No hago caso

A veces me dicen las cosas pero yo sigo a lo mío. No hago caso. Me recomiendan un libro, no lo leo. Una serie que ni siquiera memorizo el nombre. Un disco de un grupo nuevo que me da pereza escuchar. Antes no era así, pero ahí ando ahora con mi rechazo a lo nuevo. Hay gente que sufre especialmente mi abulia ¿verdad Laura?. Y es que desayuno en su casa, me pone un disco que ha comprado en un concierto y dice va a encantarme. Yo hago como que escucho pero tenga toda mi atención puesta en el croissant… meses después le digo que he descubierto a Pablo Und Destruktion y que es lo más. Por su ceño fruncido noto que algo no va bien. Sí, era el disco que ella me había puesto en ese desayuno lejano y yo había ignorado. Como esta unas cuantas. Así que esta vez no me hago de rogar, me dice que tengo que ver The Young pope, va y la veo.

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Además es de Sorrentino y para mi, su estilo aún tiene crédito. Voy a mi ritmo, lento y errático pero seguro. De momento no abrazo los hábitos, pero al tiempo.

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Antes lo evitaba, ahora lo busco

Quedamos a beber unas Estrella Galicia. De lata. En casa. Los niños revolotean con la tablet y algunas pinturas de guerra en el brazo. Las opos, el carnaval, la infancia, la parentalidad bien tratatante y demás temas del orden del día. El tiempo vuela. Hay una plaza en Costa Rica. El tomáte se supone que era rosa de Barbastro. Repasemos una vez más todo sobre Syriza. Los vídeos de YouTube. Dora la exploradora. Tengo que volver pronto a casa. Mañana será un día duro. Me voy con la sonrisa en los labios, pensando si subir a Rivendel para fiestas y con un bote de peladuras de naranja en almibar en la mano.

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Venga vamos a empezar con las crónicas del enlace. Seguimos reuniendo la corte en Chiswick y aún con sueño nos enfrentamos a un nuevo desayuno de crumpets con una punteta de marmite. Hembra β ha contado el día que vió a un celebrity paseando por el parque. Uno con la orejas al estilo principe Carlos. Hoy no sabemos muy bien que vamos a hacer. Puede que preparando unos sandwiches de pepino vayamos urdiendo algún plan. Creo que definitivamente nos va a tocar día de cuadros.
A ver si encontramos alguna ganga en los charities del barrio. Quiero una pajarita azul cielo. El otro día robamos unas horquilletas, unas semillas de aquilegia y un pepino. Fue sin querer pero terminó siendo queriendo. Ayer volvimos de visitar la tumba de Catherine of Aragon colándonos en el “AVE inglés” esto sí que fue totalmente sin querer. Por cierto nada más llegar a Peterborough nos encontramos un grupo de heavis-emo-de hoy en día, en una tienda de manualidades. Nos hizo mucha ilusión saber que estos también eran de los nuestros, aunque no vimos que llevaran flores frescas ni granadas.
Mañana nos espera Hyde Park o el Nelson de Trafalgar Square. También las street parties, los gin-tonics y las union jacks por todos lados. Después… seremos historia.

MONTE OROEL (Real Jaca for beginners VI)


Ocho y cuarto de la mañana, café en el bar. Pequeños placeres de la clase proletaria. Yo el único café, a mi izquierda unos chatos del Somontano, a mi derecha caballero, ponche. Así comienza el día la ciudad. La alegría de vivir convenientemente dosificada por un camarero voluntarioso y afable, con pinta de primo lejano de todo el mundo. Caña, carajillo, penalti, trifásico, pacharán, sol y sombra. La vida y sus peligros acechan detrás de la puerta, los héroes apuran el vaso, bostezan y se estiran sin ningún disimulo. No hace falta, todos sabemos que están desempolvando sus poderes para salir a combatir a la peña. Detrás de Oroel… nada.

CAFETERÍA EQUIZA (real Jaca for begineers IV)


Tienen por aquí (si porque hoy estoy por Jaca) cierta manía de poner nombres con zetas y jotas a los bares. A pesar de los años siempre me lío entre Jaizquibel, Ulzama, Equiza… y más de una vez he quedado con alguien en uno de ellos y les he esperado en otro. Este es famoso por sus gambas rebozadas, aunque yo para ser sinceros nunca les he pillado el punto, atracón de besamel, aún así es un bar al que me gusta ir. Antes tenía la puerta de madera maciza, aunque ahora la han cambiado y le han puesto cristalitos, me gustan los bares con puertas opacas (igual tengo algún síndrome Puti-club), y bueno también me gusta lo trasnochado de su decoración interior, la barandilla que separa las mesas de la zona de la barra, ese reservado que descubrí por casualidad unas navidades que descubrí otras cosas, etc. Hubo un tiempo en el que era el lugar donde quedaba a desayunar al menos una vez a la semana con “P” y ahora voy de vez en cuando yo solito a darme un atracón de nostalgia mojando el croissant en lo que se me pone a tiro. En las servilletas luce impertérrita la imagen de los festivales de Jaca, ese deseo confesado que tiene la ciudad por ser Alpes y a mí que me hace gracia la vuelta a la realidad que supone verlas por el suelo tiradas y llenas de aceitillo. ¿Tienes aspiraciones? Pues toma bofetada.