Transporte público

La forma más sencilla, rápida y a lo mejor hasta más ecológica que tengo para ir al trabajo es coger el tranvía. Antes lo hacía. Ahora no. Me harté de comenzar de mala leche la jornada. Tranvía Zaragoza maltrata a sus viajeros. Si normalmente en los trayectos centrales de la línea lo vagones van llenos, en el horario que yo lo cogía va a rebosar. Se utiliza de transporte escolar (y sin monitor/a acompañante) y de transporte sanitario. Gente agarrada a la barra frente a la entrada, que no deja ni siquiera pasar la tarjeta para pagar el viaje, ¿tanto cuesta poner dos vagones más? ¿y poner las maquinitas en los laterales en lugar frente a las puertas? mochilas, falta de modales en las subidas y bajadas al vagón… sorry, ¡que os den!.
Ahora voy al curro en bus. Tengo que andar más hasta la parada. Da más vuelta. Voy mejor. Me siento y abro el libro. A veces observo a la gente de alrededor y pienso en cosas. Otras cosas. Ostras. Hoy había una chica de guantes sin dedos que se ha subido en la misma parada que yo. Salía del hotel. Se ha sentado en las primeras filas, se ha cubierto la cara con las manos y se ha puesto a llorar. Yo desde el fondo del bus he mirado por la ventanilla hasta ver uno de esos relojes que dan la temperatura ambiental. Cero grados. No para todos, he pensado en voz alta yo.

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Domingo, piscina y barbacoa indoor

Me doy ese pequeño placer que es leer Babelia los domingos y en el cierre de la entrevista a George Steiner leo:

Ningún lugar es aburrido si me dan una mesa, buen café y unos libros. Eso es una patria.”Nada humano me es ajeno”. ¿Por qué Heidegger es tan importante para mi? Porque nos enseña que somo los invitados de la vida. Y tenemos que aprender a ser buenos invitados. Y, como judío, tener siempre la maleta preparada y si hay que partir, partir. Y no quejarse.

La palabra patria nunca la he entendido muy bien. Ni en la última campaña electoral, de la que por cierto pensaba hablar pero la solana de estos últimos días, ha achicharrado las ideas para escupir mis palabras. Cierro el periódico mientras canturreo Feedback Circle de El Regalo de Silvia. Habrá que ir preparandose para ir a ver a Mr. James Rhodes al Teatro Olimpia. A mi los domingos, me dan sueños. Lástima de algunos lunes.

Leer y sudar

Pues he hecho un examen. Tampoco es que me haya dejado los huevos estudiando, pero tenía activada esa medida mental que me castiga sin leer otras cosas (excepción del periódico del sábado), que no fueran del temario. Pero ya lo he hecho. Y como el resultado me va a sumir en la incertidumbre de si paso a la siguiente ronda o no, ya puedo leer sin remordimientos. Y en la mesilla tengo la última de Spanbauer, a la que le tengo muchas ganas y alguna que otra cosilla más. Mientras el calor ha llegado, la casa está a medio desmontar y el comedor todavía lleno de pilas de apuntes. Bienvenido verano del dieciseis, comienza la temporada ¡a sudar!.

Leer da sueños

Leyendo en la pelu

La actividad humana está siempre en la frontera entre: lo que sabemos, lo que podemos hacer, lo que aspiramos y nuestras potencialidades. Siempre estamos eligiendo; ésa es la razón por la que es tan importante enriquecer la gama de posibilidades y desarrollar nuevas utopías al final de este siglo, que hagan posible nuevas elecciones.

Ilya Prigogine. Premio Nobel de Química 1977

Libertad. Jonathan Franzen

Me declaro ajeno a todas las discusiones existentes en la blogosfera entorno a la figura de Jonathan Franzen. Vamos ni creo que sea el gran autor norteamericano de nuestros días, ni que escriba truños carentes de todo interés. Me quedo con las ganas de leer su anterior novela (Las correcciones), pero de momento todavía cuando voy a acostarme acude a mi cabeza Walter y su obsesión con preservar el hábitat de las aves canoras y de advertirnos de los peligros de la superpoblación del planeta. También asoma la punta de la nariz la indecisión vital de Patty y claro como no pensar en Richard (cantante de los Traumatics y de los exitosos Walnut Surprise), en el que intuyo reflejados tantos rock-folk-singers de la escena alternativa norteamericana. Por aparecer hasta en ocasiones se me cuela la estúpida seguridad de la joven Lalitha

Es verdad que no es una novela que te enganche con el primer párrafo, pero cualquier lector mínimamente entrenado (que haya superado la fase de El Barco de vapor), descubrirá el interés de adentrarse en los entresijos de esta dysfunctional happy family.

Pobre Walter. Primero había dejado de lado sus sueños de actor y cineasta por un sentido de la responsabilidad económica para con sus padres, y después, en cuanto su padre lo liberó con su muerte, fue a juntarse con Patty y dejo de lado su aspiración de salvar el planeta y entró a trabajar en 3M, par que Patty pudiera tener su fabulosa casa antigua y quedarse allí con los niños. Todo ocurrió casi sin siquiera planteárselo. Él se entusiasmaba con todos los planes que la entusiasmaban a ella, se entregó a la reforma de la casa y a defenderla contra su familia (…). En los primeros años, era tal su fervor por Patty que a sus ojos ella no podía hacer nada mal. Y sin duda fueron muy buenos años.

Buenos días

Despertar a eso de las 7:30, coger un vaso de agua e ir al comedor. Allí sobre la mesa de cristal espera El llano en llamas. Leer un relato. Solo uno porque el librito es puro huesos. El tiempo se detiene. Volver al párrafo anterior, visualizarlo, pasear por la llanura, bajo un sol de justicia. Llegar a las paraneras y que el ruido de la cafetera te traiga de regreso al sofá. ¡Buenos días! ¡a trabajar!

Tengo paciencia y tú no la tienes, así que ésa es mi ventaja. Tengo mi corazón que resbala y da vueltas en su propia sangre, y el tuyo está desbaratado, revenido y lleno de pudrición. Esa es también mi ventaja. Mañana estarás muerto, o tal vez pasado mañana o dentro de ocho días. No importa el tiempo. Tengo paciencia.