Cumpleaños al fin y al cabo

Ya está. Ya he terminado de cumplir años. Iré bebiéndome las cervezas que sobraron durante los próximos seis meses y pensando en el peso del tiempo, la madurez y todas esas mierdas. Pero ya puedo hacer balance de los regalos que me han caído. No hay que llegar primero pero hay que saber llegar. Así como te lo canto. Así que ahora tengo un reloj de pulsera difícil de combinar con mi colección de camisetas, una crema y un contorno de ojos antiedad de los buenos, otras cremas naturales, gayumbos pichis, un cuadro, cuadrado y original de un pintor que me gusta, los sellos de Bowie, un juego café de cerámica de Muel, que era un regalo que tenía prometido para mi boda pero que sabiamente se ha adelantado y unos cuantos libros, Madoz (inmenso), Karmelo G. Iribaren, el Hematocrítico, Lamaitre, Julian Barnes… seguro que me dejo algo. Siempre hay que dejarse algo. Una ilusión.

Lanaja junio

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Domingo, piscina y barbacoa indoor

Me doy ese pequeño placer que es leer Babelia los domingos y en el cierre de la entrevista a George Steiner leo:

Ningún lugar es aburrido si me dan una mesa, buen café y unos libros. Eso es una patria.”Nada humano me es ajeno”. ¿Por qué Heidegger es tan importante para mi? Porque nos enseña que somo los invitados de la vida. Y tenemos que aprender a ser buenos invitados. Y, como judío, tener siempre la maleta preparada y si hay que partir, partir. Y no quejarse.

La palabra patria nunca la he entendido muy bien. Ni en la última campaña electoral, de la que por cierto pensaba hablar pero la solana de estos últimos días, ha achicharrado las ideas para escupir mis palabras. Cierro el periódico mientras canturreo Feedback Circle de El Regalo de Silvia. Habrá que ir preparandose para ir a ver a Mr. James Rhodes al Teatro Olimpia. A mi los domingos, me dan sueños. Lástima de algunos lunes.

Mujeres en expansión

Era una cena. Bueno con horario de merienda. Pero era una cena y había mucha comida. Así como para terminar estas fiestas sin volver a cocinar nada. Hubo café. Y pastas. Perdón pero no me atrevo a escribir el nombre de las pastas, pusiera lo que pusiera seguro me equivocaba. Después jugamos a los dados. Antes hubo que inventar las reglas. Todos queríamos la caja. Y como siempre pasa con esto, finalmente nada era lo que parecía. Me da a mi que esa no será la última vez que veamos esos libros paseando por nuestras cenas. Después hubo lobos, pero no sé muy bien porque reino el caos en la sala. Hoy he leído que en cuestión de perfumes lo que marca la diferencia es la concentración de aceites esenciales con respecto al alcohol. Así pues el parfum debe de llevar entre un 15% y un 30%, después viene el eau de parfum que dura entre 4 y 6 horas y lleva entre el 8% y el 15%, el eau de toilette del 4% al 8% y el eau de cologne del 3% al 5% y nos dura unas 2 o 3 horas. Cierra la clasificación el eau fraiche con una proporción de aceites esenciales de entre el 1% y el 3%. Venga y ahora a por nochevieja.

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Libertad. Jonathan Franzen

Me declaro ajeno a todas las discusiones existentes en la blogosfera entorno a la figura de Jonathan Franzen. Vamos ni creo que sea el gran autor norteamericano de nuestros días, ni que escriba truños carentes de todo interés. Me quedo con las ganas de leer su anterior novela (Las correcciones), pero de momento todavía cuando voy a acostarme acude a mi cabeza Walter y su obsesión con preservar el hábitat de las aves canoras y de advertirnos de los peligros de la superpoblación del planeta. También asoma la punta de la nariz la indecisión vital de Patty y claro como no pensar en Richard (cantante de los Traumatics y de los exitosos Walnut Surprise), en el que intuyo reflejados tantos rock-folk-singers de la escena alternativa norteamericana. Por aparecer hasta en ocasiones se me cuela la estúpida seguridad de la joven Lalitha

Es verdad que no es una novela que te enganche con el primer párrafo, pero cualquier lector mínimamente entrenado (que haya superado la fase de El Barco de vapor), descubrirá el interés de adentrarse en los entresijos de esta dysfunctional happy family.

Pobre Walter. Primero había dejado de lado sus sueños de actor y cineasta por un sentido de la responsabilidad económica para con sus padres, y después, en cuanto su padre lo liberó con su muerte, fue a juntarse con Patty y dejo de lado su aspiración de salvar el planeta y entró a trabajar en 3M, par que Patty pudiera tener su fabulosa casa antigua y quedarse allí con los niños. Todo ocurrió casi sin siquiera planteárselo. Él se entusiasmaba con todos los planes que la entusiasmaban a ella, se entregó a la reforma de la casa y a defenderla contra su familia (…). En los primeros años, era tal su fervor por Patty que a sus ojos ella no podía hacer nada mal. Y sin duda fueron muy buenos años.

