Stromboli

Se había convertido en nuestro destino maldito y ya pensábamos que nunca pisaríamos ese crater. Casi nos habíamos resignado a no poder seguir las huellas de las alpargatas de Ingrid Bergman camino de esa cima tan misteriosa. A veces no se puede tener todo. Parecía que habíamos aceptado nuestro destino, pero no, había final feliz. Acordamos unas fechas, luego otras, cruzamos los dedos, cerramos los ojos, cogimos un bus, un avión, un tren, un barco y nos plantamos en la isla, dispuestos a encontrar la puerta al centro de la tierra. Nos os voy a contar nada más. Teneis que ir. Nosotros no hicimos grandes fotos, ni grabamos vídeos espectáculares, pero oimos rugir a la tierra, vimos un atardecer películero con un bocata de mortadela en la mano y después llego una noche llena de cohetes naranjas. Para rematar descendimos felices, cansados y con mascarilla. ¿Y ahora qué? nos preguntábamos al día siguiente cuando el barco nos alejaba de la isla. Estamos sin objetivos. A veces el vacío es peligroso. Pero esta vez no, ¡que se jodan las de mi pueblo!. No estábamos tristes. Nos pusimos a jugar a eso de adivinar palabras y se notaba en el ambiente que estábamos felices. Tanto como si hubiesemos estado en la inauguración de la cafetería de la estación de tren de Milazzo. ¡Risotto!. Vamos a repensarnos.

20180406_191951

Anuncios

Ved Toni Erdmann

Y olvidad el mundo por un rato. Aunque después igual hay unas cuantas cosas que os costará quitaos de la cabeza. Pero de esto va el juego ¿no?

Moonlight

La he visto. Raro en mí, que siempre las veo tarde, o muy tarde. No voy a decir mucho más. Sólo que me sorprendió que en la B.S.O. apareciese el “Cucurrucucu paloma” interpretado por Caetano Veloso. Una canción que ya había incluido Pedro Almodovar en Hable con ella (cameo del cantante incluido, bueno y de alguien más…) y Wong Kar Wai en Happy Together (madre mía que llorera). Estas dos últimas si que me gustaron entre mucho y un montón.

Festivos de diciembre

He vuelto a ver El Tío Boonmee recuerda sus vidas pasadas. Hace tiempo que tenía ganas de hacerlo, sobre todo para ver si es tan mala como recuerda Elena o para ver si la sigo dejando en el cajón de la cosas interesantes sin ser la polla. Algo que me quedo de Huesca (y me quedaron bastantes cosas), fue una clara predilección por la Palma de Oro de Cannes. Y a Apichatpong Weerasethakul (me declaro incapaz de memorizar el nombre), se la dieron en 2010 con esta peli. La historia es incluso más sencilla de lo que recordaba, un hombre que se está muriendo. Y al final se muere. A partir de allí nos encontramos con un relato que ni en tiempos, ni en forma narrativa se asemeja a lo que estamos acostumbrados en el cine occidental. No diré que me encanta, pero sí que hay que pasear de vez en cuando por caminos nuevos y dejar que lo inesperado salga a nuestro encuentro. Ojo, que tampoco me posicionaré en los que ven en ella una piedra angular del nuevo cine contemporáneo, porque ni tengo criterio ni ganas de posicionarme. La he disfrutado y hasta me he reido. Y ahora me voy a pensar, cual es la próxima película que voy a volver a ver.

Julieta. A criticar

Iba predispuesto a que me gustará. En general me gustan todas las de Almodóvar, vale tengo mis favoritas pero hasta en las que no me apasionan me regocijo con sus imperfecciones y siempre encuentro un diálogo chispeante al que agarrarme o un giro perverso que me deslumbre. Almodóvar más allá de sus personajes imposibles y los estampados de su vestuario, ha sabido entender la condición humana en este país como nadie. Julieta pintaba bien, tenían buenas referencias de los relatos en los que está libremente basada y el silencio (título primigenio de la peli) es algo que en el cine normalmente me apasiona. Por si faltase algo tenía un trocito rodado en Huesca y se montó un pequeño alboroto de provincias, el día que Pedro mientras buscaba localizaciones comió en un restaurante al lado de mi casa.

