Seis canciones

A veces encuentro por el coche cedés que se han quedado en algún rincón fuera de la vista y que al ponerlos me sacan la sonrisa tonta y me lanzan de cabeza contra las cristalinas aguas de los días pasados. Este lo grabó Hembra Beta al comienzo de su andadura inglesa. Lo llamó Au Pair a los treinta, que era una de las denominaciones que dábamos por aquel entonces a su aventura. Sin saber que ese era el comienzo de una nueva vida guerrera y cuajada de sorpresas para ella y de grandes momentos de reencuentro en (y con) Londres para mi. Pa, gracias (aunque tenga su puntito egoista) por tu arrojo en la decisión que tomaste y por hacer la maleta.

Hay un trozo de la compilación que me chifla es el que comprenden desde la 9 a la 14 y que incluye entre otras Al Mar de Manel, Wire To Wire de Razorlight (que aunque algo moñas, me encanta cantar “a grito pelao”), Time to pretend de MGMT, la versión en acustico del Daddy’s Gone de Glasvegas (otra apropiada para berrear)y me doy cuena que en escribir estas cosicas voy pasando el tiempo en lugar de hacerme la maleta.

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Pájaro. Grulla. Mil.

Fibra de pájaro. Llevo en el alma.
Fibra de pájaro. De rama en rama y de flor en flor.

Viajar, viajar, aunque sea aquí cerquita, que bonito. Fui por la ruta que me recomendó Lidia y me encantó cruzar las Bardenas (por muy reales que sean) y un montón de pueblos pequeños de nombres pintorescos y desconocidos.

La cita era en Las Gaunas y después de los besos, los abrazos y la alegría del reencuentro, todo fue sobre ruedas. Hicimos algunos nervios en las primeras horas del sábado pero… se desvanecieroncomo las burbujas en una copa de champan conforme iba avanzando la jornada. Y no fue champán, que fue vino lo que bebimos en nuestra peregrinación por la calle Laurel. Gracias por invitarme a compartir este trabajo, por acogerme, por descubrirme la ciudad y por ese momento impagable en el que cantamos desaforados Fibra de pájaro como si fuera el himno de la república independiente de nuestra casa. Gracias.

50 rayuelas que saltar sin tener piernas

Se celebra el 50 aniversario de la publicación de Rayuela, la novela más emblemática de Julio Cortazar y una de las más importantes de la literatura hispanoamericana, esto último no lo digo yo, lo dicen los expertos y eso que la novela cuenta con amores y odios encendidos entorno a ella. Como siempre que hay una de estas efemérides (más al servicio del mercado, la reedición y el espectáculo cultural), se ha escrito mucho del tema, de su influencia, de sí sigue siendo actual su planteamiento rompedor, que sí ha envejecido mal, etcétera. Estaba en el pueblo leyendo uno de esos artículos y no puede evitar ir a la librería y cogerla, acariciar el lomo, abrir un capítulo al azar y leer unas líneas. Así era yo. Cuantos mundos dentro de sus páginas. Descubrí Rayuela tarde, como otras muchas cosas. Tampoco demasiado pero vamos que no la leí en el final de la adolescencia, que es donde a muchos les gusta situar sus efectos catárticos. De todas formas era una época en la que mi vida iba de descubrimiento en descubrimiento, todo el día en un ¡ayh!. Recuerdo que estábamos en la casa de una chica sin nombre, ahora ni siquiera puedo ponerle cara. Era uno de los ligues de un amigo y junto a la novela había una cinta de casette de Godspeed You! Black Emperor. Ambos descubrimientos tiñeron mi vida durante meses.

Devoré la novela, la de Alfaguara que en la portada traía una cama desecha, saltando entre sus capítulos, sin entenderlo todo, sin aspirar a entender nada. Ni siquiera tenía un personaje favorito, saltaba de Morelli a Oliveira, de este a la Maga, como Cortazar saltaba de Paris a Buenos Aires. La novela. La antinovela. ¡Evohé! ¡evohé!. Yo también soy como un río. Descubrir que no hace falta ir siempre en la dirección correcta para llegar a algún sitio. La libertad de leer, las ganas de escribir, el deseo de ser. Twoo much para un chico de provincias. Cuando la termine tenía la sensación de saber muchas cosas nuevas. Y claro siempre quedó pendiente lo de volver a leerla. Pero entonces llegaron Los detectives salvajes a mi vida. Y ya no lo hice. Pero descubrí un amor infinito por los escritores latinoamericanos que transitan por Europa. Sea como sea, muchísimas gracias Sr. Cortazar.

Primeras veces

Ya está, ya he hecho mi primer examen de oposición. ¿Qué como me ha salido? Pues mal. Hombre no tengo referentes para comparar, pero la verdad es que la mayoría de las preguntas me sonaban a chino y algunas de las leyes por las que me preguntaban… ni sabía que existían. En fin, para todo hay una primera vez. Y para toda primera vez hay uno, incluso a veces dos. Tasas, nervios, temarios, grupos, besos, agradecimientos, velas, regalos, firmas, contraseñas, hojas ópticas de respuesta y formalismos trasnochados.

