Una tarde en el museo

Pasar unos días a la semana en la capital, me esta llevando a cambiar muchos de mis estupidos ritmos que me había impuesto últimamente sin saber muy bien por qué. El sábado después de unas tapas, alguna que otra discursión acerca del término paté, café con tarta, encuentro fortuito y muchas “risas sinsustancia” nos fuímos para el Centro de Historia de Zaragoza atraidos como pollillas a la farola por la exposición Quinquis de los 80. Os diría aquí eso de “no dejeis de pasaros” si no fuera porque terminaba el domingo. Una exposición curiosa que refleja muy bien la vida de algunas barriadas de nuestro país en los años 80, una vida que de alguna forma ya quedó recogida en esa colección de joyitas choni-antropológicas que son El pico, Deprisa deprisa, Perros callejeros, Yo el vaquilla, La estanquera de Vallecas, Navajeros, etc.
Una exposición bastante completa, que ya ha recorrido varias ciudades españolas, donde encontrar pelis, discos, recreativos, “el refor”, la carcel… no falta tampoco abundante información de algunos de los superheroes de barrio más famosos, la mayoría de los cuales no pasaron de los treinta y pocos a causa de la violencia callejera, los enfrentamientos con las fuerzas del orden, las “superdosis de drogaina” y “el sira”.
Por cierto en la entrada hay una pequeña exposición de Carlos Melgares y Miguel Frago llamada Spanish Verbena, con muchos muñequitos de trapo, de los cuales os dejo una pequeña muestra borrosa aquí y otro rato si eso hablamos de tamaños.

Lujo para todos

Yo que no hace mucho caí rendido ante los encantos de Mercadona, que atesoré incuantificables Hacendados, Deliplus y Bosques Verdes… ahora vago desorientado por los Ifas y Eroskis en busca de marcas, de un poco de color, de variedad.
Cuando decido ir al Lidl, es día de fiesta, alegría desbordada por el pasillo central que es una plaza mayor el día del patrón. Objetos inclasificables, cientos de sobres con semillas que nunca crecen, nombres impronunciables con varias consonantes seguidas, tamaños y formas aún por descubrir. Que jolgorio. Y lo mejor… ir en buena compañía para comentar la jugada in situ. La calidad no sé si es cara, pero en Lidl yo desde luego me lo paso en grande.