No, este viaje no va a tener crónica

En la selección musical del avión no pude evitar mi expresión de sorpresa al encontrar una canción de Tulsa e incluso tararee el estribillo de Me he perdido cuando sonaba para todos los pasajeros miéntras el avión circulaba por la pista en busca de la puerta para el desembarque. Ni siquiera pensé que fuera premonitorio de nada. Al día siguiente mientras desayunaba en Panamá sonaron The Flaming Lips y fue la confirmación de que mucho ha cambiado el mundo, desde la última vez que crucé el charco.

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Al día siguiente vino lo de tener que estar esperando una hora el taxi que me devolvía al aeropuerto. Lo de tener que compartirlo con otra chica que recogimos en un hotel inmenos y que al pregutarme de donde era, casi le diese un ataque. Un ataque de no sé que, pero venía con gritos. Resulta que ella había hecho su maestría en Zaragoza. Bautizó a su hija en el Pilar y vuelve casi todos los años. Por supuesto al abrir el maletero me enseñó la cinta con la medida de la virgen que llevaba atada a su maleta. Nos despedimos tras el control de equipajes, con dos sonoros besos, un abrazo de los que se dan con fuerza y la seguridad de que un día de estos nos saludaremos en mitad de la calle Alfonso.

Todo esto y aún a unos 1500 kilometros de mi destino final. Y no, no la espereis porque este viaje… no va a tener crónica.

Seis canciones

A veces encuentro por el coche cedés que se han quedado en algún rincón fuera de la vista y que al ponerlos me sacan la sonrisa tonta y me lanzan de cabeza contra las cristalinas aguas de los días pasados. Este lo grabó Hembra Beta al comienzo de su andadura inglesa. Lo llamó Au Pair a los treinta, que era una de las denominaciones que dábamos por aquel entonces a su aventura. Sin saber que ese era el comienzo de una nueva vida guerrera y cuajada de sorpresas para ella y de grandes momentos de reencuentro en (y con) Londres para mi. Pa, gracias (aunque tenga su puntito egoista) por tu arrojo en la decisión que tomaste y por hacer la maleta.

Hay un trozo de la compilación que me chifla es el que comprenden desde la 9 a la 14 y que incluye entre otras Al Mar de Manel, Wire To Wire de Razorlight (que aunque algo moñas, me encanta cantar “a grito pelao”), Time to pretend de MGMT, la versión en acustico del Daddy’s Gone de Glasvegas (otra apropiada para berrear)y me doy cuena que en escribir estas cosicas voy pasando el tiempo en lugar de hacerme la maleta.

El día que murió David Bowie

Me he despertado sin pereza, pero he ido lento. He desayunado mientras se aireaba la cocina, que todavía olía a las palomitas que quemaron ayer. He cogido la bolsa, bajado al garaje y me he puesto en ruta. Escuchaba radio 3 hasta que han dado las ocho y he puesto las noticias. La no investidura de Mas me aburre hasta límites insospechados, así que he abandonado la información. Justo al entrar en Zaragoza ha comenzó a llamarme la atención el balbuceo de los presentadores, decían sin decir. Una furgoneta roja me ha adelantado sobrepasando holgadamente el límite de velocidad en ese momento. Hablaban de Twitter, hablaban de Facebook, hablaban de incredulidad, de conectar con los corresponsales británicos. Y decían que ahora Blackstar era premonitorio. Ground Control to Major Tom, informamos de la llegada a punto de destino. En el parking del trabajo no había sitio y ya me veía condenado a vagar por calles y avenidas. Pero sabía que algo no iba del todo bien, no estaba nervioso, estaba preocupado y he decidido callejear despacio hasta dar con el hueco. He cuadrado las cuatro ruedas y entonces el Whatsapp ha comenzado a pitar insistentemente la noticia. Music legend David Bowies dies, decía la BBC. Julia me enviaba el link de nuestra canción favorita y sé que los dos estábamos tarareando esa parte del estribillo donde dice you’re not alone. Entro, ficho, saludo, se lo cuento a las chicas del despacho de al lado. Hoy no cojo café de la máquina. Sobre la mesa de la oficina tenía tres partes informativos sobre otro menor fugado. De recepción me llaman para que devuelva una llamada. Todo antes incluso de haber encendido el ordenador. Lo hago, escucho, comento, cuelgo. Let’s dance put on your red shoes. No va a ser un buen día, lo sabes, pero cerrar los ojos no lo va a hacer mejor. Otra llamada. Se corta. La devuelvo, comunica. Así un rato. Una compañera, que no conocía, se ha reincoporado y ha traído una caja de bombones. No voy a hacerle un feo. Abro la agenda repaso las citas de hoy. Voy a preparar unos materiales, inspirado Ziggy played guitar. Esta claro, se ha muerto Bowie. Es verdad. Me pongo los cascos y selecciono la La Chacona de Bach. Luego me avisan para salir a desayunar. No como bocadillo de pollo braseado. Reviso el Twitter, fotos, frases y sentidas despedidas. Retwiteo sin mucho interés. Volvemos al redil y hago ronda de llamadas para citar mañana. Merche me escribe desde el sudeste asiático y dice que no sé lo cree. Intercambiamos unas cuantas frases sobre la exposición que vimos juntos en el V&A hace unos años. Estamos lejos pero decimos al unísono Under pressure!. Y sí… ¡con Annie Lennox!, que más Bowie no puede ir en ese concierto. Pienso en recuperar algunas de esas fotos borrosas que hicimos. Mientrás Julio dice que por esas tierras sentirían más la muerte de Hello Kitty. Modern love walks beside me, bajo al archivo. Papeles por aquí, expedientes por allá. Rebel Rebel, your face is a mess, necesito aire. Tengo que pedir días de vacaciones para ir a Canarias. Abro el portal del empleado y me pongo a trastear, petición de presencias/ausencias. Se me ocurre escribir todo lo que estoy haciendo hoy, el día que ha muerto Bowie. Me parece una buena idea. Luego una tontería suprema. Llaman para cancelarme una entrevista. Lo encajo bien, dejo un recado al chaval. Dile que le he llamado, que no se preocupe, que todo va a salir bien. We can be heroes, forever and ever.

DB