Solo puedo prometer que la próxima vez, lo haré mucho mejor. Gracias a todos. ¡Ah y lo del rescate es una estafa!

Clausurando el club del cine-clú

Con la llegada del buen tiempo cambia el ciclo. Esto de caña-tapa, cine, búsqueda de bar de acogida y caña-tertulia, se acaba. Ha sido una temporada muy entretenida. Variada. Y entre ellas no podía faltar la imprescindible ración de Kaurismäki. Otra de perdedores. Sí. Otra vez vendiéndonos falsas esperanzas. Sí. Otra vez confiando en la bondad universal de los desheredados. Sí. Otra vez una película suspendida en un no lugar. Sí. En un no tiempo. Sí. Otra vez un conjunto de personajes incapaces de expresar sus sentimientos. Sí. Incapaces de tocarse. Sí. De sonreír. Sí. Una película inteligente de humor corrosivo. Sí. Otro retrato de una Finlandia inhóspita. No, esta vez es Francia. Pero no importa. ¿Había temazo musical? pues claro. Una película que no pretende dar lecciones de nada, a nadie. Sí. Aki Kaurismäki tiene uno de esos cines que se reconocen a distancia. Unas puestas en escena llevadas al extremo, unos personajes con severas amputaciones emocionales, capaces de devolverte el reflejo de muchos de tus actos. Gracias Mr. Kaurismäki. Gracias a los organizadores. Gracias a la sala. Gracias compañeros del club del cine-clú. El próximo martes… ¡la última!.

El día que murió Labordeta.

Ojal-a: Me levanté tarde y continué con mis labores organizativas del fin de semana; abrir cajas, revisar, cerrar cajas. Puse la tele y me quede un rato viendo las carreras, a ver si veía a Lidia entre semejante marabunta. Al que ví fue al nuestro king, que entre balbuceos varios me dió la noticia. Al poco rato recibí una llamada de Paily Minogue desde Sto. Domingo diciéndome que en Dominicana se habían derramado unas lagrimicas por Labordeta y que a punto había estado de llamarme a las tres de la mañana cuando se había enterado. Cayó la tarde, como caen otras cosas y hablando con mi madre me ha dicho que ella también lo sentía mucho, que se le veía una persona con ideas, pero muy del pueblo. Volvía a casa conduciendo y sin darme cuenta tarareaba eso “somos como esos viejos árboles batidos por…” y no sé por qué pero por todos los sitios que pasaba había cierto aire de tristeza.

Special K: Domingo de pluriempleo en el hogar. Enciendo mi ordenador y empiezo por echar un ojo a las redes sociales. Descubro la noticia en Twitter, donde las alusiones en su recuerdo poco tiempo después se convierten en Trending Topic mundial (o sea, en uno de los temas del momento a nivel internacional). Inmediatamente me vienen a la cabeza todos esos conciertos por la reapertura, su apoyo desinteresado con el Comité de Solidaridad Canfranc-Nicaragua, aquel campamento cinéfilo al que Don Víctor consiguió que acudiera y se presentó con la mayor de las humildades y, sobre todo, esas mañanas veraniegas en las que, de camino al trabajo, coincidíamos con él en la panadería de Villanúa. Enciendo la radio y suena eso de “adiós a los que se quedan y a los que se van también”, que pincha nuestro amigo Fran. Se me ponen los pelos de punta. Me pego todo el día siguiendo los medios, emocionada, tarareando sus canciones, con un puño en alto reprimido. Como si ya formara parte de nuestra pequeña gran familia, la de todos por los que cantó y luchó, de esta tierra hermosa, dura y salvaje, de la que hizo un hogar y un paisaje. Gracias, abuelo.

Hembra Beta: Mi primera acción después del café suele ser ir directamente a la web del instituto meteorológico noruego, este domingo no me sentía muy bien así que decidí pasar directamente al Facebook y dejarme las noticias para después. Así que allí fue donde me enteré que Labordeta había muerto. Es curioso cómo se vive desde la distancia, siento lo mismo que vosotros pero no me rodea nada que me influencie. Tan sólo los muchos comentarios y enlaces que se han publicado en estas redes virtuales y que demuestran cómo Labordeta era un personaje popular, tanto que estoy segura de que casi todos los aragoneses, o lo hemos visto alguna vez o podemos decir algo personal de él…. Ay, de qué poquísimas personas se puede decir eso.
Sus letras hablan de sentimientos, él me hizo sentir el primer y único sentimiento aragonesista que he tenido en mi vida. En mi familia tenemos las raíces un poco dispersas así que siempre me he sentido un poco apátrida, nunca he tenido “pueblo” y mis padres afirman que se es “de donde se pace”, pero saboreé el sentimiento de pertenencia y terruño entonando en grupo y a voz en grito sus himnos.
Me da mucha penica, nos podía haber acompañado muchos años más, pero nos ha dejado himnos, canciones y frases como “a mi no me va a matar el cáncer sino los homenajes”, qué grande.