John Smith. Bombo y Platillo

He tenido un fin de semana anormalmente normal, algo que no le pegaba mucho a estos últimos días en los que he lucido vistosos estampados de angustia profesional, personal y futura. He hecho un poco de todo, comprar el periódico el sábado y desayunar debajo de casa. Hacer de enfermero casual. Asistir a una carrera popular para apoyar a un amigo que está entrenando para traspasar metas mejores. Y en estó que llego al domingo por la tarde frente a una copa de cerveza acariciando el boli y la libreta que llevo en el bolsillo mientrás esperamos que abran puertas para la sesión de Bombo y Platillo. El primer grupo no nos dice nada, así que nos dedicamos a arreglar el mundo (y los alojamientos para Pirineos Sur), cuando ya estoy empezando a pensar que más me valdría estar leyendo en mi casa, se sube este gigante inglés al escenario y de repente todo se ilumina.

John Smith Zgz

Lo bien que canta el tio. Bueno y lo bien que toca la guitarra. Y lo alto que es. Un haz de luz y la sala se llena. La gente escucha en silencio cada punteo, los giros de voz, rie, reímos los comentarios, esperamos nuevos matices cada vez que suenan los primeros acordes de una canción. Así hasta los bises, cuando se sienta para sorprender con un tema final, donde ya no sabes si está tocando el arpa, la guitarra o un sitar. Que grande Mr. John. Gracias. Después metió la guitarra en una funda amarilla que había estado a sus pies todo el concierto y se bajó del escenario. Los aplausos seguían llenando la sala, hasta que el público fue despertando del momento mágico en el que andábamos buceando, andar buceando… Nos volvimos a cruzar con él en la cafetería donde uno de nosotros dijo un entrecortado “congrats” y ofrecimos tres de nuestras mejores sonrisas. Seguramente nos hubiese gustado más cantarle eso de Tell me your dream pero no andamos muy finos en temas de entonación.

Me acerqué hasta la parada de autobús. Era tarde, el bus vino pronto, me senté frente a un chica de esas con caderas inmensas que miraba distraida por la ventanilla. Saqué la libreta y le quite el tapón al bolígrafo. Garabateé John Smith con letras grandes en una página en blanco. Alce la vista y me di cuenta que todo tenía un aire de normalidad apuballante. Al poco rato llegué a casa.

En el bar

Uno sólo y para mi otro chupito. ¿Todo bien? echando una caña antes de un concierto me presentaron a una chica que te conocía. Había trabajado contigo dijo. No recuerdo el nombre ¿puede ser Cristina?. No me gusta a mi esto de los carnavales, ni jugar a las cartas, ni coger caracoles. Una vez fui a un casino. A eso de la ruleta. No me dijo nada y me jodieron cien euros en un cuarto de hora. Es más difícil conocer a alguien que haya ganado la primitiva, que a alguien que le haya caído el rayo. Y no me jodas, que no es lo mismo rayos y centellas, que rallas y centollos. Hala, aquí te quedas, tiro un ratico a la sierra.

De Carnon-plage a Le Peuple sobre l’Herbe

Todo el fin de semana bebiendo Ricard y pasando por el jacuzzi. Reencuentros salpicados de tres besos, playa, concierto, canoa. Impagable el ratico entre burbujas escuchando clásicos de la canción francesa bajo las estrellas, ¡D-E-L-U-X-E!. A todxs gracias. Nos ha quedado explorar los intercambios de Cap d’agde y el museo de la Facultad de Medicina, pero siempre esta bien dejarse algo para la próxima visita.

Me voy a sentar aquí. En esta cornisa. Vaya hoy que comienza la primavera cambia el tiempo. Creo que se va a fastidiar el pique-nique internacional que habíamos previsto mañana en los verdes prados de Tiñosis Park. La semana que viene la tenemos muy ajetreada y debería de estar en varios sitios a la vez, pero claro todavía no sé como. Que oxidado tengo el inglés. Bueno por lo menos el picor ha salido de mi cuerpo, para dejar hueco a la alergia. Se me pasan las semanas volando. El sábado pasado estaba plantando patatas. Si has leído bien. Y es que en esta vida, hay que hacer un poco de todo. También busqué con Pedro una llave durante horas. Finalmente logramos liberar una bicicleta cautiva. Hacer de todo, recuerda. A lo que me quiero dar cuenta ya estamos a viernes de nuevo. Anabel dice que no arriesgo y esto me recuerda que el finde que estuve en Barcelona paseando dignamente una peluca rosa, vi en directo a dos grupos uno de los cuales se llamaba Cobarde. Por ver, también he visto varias exposiciones y no de todas he hecho crónica. Eso sí, al que pille en Huesca que vaya desfilando por la nave 1 del CC Matadero. Y estoy leyendo Libertad. Y pongo muchos corazones en fotos y dibujos que la gente cuelga en Tumblr. Son semanas de poco escribir y mucho hacer. Hablo con Isa y una vez más sólo puedo envidiar su manera de ver las cosas. Pocas personas me he cruzado en la vida que tengan una mirada tan limpia. El fin de semana me lo pintan Manga, con concierto de sábado noche incluido. También tendría que poner aquí alguna referencia al baloncesto. Pero no, que estoy cogiendo frío. Creo que me ha quedado todo un poco liado. Bueno pues me lo fumo. Vapeo, vapeo.

