Ella

Esta sentada en una esquina del sofa. Mueve el pie al ritmo de la música que suena en su cabeza y de vez en cuando hace el gesto de estar pegando una larga calada a un cigarro imaginario. En estos primeros compases de la mañana siempre tiene cierta sensación de abandono, como si fuese la toalla verde que hace un rato ha recogido de un rincón del baño. La casa está en silencio, la luz tamizada por las cortinas da cierta sensación de estar dentro de un cuadro. De algún pintor americano, le da igual cual. Aprieta con fuerza los dedos contra sus ojos al incoporarse y se acerca a la ventana para buscar tras el cristal alguno de los días felices que le prometieron. Creyó en tantas cosas que ahora ya no necesitará más que poner la cafetera al fuego, esperar a que suba el café y que su olor le devuelva la fe en la vida. Esta u otra.

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Despertares VIII

Entra en el bar con intención de echar un sol y sombra. Cargadito. Sin saber muy bien porqué (para qué, cómo ni cuándo), se encuentra frente a una enorme taza de té negro ahumado. Junto a ella un reloj de arena que el camarero ha puesto sobre la mesa con una sonrisa y que él ha tomado como una seria advertencia.

Buenos días

Despertar a eso de las 7:30, coger un vaso de agua e ir al comedor. Allí sobre la mesa de cristal espera El llano en llamas. Leer un relato. Solo uno porque el librito es puro huesos. El tiempo se detiene. Volver al párrafo anterior, visualizarlo, pasear por la llanura, bajo un sol de justicia. Llegar a las paraneras y que el ruido de la cafetera te traiga de regreso al sofá. ¡Buenos días! ¡a trabajar!

Tengo paciencia y tú no la tienes, así que ésa es mi ventaja. Tengo mi corazón que resbala y da vueltas en su propia sangre, y el tuyo está desbaratado, revenido y lleno de pudrición. Esa es también mi ventaja. Mañana estarás muerto, o tal vez pasado mañana o dentro de ocho días. No importa el tiempo. Tengo paciencia.

Amanaceres I

Me he despertado cuando mi mano derecha ha tocado la pared. Algo dentro de mi cerebro ha debido hacer ¡click! al darse cuenta que no hay paredes alrededor de mi cama. Se estaban colando unos rayos de sol a través de la persiana y he notado una respiración acompasada a mi espalda. De momento no hay más pistas. Me incorporo despacio, intentando no molestar al mismo tiempo que mis pupilas se adaptan poco a poco a esta penumbra. Al salir de la cama me doy de bruces con el armario. Casi me lo como. Empiezan a enfocarse los colores que tengo delante de mi nariz, oh my god! back to the 80’s!.

Rob

MONTE OROEL (Real Jaca for beginners VI)


Ocho y cuarto de la mañana, café en el bar. Pequeños placeres de la clase proletaria. Yo el único café, a mi izquierda unos chatos del Somontano, a mi derecha caballero, ponche. Así comienza el día la ciudad. La alegría de vivir convenientemente dosificada por un camarero voluntarioso y afable, con pinta de primo lejano de todo el mundo. Caña, carajillo, penalti, trifásico, pacharán, sol y sombra. La vida y sus peligros acechan detrás de la puerta, los héroes apuran el vaso, bostezan y se estiran sin ningún disimulo. No hace falta, todos sabemos que están desempolvando sus poderes para salir a combatir a la peña. Detrás de Oroel… nada.