Wimbledon y alrededores

Ayer ganó Muguruza Wimbledon. No pude ver el partido. Estaba tirado a la sombra de un avellano en el pantano de Lanuza. Todavía no me habían multado. Hace dos años jugaba Garbiñe la final de este torneo por primera vez y yo me preparaba para ir al río, mientras seguía la retransmisión. Acababa de echar un vistazo rápido al Twitter y ver que los del Marca habían compartido un vídeo de la victoria de Conchita Martinez. Nunca antes había retwiteado nada que proviniese de esa fuente y al hacerlo me he acordé de Natalia, Jesús y Esther. De cómo nos tragamos esa final en mi casa, en una televisión pequeña y vieja, con mi abuela Donata al lado, ejerciendo de improvisada comentarista.

Han pasado veintipico años y aún me parece estar viendo esa gastada hierba de la central de Londres. En la retina todavía el partidazo de semis donde Conchita había rematado un épico 10-8 en el tercer set ante Lori McNeill, de la que no sabíamos ni quien era, ni volvimos a saber. Me gusta Wimbledon porque siempre tiene algo de torneo loco. No respetan la clasificación para designar los cabezas de serie, jugadores con rankings bajos se plantan en últimas rondas. Luego toda esa mierda de la tradición, las reglas absurdas y el champán con fresas. Aunque no me gustan las fresas. Ni la tradición. Adoro la absurdidad. Esa que me ha hecho hacer cola dos años en el All England Club, lugar al que espero volver ¿el que viene?

Ese año en el torneo descubrimos los passings de revés liftado, algo verdaderamente difícil de reproducir en la pista de cemento rosa del pueblo. Nos gustó ver a los padres de Conchita, besarse en los morros en la grada tras el último punto del partido, era ver a los nuestros, anticipando un orgullo, que aún estaba por decidir. Y que no sé si ha llegado. Vuelvo a acordarme de los comentarios enfadados de mi abuela porque según ella habían puesto a jugar a Conchita contra un hombre. De nada servían nuestras explicaciones durante el partido acerca del sexo de Navratilova, cuando la enfocaban algún primer plano, mi abuela se reafirmaba en la injusticia de este partido. Supongo que por eso al final también sonreía más a gusto al verla levantar la ensaladera de plata, un trofeo tan tradicional y absurdo como el propio torneo. I love Wimbledon. And Conchita too.

Seis canciones

A veces encuentro por el coche cedés que se han quedado en algún rincón fuera de la vista y que al ponerlos me sacan la sonrisa tonta y me lanzan de cabeza contra las cristalinas aguas de los días pasados. Este lo grabó Hembra Beta al comienzo de su andadura inglesa. Lo llamó Au Pair a los treinta, que era una de las denominaciones que dábamos por aquel entonces a su aventura. Sin saber que ese era el comienzo de una nueva vida guerrera y cuajada de sorpresas para ella y de grandes momentos de reencuentro en (y con) Londres para mi. Pa, gracias (aunque tenga su puntito egoista) por tu arrojo en la decisión que tomaste y por hacer la maleta.

Hay un trozo de la compilación que me chifla es el que comprenden desde la 9 a la 14 y que incluye entre otras Al Mar de Manel, Wire To Wire de Razorlight (que aunque algo moñas, me encanta cantar “a grito pelao”), Time to pretend de MGMT, la versión en acustico del Daddy’s Gone de Glasvegas (otra apropiada para berrear)y me doy cuena que en escribir estas cosicas voy pasando el tiempo en lugar de hacerme la maleta.

Better mud with the crow than sane all alone…

Tengo tres de los libros que la editorial Penguin Books, ha editado para celebrar su 80 aniversario (80 años, 80 libros, a 80 peniques). Han llegado from London gracias a Little Dove & Picco, que son dos soles iluminando ese cielo casi siempre plomizo que tienen por ahí. He leído que el fundador de la colección, Allen Lane, allá por 1935 creía que la gente debería poder comprar un libro al mismo precio que una caja de cigarrillos. Me parece muy buena idea y aunque lo que cuesta el tabaco ha subido considerablemente en los últimos años, la mayoría de los libros siguen estando muy por encima de ese precio y en España la única iniciativa similar que se me ocurre es la colección de Austral Básicos a 2.95€.

