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La fiesta terminó

Si no vienes, nunca iremos

Comiamos sepia. No erá el vermú. Veníamos de andar entre viñas viejas. Eso también era El saso. Después habíamos cogido el coche para ir a La balsa la cruz. Estábamos algo perdidos. El otoño mancha. Y aún así nos reimos un rato. Comprobamos in situ lo dificil que es que crezcan lo árboles en estos Monegros. Y que guarro es el ser humano. Pero que guarro. Era la segunda vez en dos días que me proponias quedar a tomar un té y volviste a pedir una Coca Cola. La sepia tenía mucho ajo. Tú dijiste algo de un coche nuevo. Yo seguía pensando en que tal vez no fuese mala idea lo del negocio del esparto. Te cedí el último trozo del plato y entonces llegó tu hermano. Fuí hacía la barra mientrás él cogía una silla. Volví con dos cañas y con el regaliz más grande que tenían entre mis manos.

Marta perdida

Terminan las fiestas. El viento todavía seguirá jugando con las nacionalidades unos días. Nos acercamos al equinoccio, igual horas de sol, igual horas de noche. Lo dice la señora del telediario y yo ya pienso en cambiar la ropa de los armarios. Adiós camisas de manga corta y pantalones a la rodilla. Comienza el curso y a lo único que me he inscrito es a bádminton. Tripito iniciación. Sí, nunca he sido demasiado ambicioso. El resto es una incógnita. Quiero viajar. Subir, bajar. Sin demasiadas prisas. Nunca me ha importado la lluvia. Siempre que tenga un lugar seco en el que guarecerme. Hay palabras que solo de pronunciarlas te llenan la boca. Terminan las fiestas. Recoge la orquesta.

findefiesta

Veintidós de septiembre

Hoy ha llovido. Y era lluvia de otoño. Tal vez para muchos fuese como la de hace unos días pero no. Esta era otoñal. Después de la fiesta de Lanaja, todo es otoño. Y volver al Matadero después de casi dos meses es otoño. Salir a la calle con paraguas y olvidar la chaqueta es otoño. Esperar que te llamen es otoño y poner el ededrón para esconderse dentro con un libro muy gordo, también.

Vagamundo en Ashihara

Cuando el dios Taka Mimusubi y Amaterasu, la diosa del Sol, supieron que el País central de Ashihara estaba pacificado, le pidieron a su hijo Oshi Omini: “Te confiamos el gobierno del País de las Espigas Frescas de los Mil Otoños y los Largos Quinientos Años que hay en la Fértil Planicie de los Juncos. Desciende del cielo, reina en él y cumple nuestra augusta voluntad”.

Los mitos de Japón. Entre la historia y la leyenda. Alianza editorial.
 yo en el agua, tras el sol