Era sábado noche, éramos cuatro y el cine tenía una más que aceptable entrada. El resto solo tiene un nombre, decepción. Un sufrimiento vacío, un guión que no es capaz de pasar ni el lirismo de los relatos, ni la angustia que la escritura produce a imágenes. Una Adriana Ugarte más perdida que yo a principios de mayo en la tienda de Victoria Secret de Londres. Unas historias paralelas en vía muerta, con trenes nocturnos parados y ciervos oníricos en busca de hembra. Un bluf en toda regla. Unas vidas vacías y carentes de interés como hace años no se veían en la pantalla. Una nadería adornada con las correspondientes esculturas, pinturas, libros que deberías leer y Enma Suarez bebiendose ese Viñas del Vero, sola en casa. ¡Vete al bar redios! ¡vive! ¡a la mierda todo! ¡tu hija la primera!. Y nosotros a la mierda no nos fuimos, pero al un bar que resulto ser un karaoke sí. Solo iba a ser una caña pero Lafourcade nos llevó a Chavela y cantamos y bebimos para celebrar las imperfecciones de nuestras vidas. Pedro a ver si a la próxima…

Huesca es cine (¡ja!)

Huesca vive inmersa en su Festival Internacional de Cine. Toda la ciudad respira cine. La gente camina a cámara lenta y muestra sonrisas largo rato ensayadas frente al espejo. Las estrellas invaden las cafeterías del centro, donde las botellas de Moet Chandon se descorchan de dos en dos sumiendo la ciudad en un tiroteo de glamour que te cagas. Bueno y después de decir chorradas os cuento que el otro día fui al cine, vi Güeros una película de la que no sabía nada pero que me tuvo pegado a la butaca sin abrir la boca y los que me han sufrido en el cine, saben que no eso no es tarea fácil.

Un retrato de la ciudad de México rodada en blanco y negro a través de unos ojos jóvenes, con una estructura como esas “canciones río” que se deslizan ladera abajo en busca de un mar tal vez demasiado lejano. Una búsqueda, la de Epigmenio Cruz que a mí me recordo mucho a esa otra búsqueda ideada por Bolaño en sus Detectives Salvajes, la de Cesárea Tijanero. Aquí son Sombra, Santos, Tomas y un tigre al acecho, quienes deambulan por la ciudad a modo de road movie urbana con la huelga de los estudiantes de la UAM como telón de fondo.

wellcome

La peli venía precedida de un montón de premios entre ellos el de Horizontes Latinos y el de la Juventud en el Festival de cine de San Sebastian y el de mejor ópera prima en el Festival de Berlin. Ahora tiene también uno mío. Elegid vosotros la categoría. ¡Ah y no me puedo olvidar de la banda sonora! Un manojo de temas de Agustin Lara que en la voz de Natalia Lafourcade suenan a un México contemporáneo con los pies hundidos en el fango de la tradición y algún que otro charco de tequila.

La grande bellezza

Salí del cine sin tocar el suelo. Yo no es que no entendiera todo como mi gran amiga Elena (let’s be friends…), es que como le he dicho muchas veces, me importa un huevo de pato el no entender. No siento la necesidad de tener todo bajo control y si algo me gusta en el cine, es que me dejen con la boca abierta. Y no, no hacen falta grandes efectos especiales para esto, solo un torrente de imágenes como el que tiene La Gran Belleza, una música apropiada y un guión que deje al menos tantas cosas en el aire como las que cuenta.

la gran belleza4

¿Cómo volver a escuchar Raffaella sin acordarse del cumpleaños de Jep Bambardella? ¿y como apartar de tu mente a Ramona vestida con su mono de fiesta cuando pienses en la elegancia?. Excesiva, Felliniana, provocadora, ingeniosa, imprescindible.