Me resulta curioso que el único autor español entre los 80 sea Gracián y claro leer parte de los aforismos de su obra Oráculo manual y arte de prudencia, aquí rebautizado como How to use your enemies, es una buena manera de ponerme a prueba, aprender nuevas palabras y descubrir giros idiomáticos. Con estos ya son unos cuantos los libros en inglés que se me acumulan en la estantería, mis amigos tienen muchas expectativas acerca de mi capacidad para leer en esta lengua. Y como uno es algo tozudo, pues ahí ando a vueltas con la literatura en lengua extranjera. Pero no sólo de leer vive este hombre, así que os cuento por aquí que llevo unas semanas escuchando compulsivamente a Pablo Und Destruktion, a ver si pronto puedo verle en uno de esos electrizantes directos y mirar a través del bosque que hay dentro de sus ojos.

Penguin

Sunday, grey sunday

Qué rollo. ¿Dónde quedamos? Qué hambre. ¿Dónde vamos? Esto está lleno de guiris de mierda, Elisa tiene llamada en espera.
Me parece muy bien. Les Biscuits salés.

Todo el fin de semana sin conexión al interné. El vecino ha debido irse de vacaciones. Y con una mosca dentro de casa. El cielo esta gris y suena El mató a un policía motorizado, una y otra vez. Una y otra vez (a lo Imanol Arias). El fin de semana pasado canté línea y bingo en la comida familiar. Hala otra mala racha en el amor llama a su puerta. Pero que me lleve buen montón de perras. Y ya tengo ganas de ir a Londres. A conocer a Olivia, aunque ella aun no esté en Londres, y de paso dar una vuelta por la nueva Serpetine Gallery diseñada por Zaha Hadid. Este verano no pude ver la vieja, porque estaban cambiando la expo, aún así repasamos todos los saldos de la librería. Que pena no poder llevar peso en el equipaje. También compramos una postal que luego enviamos a Eleni y ella no recibió nunca. Estoy enganchado a la serie Bron/Broen. Empecé sin mucha fe porque me la paso MerChef. No sé si lo que más me atrae es la trama, que la poli esta un poco loca o el tener oportunidad de meterme en la suciedad de los nórdicos. Siempre tan pulcros, rubios e inexpresivos. Hago ejercicios, el curso online acaba mañana. Preparo mis participaciones en el foro y mientras escribo recuerdo una conversación que tuve con un amigo ayer y lo mucho que me molesta que se crean que controlan mi vida porque sepan a que hora fue mi última conexión de Whatssap. Por cierto el viernes lo pasamos muy bien. Jägermeister ya es parte importante de nuestras vidas.

bingo

Paseando por el cementerio yo te ví

Algún despistado, de los que todavía entra por aquí, puede estar esperando una crónica de la exposición que el Victoria & Albert Museum le ha dedicado a Bowie, pero mira tú por donde, hoy va la cosa de tumbas. Y es que en mi devenir por la capital inglesa, acabé paseando una tárde de sábado por el Cementerio de Highgate (distrito de Camden), donde entre otros están enterrados el Sr. Karl Marx, que además tiene dos tumbas, una muy grande con un cabezón muy, muy grande y otra que es el lugar donde originariamente reposaron sus huesos (ver imagen con mini ofrenda floral silvestre), antes de que los obreros del mundo se unieran y construyeran la grande. Por cierto se dice que al entierro asistieron poco más de 10 personas. Pero la verdad es que el cementerio es una “cucada”, lleno de rincones pintorescos con tumbas de personas anónimas que pelean por sobrevivir a la vegetación invasora y otras de artistas como Douglas Adams escritor de la saga futurista Guía del autoestopista galáctico o de Malcom Mclarem, figura controvertida del punk británico (agente de los Sex Pistols, músico y socio de la diseñadora Viviene Westwood). Sorprenden algunas de las tumbas por sus formas inusuales, por las dedicatorias, los materiales, lo cual hacen del paseo, una experiencia recomendable para turistas fuera de ruta y en general para quien quiera dar un paseo descubriendo curiosidades entre la maleza… porque aunque esta cuidado (fue rescatado del total abandono por una asociación que ahora lo gestiona), no quiero ni pensar lo que debe de ser visitarlo en un frío día de niebla.

tumbas

Por cierto creo que voy a consultar con algún especialista porque “a lo tonto modorro” yo que suelo tener alergia a los políticos ya he visitado la tumba del Che, la de Trosky y ahora la de Marx