Huesca es cine (¡ja!)

Huesca vive inmersa en su Festival Internacional de Cine. Toda la ciudad respira cine. La gente camina a cámara lenta y muestra sonrisas largo rato ensayadas frente al espejo. Las estrellas invaden las cafeterías del centro, donde las botellas de Moet Chandon se descorchan de dos en dos sumiendo la ciudad en un tiroteo de glamour que te cagas. Bueno y después de decir chorradas os cuento que el otro día fui al cine, vi Güeros una película de la que no sabía nada pero que me tuvo pegado a la butaca sin abrir la boca y los que me han sufrido en el cine, saben que no eso no es tarea fácil.

Un retrato de la ciudad de México rodada en blanco y negro a través de unos ojos jóvenes, con una estructura como esas “canciones río” que se deslizan ladera abajo en busca de un mar tal vez demasiado lejano. Una búsqueda, la de Epigmenio Cruz que a mí me recordo mucho a esa otra búsqueda ideada por Bolaño en sus Detectives Salvajes, la de Cesárea Tijanero. Aquí son Sombra, Santos, Tomas y un tigre al acecho, quienes deambulan por la ciudad a modo de road movie urbana con la huelga de los estudiantes de la UAM como telón de fondo.

wellcome

La peli venía precedida de un montón de premios entre ellos el de Horizontes Latinos y el de la Juventud en el Festival de cine de San Sebastian y el de mejor ópera prima en el Festival de Berlin. Ahora tiene también uno mío. Elegid vosotros la categoría. ¡Ah y no me puedo olvidar de la banda sonora! Un manojo de temas de Agustin Lara que en la voz de Natalia Lafourcade suenan a un México contemporáneo con los pies hundidos en el fango de la tradición y algún que otro charco de tequila.

Buenos días

Despertar a eso de las 7:30, coger un vaso de agua e ir al comedor. Allí sobre la mesa de cristal espera El llano en llamas. Leer un relato. Solo uno porque el librito es puro huesos. El tiempo se detiene. Volver al párrafo anterior, visualizarlo, pasear por la llanura, bajo un sol de justicia. Llegar a las paraneras y que el ruido de la cafetera te traiga de regreso al sofá. ¡Buenos días! ¡a trabajar!

Tengo paciencia y tú no la tienes, así que ésa es mi ventaja. Tengo mi corazón que resbala y da vueltas en su propia sangre, y el tuyo está desbaratado, revenido y lleno de pudrición. Esa es también mi ventaja. Mañana estarás muerto, o tal vez pasado mañana o dentro de ocho días. No importa el tiempo. Tengo paciencia.

Dicen que no se estila

Si digo que esta mayor, puede que no os diga mucho. Si digo que creo que es la última vez que la veo, diréis que siempre digo lo mismo. Así que de todo eso mejor no digo nada.
Diré que salió al escenario con decisión, llevaba en la cara la ilusión dibujada de quien hace algo por primera vez. Aunque no era el caso. Yo que la miro de arriba abajo, que esta vez no me olvide las gáfas y ella que la primera palabra que dice es “Ojalá…” yo pongo carica de imbecil, sonrisa Bob Esponja y a partir de ese momento todo sigue su orden. Quien quiera ver la crítica oficial, que pinche aquí.
Pensaba comentar algo acerca de que ella tal vez se mueve menos, algún desplazamiento a la mesa donde están preparados los pañuelos, mantones, huipiles, chales y demás complementos. También pensaba decir algo de que la voz en algunos momentos parece que va a quebrarse, que los desplazamientos tienen algo de “robótico” y que solo las manos parecen ligeras cuando marcan esos finales característicos, brazos abiertos, en alto, repartiendo al público… porque aquí hay para todos, es leyenda.
Pero lo que verdaderamente quiero decir es que Mª Dolores Pradera forma parte de la memoria colectiva y tiene hits para aburrir, no se le puede pedir más. Hoy en día nadie puede hacer referencias al paso del tiempo como ella, toda una vida, el tiempo que te quede, no se estila, rodar y rodar, andando y cantando que es mi modo de alumbrar, dejame que te cuente limeño… porque después de esta vida, no hay otra oportunidad.
Que no se me olvide apuntar que el público intento cubrir con sus aplausos los huecos del patio de butacas. Aplausos prolongados y generosos que no llegarón a ocultar que Huesca no llenó el auditorio. Mala entrada para la autoproclamada capital cultural del exreino.
Y entramos en la recta final del concierto con mis mexicanos favoritos y alguna que otra de las esperadas (devuélveme el tupper de mi madre…). Aún nos tiene que regalar esa imagen para el recuerdo (repe) cuando se acerca a sujetar el contrabajo para que el público pueda aplaudir a la banda. Dos, tres, cuatro bises y “La Pradera” que da las gracias y abandona despacio el escenario mano en alto a modo despedida. Me quito las gafas y me froto los ojos mientras el auditorio en pie sigue aplaudiendo a un escenario huerfano con todas las luces ya encendidas. Punto y final.

Pedro Páramo


Que voy a decir yo de esta novela que no se haya dicho. Pues entonces mejor me callo. Solo que hay que leerla, sobre todo si tu vida pasa por una etapa mejicana,como parece que lo hace últimamente la mía. A alguno de vosotros tal vez no os guste, me consta que mucha gente odia este texto porque le recuerda a sus tiempos de lectura obligatorias en el instituto, pero como a mi no me obligaron a leer nada… pues no lo he aborrecido. Si tienes edición comentada, deja las explicaciones para luego, para la segunda lectura. Por cierto, un último consejo si tienes el equipo de sonido cerca, dale al play y sube “la voz” a esas rancheras.

”Faltaba mucho para el amanecer. El cielo estaba llleno de estrellas, gordas, hinchadas de tanta noche. La luna había salido un rato y luego se había ido. Era una de esas lunas tristes que nadie mira, a las que nadie hace caso. Estuvo un rato allí desfigurada, sin dar ninguna luz, y después fue a esconderse detrás de los cerros.”