Es jueves

Ojeo con la psicóloga un Hola que estaba arrinconado en el mostrador de la cafetería. Estamos en la prisión de Zuera. Hablamos del modelito que lleva Carolina de Mónaco en no sé que gala benéfica. Vamos, lo normal. Pedimos unos cafés y fijamos la mirada en el matrimonio mayor que está esperando que se abra la puerta para entrar a las comunicaciones. Tienen más de setenta años y miran las baldosas que tienen en frente con el mismo interés que miró Champollion por primera vez la piedra Rosetta. Hay un chico con unas Nike rojas y negras sentado en una silla junto a la puerta de los baños. Una chica de las de coleta alta, pasa por delante nuestro con una bolsa de rafia, llena de ropa y se acerca al mostrador de admisión para que la revisen. Gira la cabeza repentinamente y al encontrarse nuestra mirada nos sonríe levemente. Aparto la mirada y digo en voz baja, lo normal. El camarero aparece de la cocina con un plato con tres churros y lo deja frente a nuestras tazas de café ya vacías. Dos señores sentados en las banquetas a nuestra izquierda completan el cuadro resignado de este momento irrepetible. Hablo sobre mi resfriado, sobre mi móvil que ha empezado a hacer tonterías y repaso todas las cosas que me quedan hoy por hacer. Mañana serán más. Juntamos el dinero que llevamos en los bolsillos y pedimos la cuenta. Afortunadamente nos llega para pagar.

En el bar

Uno sólo y para mi otro chupito. ¿Todo bien? echando una caña antes de un concierto me presentaron a una chica que te conocía. Había trabajado contigo dijo. No recuerdo el nombre ¿puede ser Cristina?. No me gusta a mi esto de los carnavales, ni jugar a las cartas, ni coger caracoles. Una vez fui a un casino. A eso de la ruleta. No me dijo nada y me jodieron cien euros en un cuarto de hora. Es más difícil conocer a alguien que haya ganado la primitiva, que a alguien que le haya caído el rayo. Y no me jodas, que no es lo mismo rayos y centellas, que rallas y centollos. Hala, aquí te quedas, tiro un ratico a la sierra.

Orwell, Huesca, café

A cuatro kilómetros de nuestras trincheras, Huesca brillaba pequeña y clara como una ciudad formada por casas de muñecas. Meses antes, cuando cayó Siétamo, el comandante general de las tropas gubernamentales había comentado alegremente: “Mañana tomaremos café en Huesca”.
Resultó estar equivocado. Se produjeron sangrientos ataques, pero la ciudad no cayó, y “Mañana tomaremos café en Huesca” se convirtió en una broma en todo el ejército. Si alguna vez regreso a España, no dejaré de tomar una taza de café en Huesca.
George Orwell. Homenaje a Cataluña.

Se ha inaugurado en Huesconsin la exposición Orwell toma café en Huesca con la que se recuperan documentos, fotografías, objetos que recogen el paso del escritor por España durante la guerra civil. Incluso se expone una obra que estuvo presente (vete tu a saber por qué), durante unos años en mi dormitorio, Elegía por Andrés Nin de Eugenio Granell. George Orwell nunca llegó a tomar café en Huesca, pero hace unos días su hijo Richard Blair, junto a el hijo de del comandante Kopp, sí que se lo han tomado. No es la primera vez, porque desde hace unos años, es habitual que miembros de The Orwell Society visiten Huesca y las trincheras de la sierra Alcubierre donde el escritor pasó algunos días de la contienda. Estoy al día de todos estos viajes, porque mi amiga Elena suele hacer de traductora voluntaria (y voluntariosa) del grupo. No sé si sus alumnos del instituto sabrán reconocerle estas cosas. Seguramente le aprecian porque es de las que siempre se presta para acompañarles en el viaje de estudios, pero a mi me encanta ver que su altura, su (des)garbo y sus sonrisa ilumina a esos grupos de británicos blanquiñosos que de vez en cuando pisan estas tierra hermosa, dura y salvaje.

cafe-orwell

Una cosa que no llego a entender, es porque no hay ninguna cafetería en Huesca que lleve el nombre de Orwell o en el que se le brinde homenaje de alguna manera. No sé, que hubiese algún guiño cuando alguien dijese mañana tomaremos café en Huesca. Imagino al camarero sonriendo y sacándole un café especial. Con un trozo de ruso. O en unas tazas serigrafiadas para la ocasión. Puede que con una tarjeta con un mensaje secreto debajo de la cucharilla. O si hubiese una concejalia de turismo con ganas de hacer algo más allá de un folleto (otro) para llevar a FITUR y algún cutre vídeo de promoción de esos que no ve nadie… que con el café viniese un vale para acercarse a una librería y poder recoger un libro gratis.

My life in Huesca

Hay días en los que tomo café en un triste bar, que no es lo mismo que un bar triste, solo porque la camarera me dice “cari”. Bueno por eso y porque me cae realmente cerca del trabajo. Hoy hemos subido un escalón más en la carrera de los afectos y me ha dicho, “ahí tienes guapura”. Continuará.

I love you chorrete!

Ella viene de vez en cuando. Cruza el océano y con una agenda imposible nos salpica de historias inverosímiles, nos introduce nuevas expresiones para nuestra comunicación cifrada, nos contagia su derroche de energía, toca de refilón penas ya mitigadas e inevitablemente nos pone a hacer planes futuros.

Gracias maja. A tu lado, me siento menos insignificante. Así que aunque un poco de forma egoista, por lo que me haces sentir cuando estoy contigo, bueno y por esas delicias con las que iluminas mi despensa… ¡gracias!.