Rodolfo & Valentino

Han llegado a casa por navidad. Bueno por Reyes para ser más exactos. Comparten paleta de color, pero son muy distintos. Rodolfo es tranquilo, algo rechoncho de modales aristocráticos, pausado, exhibicionista. Valentino es una bala. Rápido sagaz, nervioso, puro destello. Aún estamos en la fase de conocernos, nos miramos cuando creemos que el otro no nos está viendo, aparentamos normalidad y calma pero estamos todo el tiempo escrutando por el rabillo del ojo. Incluso ahora que estamos viendo Frank, una peli que me paso Rqlcas dentro de su regalo de cumpleaños. Todo es incertidumbre entre nosotros. Un hogar no se crea así de un día para otro. Un acuario, tampoco.

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Pre-navidad

He salido a comprar cuatro cosas navideñas, antes de enfrentarme a la familia y la tradición. Andaba encogido por la calle, canturreando ese estribillo imposible de Chico y Chica, el de Diabla, cuando de repente me he dado cuenta de que no hacía frío, así que me he estirado. Ha sido en ese preciso momento cuando el mendigo oficial del barrio, me ha llamado desde la puerta del súper. Por estas fechas va vestido de Papa Noel y la verdad es que cada año le queda mejor el traje. Cuando me he acercado me ha dicho: – ¿qué hora tiene jefe? y yo le he respondido: – las siete menos diez, figura. Me ha dado las gracias y ha seguido pidiendo unas monedillas a las señoras peluqueadas que salían con bolsas repletas de ingredientes para sus opíparos menús. He tenido una gran idea. Ha sonado el pitido del Whatsapp, era mi prima con un mensaje cifrado: Tira garrosa!. Lo he repetido dos veces en voz alta y a la tercera he entrado en la librería Iris. Allí el dependiente de ojos azules siempre sonríe. Le he preguntado por un libro y nos hemos puesto ha buscarlo. Lo hemos encontrado. Después yo lo he pagado y he salido sonriente a la calle. He intentado acordarme de la idea brillante con la que hace poco mi cerebro se había convertido en el castillo de fuegos artificiales del día del patrón (antes de la crisis). Pero no ha habido manera. Solo me llegaba el principio de Torre románica, así que lo he dejado por imposible. ¡Mierda! se me ha olvidado ojear el libro Dejad de Lloriquear, pero ya no me ha apetecido dar la vuelta. Por un instante, solo por un instante, he pensado que ya va siendo hora de abrir un perfil en Facebook. Todo esto mientras casi me trago a un niño de los que aún juegan despistados en las aceras. Rabia y valor. Mis conexiones neuronales están puenteadas. Rozo el cortocircuito varias veces al día. Creo que hay demasiadas cosas en mi cabeza. Vuelvo a casa y me pongo a buscar la foto borrosa de un Cristo azul, uno que encontró Paily en una de sus excursiones bolivianas. Bueno ya esta ¿y ahora qué?.

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Sabores sustanciosos

Estas navidades hemos tenido a Paily Minogue entre nosotros (nosotros=muchos), como os podéis imaginar los/as que la conocéis, hemos hablado barbaridad y nos hemos reído otro tanto. Paily sabe que entre mis debilidades cuando visito un país, esta la de ir rápidamente a un supermercado. No sé, me parece que allí las cosas son más de verdad, que te llevas una buena foto del país y de sus gentes. Además me chifla ver tantos envases nuevos, cosas que no sabes muy bien si se comen o son para el baño, todo de colorines, ver las diferentes estrategias de venta que se adoptan… como veis como antropólogo soy bastante básico. El caso es que me ha traído desde el otro lado del atlántico unos presentes, la más de sustanciosos. Vuelvo a mi estado de gracias.

Quién maneja mi barca

Microsoft parece que definitivamente se ha ido de mi vida. Pues allá el, decidió bloquear mi Office y ahora soy de la religión del Openoffice, todavía sin mucha fé, todo sea dicho. Vuelvo a compartir casa ¿he dejado alguna vez de hacerlo?. Me descubro a menudo mirando hacia el cielo. Teruel es una de las provincias menos afortunadas con el sorteo de la lotería, cincuenta pedreas y ninguna serie de los premios gordos del sorteo. He visto cientos de tiendas y no me llama la atención casi nada. Cuando te gustan los polvorones y el panettone, te ves obligado a reconocer que algo te gusta la navidad. Me han regalado muchos libros estos días. Gracias. He vuelto a clase de grabado y me he comprado un cuadro, un oleo. Un capricho. Un dinero que no esperaba. Un cuadro más para la casa que nunca tendré. Tengo el extraño presentimiento de que la crisis lo re-organizará todo. El raciocinio llegará a nuestras vidas por la vía de la fuerza. De la monarquía a la criptocracia.¿Estoy preparado para la pobreza?.

Cené con los compañeros del master, que bonicos estábamos todos juntetes en la fría noche zaragozana. Después bailamos, hicimos cola y bebimos (por una vez no mucho), rodeados de afroamericanos,¿no Laura?. El PNV decide a última hora no apoyar la ley Sinde. ¡Ah! el otro día un poco por casualidad hice años y todo eso que siempre me toca por estas fechas. Que bien que nos juntamos mucha gente de mi no empresa sentimental y aunque no pudimos dedicarnos todo el tiempo que nos apetecía, fue bueno vernos todo alrededor de una mesa. Y vaya pedazo de mesa, candelabro y tela roja arrugada incluida. Encontrarnos al día siguiente a María y los suyos desayunando, fue ya algo como de fenómeno paranormal. I love you folks!

Desaparezca aquí

Sin dar rodeos ¡feliz año nuevo!. Aquí hace frío, han sido unos días de niebla, de nieve en el llano y mucho frío en cuanto el sol desaparece. Familia. Polvorón. Ves a un montón de gente que hace muco tiempo que no veías. Te preguntan. Contestas. Yo no suelo preguntar. Sonrío. No quería empezar ningún libro pero desde hace más de un año tenía el último de Breat Easton Ellis gritándome desde la estantería. Que me gusten tanto sus novelas es algo que no acabo de entender, sus sofisticados enredos me quedan muy lejos pero supongo que me despierta la misma curiosidad que Callejeros, me trago otro buen reportaje de como vive alguna gente debajo de los puentes, no contento con eso me pongo a releer Menos que cero. Que jaleo.
Me da por ir al banco y actualizar las libretas. Saco ratos para estudiar. Me cuesta. Pierdo tiempo en hacer nada. Hago limpieza de papeles. Ordeno el armario de la ropa y arreglando los cajones ha aparecido una destartalada agenda de teléfonos. Algo completamente inútil en esta época de móviles y correos electrónicos. Allí están silenciosas las direcciones de gente que en otro tiempo han sido amigos alrededor de los cuales giraba mi vida. Hay bajas. Hay gente que no sé muy bien quien son y otros a los que ya nunca podré escribirles nada. Me pasa como a la del anuncio de Gucci by Gucci (que me encanta y ahora me he enterado que es de David Lynch), empiezo a mezclar la realidad con la ficción. Me pregunto si alguien nos habrá hecho novela. No puedo decir que me sorprenda porque ya lo sabía… revolver el fondo de los cajones es malo.