Yo en los volcanes

Pacaya first

Me puse a buscar y encontré esta foto. Nacho y yo posamos con nuestro guía, de fondo el Pacayá. Andamos mucho, llegamos a la cima y no vimos nada. Fue una experiencia más en nuestro deambular por centroamérica. Málditas nubes que no nos dejaron ver la lava. Tomamos la decisión de subir un par de días antes, porque vimos la publicidad en una agencia. Ni Google, ni Booking, ni nada. Por no saber, no sabíamos nada sobre las barritas energéticas, ni de la “ropa técnica”. Eran otros tiempos. Había otras modas. A ver si localizo la foto turística en el Teide y cierro la triada.

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Stromboli

Se había convertido en nuestro destino maldito y ya pensábamos que nunca pisaríamos ese crater. Casi nos habíamos resignado a no poder seguir las huellas de las alpargatas de Ingrid Bergman camino de esa cima tan misteriosa. A veces no se puede tener todo. Parecía que habíamos aceptado nuestro destino, pero no, había final feliz. Acordamos unas fechas, luego otras, cruzamos los dedos, cerramos los ojos, cogimos un bus, un avión, un tren, un barco y nos plantamos en la isla, dispuestos a encontrar la puerta al centro de la tierra. Nos os voy a contar nada más. Teneis que ir. Nosotros no hicimos grandes fotos, ni grabamos vídeos espectáculares, pero oimos rugir a la tierra, vimos un atardecer películero con un bocata de mortadela en la mano y después llego una noche llena de cohetes naranjas. Para rematar descendimos felices, cansados y con mascarilla. ¿Y ahora qué? nos preguntábamos al día siguiente cuando el barco nos alejaba de la isla. Estamos sin objetivos. A veces el vacío es peligroso. Pero esta vez no, ¡que se jodan las de mi pueblo!. No estábamos tristes. Nos pusimos a jugar a eso de adivinar palabras y se notaba en el ambiente que estábamos felices. Tanto como si hubiesemos estado en la inauguración de la cafetería de la estación de tren de Milazzo. ¡Risotto!. Vamos a repensarnos.

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This train is bound for…

Tengo una contractura. Voy en el tren y es de mañanas. Escucho el podcast del que todo el mundo habla en mi trabajo. En el asiento de atrás hablan de la perversa asociación que se hace del mundo rural con la barbarie. La idea parece que es una de las que se barajan en el último libro de Sergio del Molino. Miro por la ventana y pienso si este será el último día que cojo este tren. También pienso en buscar un billete barato para Tegucigalpa en septiembre. La verdad es que debería de estar escribiendo el guión de la boda de mi primo, pero le he cogido algo de tirría a la escritura. Ayer grabé dos vídeos. Con el mismo estilismo. Para dos cuarenta cumpleaños. Tan distintos. El tren discurre ahora paralelo a la carretera y veo a un grupito de scouts andar por el arcen. Paro el podcast y envío un Whatsapp a mi compañera de trabajo para ajustar nuestra visita de primera hora. La vida antes era más interesante. Es un rollo tener que vivir siempre el ahora.

Que estamos ya en marzo

Ando escribiendo algo, no sé muy bien para qué, pero ahí ando. Entre otras cosas dos colaboraciones de las que igual no sale nada. Para una me he comprado un cuaderno que he alterado. Esa la escribo en el tren, los días que voy al trabajo en tren. Y tengo ganas, claro. Para la otra voy pillando frases al vuelo, conversaciones, revistas, telediarios… compongo algo, lo mando por internet a mi contraparte y vuelve transformado. O no vuelve. O es otra cosa distinta. Una melodía. Un cuadro. Y así pasan los días y al menos tengo la sensación de que hago algo.

Los amores breves

La vimos al salir del bar. Rotulador negro sobre pared desconchada. Momentos antes me habías estado contando los detalles de tu último viaje. Una escapada hacía un país que nunca hubieras visitado de no haber caído recientemente en las garras de l’amour. Me contaste vuestros paseos en barca, los menús de los restaurantes, los snacks que debían acompañarse de cerveza y otras veintipico pequeñas curiosidades. Te dije que hicieras esta foto. Siempre nos gusta reconocer el ingenio de los que hacen que la calle hable. Dos días después me enviaste unos Whatsapps para decirme que lo habíais dejado. Entonces pensé en la fugacidad de la vida, en lo esquiva que se empeña en mostrarse la felicidad y en está foto.

amores breves