ojos, estar dentro de su cabeza. No se asusta porque ya fue novia en la fila de embarque de un aeropuerto cualquiera. Después un desfile interminable de comida, baile, ramo, playa, sueño, centollos y gambas. Y él que se pierde, que quiere ser otoño, gris plomizo, fina lluvia. Pasa por delante de un cartel que le esboza una sonrisa, los planetas volverán en octubre y cuando toquen su canción, en su interior por unos instantes algo se iluminará, aunque solo sea una mísera lata de zumo, rellena de tierra.