Skaters, last minute!

Es jueves, es de noche. Conduzco el coche de Joaquín, abro la puerta del garaje y bajo la rampa. Me encuentro a un señor, mediana edad, con patines en línea, casco y rodilleras. Llego a la plaza de garaje y mientras salgo del coche, veo pasar al señor recorriendo el pasillo central del parquing. Después aparece por uno de los laterales y enfila hacia el último pasillo, donde la oscuridad lo engulle desapareciendo de mi vista. Cierro el coche y me dirijo al ascensor. Es en el momento en el que se abren las puertas cuando caigo en la cuenta de lo extraño que es todo. Que haya un señor patinando en el garaje y que no me haya extrañado su presencia hasta ese mismo momento. Pulso en número dos. Abro la puerta, ya estoy en casa.

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Ceci dit

Sigo sin casa. Bueno, quiero decir que sigo viviendo gracias a la hospitalidad de David et Caroline, que me han hecho un hueco en el altillo de sus apartamento para que no tenga que estar debajo del puente con este tiempo tan revuelto que hace. Es dificil encontrar casa para tan poco tiempo y de momento todo ha resultado infructuoso. Yo me voy fijando por las calles, pero a diferencia de en nuestro país, aquí no abundan los carteletes de se alquila y se vende. No obstante hoy he decidido donde quiero vivir. Algo normalito, ni de tres grand class, ni de la ultra periferia. Sí, es aquí:

Viva el patchwork

Por petición popular os pongo una foto del wonderful cojín de patchwork que me ha hecho mi tía Pilar, con tanto estrés estudiantil esta semana (que si no salen las notas, acuérdate de la tutoría, hay que entregar el trabajo, ponle título, quítale tabla, estudia el examen del jueves, no estudies…), pues oye que no me había dado tiempo a colgarlo.
Como ya lleva unos días en casa, está empezando a interactuar (que no Interarts) con el resto de moradores. Sigo recopilando objetos singulares para mi casa museo, ¿dónde estas fundación?. ¡Ah! y para el que no lo sepa… este cojín es realmente espectacular porque además de estar hecho con mucho amore, es un cojín y es ¡una manta! que ganas de ponerme debajo y terminar la cuarta temporada de los Tudores.

Mi gran fin de semana griego

Como si no lo estuvieran pasando suficientemente mal los griegos con la crisis, ahora va y eliminamos de nuestro alfabeto la i griega ¿qué tontería es eso de ye? No hacepto más yé-yé que Conchita Velasco (que también ha tenido un fin de semana regulero). Y es que si quitamos la i griega y dentro de un tiempo se muere la reina, no nos va a quedar ningún puente con Grecia más allá del yogurt y esa gran canción de Camilo Sesto que es Melina. Así que en casa hemos sacado unas caracolas de puerro y queso congeladas que compré en el Lidl, una botella de retsina y hemos proclamado la festividad de mi gran fin de semana griego. Ala, a disfrutar.

Un trozo de azul


Mi casa no es mi casa. Ninguna de mis casas es mía, pero de momento no me importa. En una de mis no-casas hay un gran ventanal por el que se ve el cielo. Me gusta tumbarme en el sofá y pasar el rato mirando. A veces hay nubes. Otras es solo un cuadrado azul. Me gusta fantasear con la idea de que este trozo del cielo es mío. Estúpidas ideas de propiedad que he ido desarrollando con el tiempo. Yo antes no era así. Bueno o sí.

Huerto. Casa. Ciego.

P, J y P convierten un trozo de tierra en un huerto. Mientras yo cuido al niño. La niña ya estaba por ahí con sus amigos. Proto pandillera. El niño mira el motocultor embobado, supongo que por el ruido. Pero no lo sé. El caso es que así es muy fácil cuidarle. Es un niño encantador. Con genio. Le gusta estar en brazos. A los que no tenemos niños nos encanta tenerlos encima. Así que todos contentos. El huerto hace unos momentos era un solar con cuatro hierbas. Se va transformando a base de pases con el motocultor. Algunos sacos de fiemo. Y de ir quitándole las piedras. El paisaje que enmarca la escena es irreal. Entraría en la categoría de bucólico pastoril, me enveneno en amplia gama de verdes. Y yo, claro, me evado. Pienso en el niño, en como decodificara la información que capta con su mirada. Pienso en las piedras, en la vida, en los muros de las casas, en la importancia de sentirse piedra de algún muro. Y ya soy incapaz de parar. Me interrogo acerca de si yo sabría crear tantos rincones en una casa, una casa que es un laberinto, un corral, otro, una higuera, un avellano, un níspero, una barbacoa. Una casa con muchas aristas. Una casa con muchas puertas. Puertas que guardan cosas. Puertas que abren nuevas estancias. Una puerta no tiene porque ser una salida. El niño me tira de la manga y vuelvo al área terrenal. Atiendo su petición. A lo que me doy cuenta estoy pensando que mientras yo pierdo el tiempo en pensar, los chinos juegan a las tragaperras, los de mi pueblo ya utilizan Internet para follar y la gente prepara la tierra para en un tiempo no muy lejano, recoger la cosecha. Yo mientras conjunto vacío. Una “u” con diéresis en la palabra ceguera. Baldío. Nada