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Ando en veinte cosas a la vez. Alguna incluso nueva. Y encima tengo que tomar decisiones. Que jaleo. Hace frío. Me ha llegado el nuevo libro de texto. Eleni esta en el país. Ayer cenamos sushi en casa. He recibido una llamada surrealista que traerá cola. Nadie me avisó que mañana es la “cincomarzada”. Bueno al menos le recupero a la vida una mañana libre. Para liarla. A partir de ahora ¿escribiré todas mis cosas en 140 caracteres? ¿el lunes será primavera?…

Hoy mejor que mañana

Como no solo de siglo XIX vive el hombre, estos días he tenido también examen de educación moral. Un nombre muy feo para una asignatura “bien bonica” no sé porque pero mientras estudiaba cosas conocimiento propio, proceso autoreferencial, moral autónoma, apertura a los demás, propuesta de una meta ambiciosa pero asequible… no podía dejar de pensar en esta secuencia de Up…
Las películas de animación son de lo mejorcito que he visto en el cine estos últimos años. Y si no se te ha puesto un nudo en la garganta al ver este vídeo, se te han puesto dos. El examen no ha sido fácil, pero saldremos con vida de ello. Me dejo llevar por la carretera escuchando a tope lo último de Mogwai (grandes White Noise y Rano Pano) y le voy dando vueltas a varios sin sentidos. En eso estoy cuando al llegar a Huesca descubro que ya han puesto en los mupis la imagen que ha creado Vicky de Sus para la Muestra de Cine realizado por Mujeres. La ciudad respira alegría. Vicky es el rayito de luz que de vez en cuando nos sorprende en un día nublado. Que pena que en seguida se me tuerce el gesto al darme cuenta que los carteles de Eva Almunia ganan por mayoría. Pero aún así, hay esperanza.

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Llueve. Llueve mucho. Y luego esta el festival de cine. El martes después del examen paseé alrededor de la UNED y me compré un par de calzoncillos baratos. Aún no me los he probado. Hay casas en las que incluso llueve dentro. Ayer por la noche al salir de la peli Suiza tuve un poco de frío. He encontrado las llaves de la piscina. Hip, hip, hurra. La escritora de mi pueblo me ha regalado su último libro. Porque también hay feria. El miércoles fue el último examen. Más bien fue un despropósito. Las notas siempre tardan lo suyo. Después de este examen me fui al Simply, compré una bolsa hecha con fécula de patata y una botella de Cointreau. Aunque no es lo mío, le voy a pegar al café con hielo.

(Sin título aparente)

Ayer era nueve del nueve del nueve y un “iluminado” intento secuestrar un avión en México con tres latas de zumo rellenas de tierra y una lucecita de colores atada. El mundo necesita héroes. Los políticos necesitan crisis para pone en marcha sus descabelladas ideas. Él no es político pero ha estado en muchos sitios la última semana. Ha vuelto y todo había cambiado. Nada.

El aparcamiento de la UNED era una fiesta. O una peña, pensaba él, mientras deambula por la ciudad sorteando carrozas a todas caras. Llevaba la cabeza repleta de varianzas, deciles, medianas y moda. El silencio del examen se rompió por el estallido de la fiesta, la juventud borracha de mañana paseaba despreocupada en carros de la compra con sus inevitables uniformes de pañoleta. Él muerde el boli pensativo, se niega a tocar la calculadora, recuerda que hace unos días una “picaraza” se estrello contra el cristal de su coche, sigue sin tener un decodificador de señales. Por si acaso hoy lleva dos piedras en el bolsillo. Se levanta y entrega. Después solo le queda la playa. Carreteras secundarias, nucleares, gasolineras de Bon Área, GPS que despista y el mar. Baño en playa. Él intenta llegar con sus últimas fuerzas a la casa de los novios. Le pica la sal en el cuerpo. Aparca respira hondo, entra. Buena música, muchos comics, toque hindú familiar, orden, complementos y un piano que después de algún que otro ruego, suena. Escucha con fastidio el sonido de las obras nocturnas de asfaltado desde el sofá, todos se han ido a intentar dormir, han dejado en el ambiente un suave perfume de nervios contenidos y un toque de esperanza. De repente la luz. Intenta mojar el donuts de chocolate en el café sin armar demasiado estrépito, pero un fracaso tras otro le llevan a la ducha. Afuera la calle espera. Otro examen. Tortosa. La fiesta que le persigue, las manifestaciones del medio rural y toda esa gente con sus trajes regionales, amenazando por el retrovisor mientras él se aleja por la autopista. Y todo el camino, aquella extraña canción, bara, bam, bam, bam. En la boda se siente novia, puede ver con sus ojos, estar dentro de su cabeza. No se asusta porque ya fue novia en la fila de embarque de un aeropuerto cualquiera. Después un desfile interminable de comida, baile, ramo, playa, sueño, centollos y gambas. Y él que se pierde, que quiere ser otoño, gris plomizo, fina lluvia. Pasa por delante de un cartel que le esboza una sonrisa, los planetas volverán en octubre y cuando toquen su canción, en su interior por unos instantes algo se iluminará, aunque solo sea una mísera lata de zumo, rellena de tierra.