Sinead O’Connor cantó en Zaragoza

No es nuevo en este blog hablar de Sinead O’Connor y aunque alguno pudiera pensar que ahora me voy a poner a hacerlo de su polémica con la ex-Hannah Montana, va muy equivocado. Y es que aunque en un principió me costó creerlo, el concierto de la irlandesa ha formado parte de las fiestas del Pilar 2013.   Así que allí me planté, de la mano de Join Magazine para disfrutar de la velada.  Como ya lo he contado allí lo que me pareció el concierto, no me voy a repetir.

Bueno por añadir algo diré que puede que fuésemos pocos, pero eso… ¿a quién le importa?. Desde el momento que Sinead salió al escenario vestida de calle, sonriente y abrió el concierto con Queen of Denmark los que estábamos sabíamos que lo que iba a pasar, permanecería durante mucho tiempo en nuestra memoria. Gracias al señor Belloch, a Jerónimo o a quien quiera que fuese el responsable de esta anomalía. It was a very pleasant visit, thank you for coming!

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(foto cortesía de Pianista Acompañante)

Lorena Álvarez y su Banda Municipal en concierto

San Valentín, un día que de primeras ni fu ni fa, pero que con un concierto de Lorena Álvarez y su Banda Municipal programado a pocos kilómetros de casa y a pesar del resfriado… estaba marcado con rojo pasión en mi agenda. A los que os tengo cerca ya os he dado la brasa con este grupito pero para los que no, no sé muy bien como presentárosla. Para muchos no es más que la última extravagancia del moderno, anteriormente conocido como gafapasta y ahora tan hipster. No seré yo quién lo niegue. Pero tampoco me quedaré sin decir que lo que está haciendo esta chica con el folk patrio, es algo que poca gente se ha atrevido a hacer y que desde luego… hacía falta. Que no es otra cosa que mirar la tradición sin complejos y meterle un poco de mano a las letras  (que estamos aún a principio de siglo y si no me crees solo tienes que cruzarte en algún zaping los domingos por la tortura de Dándolo todo jota). Y hacía falta porque nadie había hecho canciones como La boda o Sin título en las que bajo su apariencia de música popular tradicional, desgrana situaciones y dilemas contemporáneos. Ahí queda ese verso suelto “dijiste que aguantarías y te corriste”, llamado a ser icónico y dar fé de ello. Aviso para navegantes, no es Eliseo Parra.

Eres tan tonta, eres tan lista… así daba comienzo el concierto en una sala casi vacía y uno no puede evitar preguntarse donde están esos seguidores de los abanderados de la innovación en la jota aragonesa (véase Carmen Paris, Miguel Ángel Berna, Roberto Ciria…). Pero bueno, los que estábamos disfrutamos de lo lindo a pesar de que Lorena tenía la voz tomada y de que unos coros femeninos no le hubiesen hecho ningún mal. El concierto repasó su único disco Anónimo, single y maqueta precedente incluidos. Un cancionero tan alegre e irónico como desigual, que se nos ofreció salpicado de comentarios nerviosos, confesiones estemporeas (me he echado novio) e invitaciones al público para que participase: bailando cantando o tocando las pezuñas de cabra. Unos comentarios que se fueron apaciguando a base de tragos a morro de la socorrida botella de anís, que esa sirvió para todo. Casi al final de la actuación se sentaron a pies del exiguo escenario y como si de una velada (trasnochada palabra) entre amigos se tratase, sonó la delicada Mejor Acompañado. Fue en ese preciso momento, entre los sha, la, la, la, las y los silbidos cuando tuve la sensación de estar ante una gira seminal. Algunos de los festivales más avispados del momento ya lo han olido, otros ni aunque les caiga la mierda encima. Unos conciertos de los que dentro de unos años alguien hablará como el principio de algo. Ojalá quede en este país un ápice de cordura musical para que así sea.

Tuvo la osadía de cerrar versioneando un pasodoble de Manolo Escobar,  uno que solo se sabe a medias (en esto se parece a alguna de mis amigas). Desde luego pocos prejuicios a la hora de abordar el cancionero y desparpajo le sobra a la chavala.