Ti proteggerò dalle paure, delle ipocondrie

Para Merche, porque le gusta. Por haberme descubierto tantas cosas. Por estar siempre dispuesta para los planes más tontos. Por las aventuras en las que nos hemos visto envueltos casi sin querer y porque sí.  No creo que pueda protegerte de nada, pero al menos nos reimos bien a gusto. Hala, ya tenemos nuestro idilio con Pirineos Sur consolidado tras estos dos años, lo sumamos al nuestro con Londres, con los disfraces periféricos, con las cervezas del camerino de la Pza. General Alsina… Grazie Tante!

El día que Susana Diaz perdió las elecciones (primarias)

Había tomado vermú en Huesca, limpiado las baldosas del baño, conocido a una pequeña nueva “miembra” del clan, visitado un taller clandestino de reparación de televisores regentado por un pintoresco señor, visitado a una amiga recién salida del hospital y estaba viendo a un sucedáneo de Elton John… con poco interés por mi parte. Nunca unas elecciones que me interesaban tan poco me habían interesado tanto. Pensé por un instante en Susana Sumelzo y después en alguno de los poemas de Gloria Fuertes que habíamos leído en voz alta al principio de la tarde. Después de la versión de Bruce Springsteen el concierto acabó.

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Imperativos

bowie y Cher

Cómprate la banda sonora de Nocturnal Animals. Practica recetas nuevas de cócteles de tequila. Léete Tan poca vida. Haz abdominales que el verano esta a la vuelta de la esquina. Termina el regalo para el nene de Pilara. Llama a Elisa para quedar. Busca información sobre el Master de Formación del Profesorado. Haz un cartel para la nueva campaña del Colegio. Asiste por las tardes al curso que te inscribiste en un arranque de responsabilidad profesional y apúntate a la jornada de PROCURA el viernes en Huesca. Busca información sobre alojamientos en Stromboli. Envía un WhatsApp a tus primos y convoca la fiesta de cumpleaños de tu madre. Bebe dos litros de agua. Intenta hacer cinco comidas diarias. Y si te queda algo de energía piensa en algún plan para semana santa, que ya no queda nada.

Orwell, Huesca, café

A cuatro kilómetros de nuestras trincheras, Huesca brillaba pequeña y clara como una ciudad formada por casas de muñecas. Meses antes, cuando cayó Siétamo, el comandante general de las tropas gubernamentales había comentado alegremente: “Mañana tomaremos café en Huesca”.
Resultó estar equivocado. Se produjeron sangrientos ataques, pero la ciudad no cayó, y “Mañana tomaremos café en Huesca” se convirtió en una broma en todo el ejército. Si alguna vez regreso a España, no dejaré de tomar una taza de café en Huesca.
George Orwell. Homenaje a Cataluña.

Se ha inaugurado en Huesconsin la exposición Orwell toma café en Huesca con la que se recuperan documentos, fotografías, objetos que recogen el paso del escritor por España durante la guerra civil. Incluso se expone una obra que estuvo presente (vete tu a saber por qué), durante unos años en mi dormitorio, Elegía por Andrés Nin de Eugenio Granell. George Orwell nunca llegó a tomar café en Huesca, pero hace unos días su hijo Richard Blair, junto a el hijo de del comandante Kopp, sí que se lo han tomado. No es la primera vez, porque desde hace unos años, es habitual que miembros de The Orwell Society visiten Huesca y las trincheras de la sierra Alcubierre donde el escritor pasó algunos días de la contienda. Estoy al día de todos estos viajes, porque mi amiga Elena suele hacer de traductora voluntaria (y voluntariosa) del grupo. No sé si sus alumnos del instituto sabrán reconocerle estas cosas. Seguramente le aprecian porque es de las que siempre se presta para acompañarles en el viaje de estudios, pero a mi me encanta ver que su altura, su (des)garbo y sus sonrisa ilumina a esos grupos de británicos blanquiñosos que de vez en cuando pisan estas tierra hermosa, dura y salvaje.

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Una cosa que no llego a entender, es porque no hay ninguna cafetería en Huesca que lleve el nombre de Orwell o en el que se le brinde homenaje de alguna manera. No sé, que hubiese algún guiño cuando alguien dijese mañana tomaremos café en Huesca. Imagino al camarero sonriendo y sacándole un café especial. Con un trozo de ruso. O en unas tazas serigrafiadas para la ocasión. Puede que con una tarjeta con un mensaje secreto debajo de la cucharilla. O si hubiese una concejalia de turismo con ganas de hacer algo más allá de un folleto (otro) para llevar a FITUR y algún cutre vídeo de promoción de esos que no ve nadie… que con el café viniese un vale para acercarse a una librería y poder recoger un libro gratis.

Feliz el fin de año

Comencé a escribir estas líneas en una de esas modernas cafeterías que estúpidamente igualan las ciudades del mundo, con el deseo de individualizarlas. Estaba en Cluj Napoca y bebía metaxa. Podría haber estado en Alcalá de Henares bebiéndome una cerveza. Estas líneas tienen distintas personas dándome la réplica. Siempre me pasa. Recuerdo que aquel día tenía muchas ganas de llegar a casa para seguir practicando caligrafía inglesa, mojar la punta de la pluma en la densa tinta negra y arañar el papel. La pomme ne tombe jamais loin de l’arbre. Creía tener un plan de nochevieja, pero antes cenaría en Huesca. En un lugar cualquiera. Uno en el que conozca a la camarera y me vuelvan a explicar la diferencia entre el pulpo a feria y a la gallega. Cuando te acercas a la mesa, tu melena rosa me recuerda a esa tremebunda historia en la que Tántalo cocinó a su propio hijo. ¿Te imaginas la última cena del año?. Bien podrían ser unos de esos noodles instantáneos, hechos con el agua caliente de la ducha del baño. No lejos de donde mataron a los santos niños. ¿Te gusta el vino tinto?. ¿Qué más te gusta?. Quiero saberlo todo. Por favor no me digas nada. Entre el dolor y la nada, prefiero el dolor. No lo digo yo, fue Faulkner. Yo ni siquiera lo pienso. Pienso en ir a Logroño. Escucharé todo el camino la banda sonora de In the mood for love. ¿Te gusta ese chico?. Vamos a dejar el tema. Demasiadas voces para un sólo párrafo. Diles a todos que estuve en Cluj Napoca, ponme otra copa de metaxa.

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Festivos de diciembre

He vuelto a ver El Tío Boonmee recuerda sus vidas pasadas. Hace tiempo que tenía ganas de hacerlo, sobre todo para ver si es tan mala como recuerda Elena o para ver si la sigo dejando en el cajón de la cosas interesantes sin ser la polla. Algo que me quedo de Huesca (y me quedaron bastantes cosas), fue una clara predilección por la Palma de Oro de Cannes. Y a Apichatpong Weerasethakul (me declaro incapaz de memorizar el nombre), se la dieron en 2010 con esta peli. La historia es incluso más sencilla de lo que recordaba, un hombre que se está muriendo. Y al final se muere. A partir de allí nos encontramos con un relato que ni en tiempos, ni en forma narrativa se asemeja a lo que estamos acostumbrados en el cine occidental. No diré que me encanta, pero sí que hay que pasear de vez en cuando por caminos nuevos y dejar que lo inesperado salga a nuestro encuentro. Ojo, que tampoco me posicionaré en los que ven en ella una piedra angular del nuevo cine contemporáneo, porque ni tengo criterio ni ganas de posicionarme. La he disfrutado y hasta me he reido. Y ahora me voy a pensar, cual es la próxima película que voy a volver a ver.