La mala luz. Carlos Castán

la mala luz

Por fin ha llegado a las librerías la primera novela de Carlos Castán. Han pasado más de quince años (¡ainsh!), desde que nos deslumbrara con su primer libro de relatos Frío de vivir y muchos son los lectores que andábamos a la espera de su salto a la novela. Y lo ha hecho sin romper con su estilo. Pasan pocas cosas, porque muchas veces es es lo que nos sucede, que la vida se nos escurre como la gotera silenciosa que cae en una habitación cerrada. Una vez más la soledad, el desamor, la nada que queda tras certificar los errores y constatar el fracaso, campan a sus anchas por sus páginas. Y entre tanto lirismo, un asesinato.

Una novela (¿o un relato corto algo más largo?), que solo por sus deslumbrantes primeros capítulos certifica que la espera, valió la pena. Pero aún así terminas sus páginas con cierto sabor amargo, el de la oportunidad fallida. Casi…

En la pequeña ciudad en la que inicialmente vivíamos (desde hace cuántos años, y qué largo cada uno de ellos), la dulce Provincia, es como si se hubiera ido adensando progresivamente, de un tiempo a aquella parte, la nube de hastío que, como de oficio, ya de por sí, envolvía las tardes a partir de cierta hora y nos metía en los huesos esa humedad de vida ya vivida, de tristeza enquistada y repetida, como un extraño rocío vespertino, una especie de sudor al revés que atravesará, de fuera adentro, los poros de todos los muros y de todas las cosas habidas y por haber y las dejara empapadas de vacío y de pasado y de un cansancio antiguo que te obligaba a pasear medio encorvado, a leer sin ganas, a siestas eternas con tal de no ver de qué lamentable manera agonizaba el tiempo bajo esa mala luz que se adueñaba igualmente de la calle, que del interior de las casas y los bares.

Me llaman Capuchino. Daniil Jarms

Lo leí en verano, deprisa y corriendo para redactar una reseña. Y no es un texto ligero, precisamente, poque lo parece. Debajo de esa apariencia de subrealismo Dadá y absurdo satírico hay mucho de crítica social. Por algo su autor, el vanguardista ruso Daniil Jarms (pseudónimo de Daniil Ivánovich Yuvachov) fue duramente represaliado por el régimen Stalinista y terminó muriendo en prisión. ¡Ayh! mucho mejor nos hubiera ido al mundo, con unos revolucionarios que enarbolasen pepinos y no tantos trapos serigrafiados, que no nos han llevado a nada. Bueno sí a esto. Que quiero pensar que tampoco es mucho peor. Que absurdo. La verdad.

Viejas que caen. 
Una vieja, excesivamente curiosa, se cayó por la ventana, se estampó contra el suelo y se hizo puré.
Otra vieja se asomó a la ventana y se puso a mirar a la que se había caído pero, por culpa de su excesiva curiosidad también se cayó por la ventana y se estampó contra el suelo.
A continuación, una tercera vieja se cayó por la ventana luego una cuarta, luego una quinta.
Cuando se cayó la sexta vieja, yo me harté del espectáculo y me fui al mercado Máltsevski, donde al parecer, le habían regalado una bufanda de punto a un ciego.

ASÍ HABLO ZARATRUSTA. El Manga. Friedrich Wilhelm Nietzsche

Este es el tipo de chuchería que cuando lo veo en la librería sé que voy a terminar comprándome. Aunque no caiga a la primera. Encima le han puesto las cubiertas azules, así que mis escasas resistencias, derribadas.

Leo por ahí que este es el primer manga filosófico en España. Traducido directamente desde el japonés, tras un gran éxito en este país donde títulos como El capital, de Karl Marx, llegan a vender 120.000 ejemplares. Claro pero Japón en esto del manga (y en otras muchas cosas) juega en otra liga. No parece una tarea fácil la adaptación de una obra filosófica a este formato y tampoco adivinar si resultara atractivo al publico joven (que parece ser al que va dirigido), o sera una curiosidad mas para las estanterías de adultos peterpanescos, gafapastas varios o totally moderns de pueblo como nosotros.

Las ideas del original sobrevuelan sobre este manga; la muerte de Dios, sustituir la moral por la verdad, el superhombre como persona capaz de generar su propio sistema de valores sin tutelas divinas, la voluntad de poder y… el eterno retorno. Pero aquí no tenemos un Zaratrusta ermitaño, que abandona su refugio en la montaña para comunicar al mundo sus revelaciones. Aquí hábilmente se mezcla la infancia y la vejez, buenos y malos, en un bucle infinito cuya ruptura queda en suspenso. Entre medio una misteriosa y sugerente “mesías”, que siguiendo la tradición lleva la buena nueva, aunque con un short de infarto (detallitos manga) chin-pon.

Aquí en la France he visto que ya ha salido Rojo y Negro, El Capital y En busca del Tiempo Perdido, en España de momento nos tendremos que conformar con hincarle el diente a La Divina Comedia.

Lo único que existe es el yo