Madrid, el traje, la derrota, Ajoblanco, pensar en la vuelta.

España perdió ayer y yo he dormido como un tronco. Madrid está lleno de gente. La gente está llena de Madrid. Julinchia me enseño su último artilugio de belleza. Juntos pateamos el barrio de Salamanca y nos reímos de la puericultura y del gallo kiriko. Lo bien que lo pasamos juntos. Alejandro me llevó a su Verbena y me introdujo en el kitsch castizo, vermú de grifo, croquetas, pinchos de tortilla y bocadillo de calamares. Estábamos cerca de la plaza Dos de mayo y todo eran tatuajes y gafas de concha. Muchos dirán modernidad de postal, pero ojo que también hay borbotones de ideas. Fuimos para la calle la Palma (la banda sonora evidentemente tenía que ser McEnroe), entre vinos hablamos de todo (Miguel incluido), aunque no de los cervidos. Ajoblanco fue una de las revistas que me marco el final de la adolescencia, que llegará a la biblioteca del pueblo junto a El Europeo y Rockdelux era un puerta abierta a otros mundos, que debían andar por ahí fuera. Así que la visita al Conde Duque era obligada. Después esta lo del desayuno en el Museo del Traje, la noche que pase sin dormir y mi vuelta, sobre el papel, al mundo del punk. Pero eso mejor no lo cuento.
 
 

Pájaro. Grulla. Mil.

Fibra de pájaro. Llevo en el alma.
Fibra de pájaro. De rama en rama y de flor en flor.

Viajar, viajar, aunque sea aquí cerquita, que bonito. Fui por la ruta que me recomendó Lidia y me encantó cruzar las Bardenas (por muy reales que sean) y un montón de pueblos pequeños de nombres pintorescos y desconocidos.

La cita era en Las Gaunas y después de los besos, los abrazos y la alegría del reencuentro, todo fue sobre ruedas. Hicimos algunos nervios en las primeras horas del sábado pero… se desvanecieroncomo las burbujas en una copa de champan conforme iba avanzando la jornada. Y no fue champán, que fue vino lo que bebimos en nuestra peregrinación por la calle Laurel. Gracias por invitarme a compartir este trabajo, por acogerme, por descubrirme la ciudad y por ese momento impagable en el que cantamos desaforados Fibra de pájaro como si fuera el himno de la república independiente de nuestra casa. Gracias.

Del cuaderno azul…

Últimamente cada vez que voy al pueblo sudo el Mediterráneo. Y no siempre es en el huerto. Mi madre tiene una infinita capacidad de invención para los y trabajos forzados domésticos. Le hemos metido mano al granero, a la habitación pequeña, montado estanterías, cambiado macetas… y a mí me ha tocado poner orden entre las muchas cajas que acumulo. Cajas que bajaron de Jaca y otras de Huesca. Cientos de discos, libros, recortes, figuritas, entradas de espectáculos, fotos y cartas. Muchas cartas. Con estas me pasó algo extraño. En los remites leía algunos nombres que no reconocía y otros con los que incluso me extrañaba haber tenido alguna cercanía. Que cosas tiene la memoria. He tirado muchas cosas, he reciclado otras tantas y entre tanta acción, he tomado la decisión de abrir (¡al fin!) un perfil en Facebook. Supongo que de alguna manera es lo mismo que tener esas cajas con cartas extrañas. Pero de forma tecnológica. Yo nunca he estado en contra de la tecnología. Nunca en contra del mañana. Yo siempre a favor. A ver si antes de que acabé el 2013 me pongo a ello.

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PEATONALIZACIÓN (basado en hechos reales): Y cuando despertó el PP lo había pintado todo de azul.

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Fui a una inauguración el miércoles. La gente bebía vino del caro en la acera y controlaba por el rabillo del ojo lo que hacía cada uno de los grupitos que se habían ido formando. Un artista, que no era el inaugurador, me cantó una canción al oído. Estaba trabajando en ella me dijo. Era finales de octubre y todavía hacía calor. No teníamos razones especiales para el optimismo, pero a todos se nos escapaba la sonrisa.

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A veces me pregunto si es en el momento de ponerse las manoletinas y los pendientes de perla, cuando las jóvenes oscenses renuncian a sus sueños.

observando

La gran fiesta final

Hubo una fiesta. La invitación era irresistible. La gente aún anda pensando como enmarcarla. Un ascensor. Un saxofón y un megáfono. El resto era difuso, puertas, vasos, el paraguas que hacía de árbol y la ya mítica tela verde que se suicidaba por el hueco de la escalera. Después estuvo la cena. Sube a mi nube pretó plays con gran éxito de crítica y público. Sonaron algunos temazos de los que ya apenas recuerdo nada. El público variopinto. Todo en plan disfrute y cumpleaños feliz. El chaval de la peca (y no, no era Harry). Los niños que leían y por supuesto la subasta rusa. Pujas de 5 en 5. Nos dejamos las gargantas en post de la destrucción. Del arte. Después vino el micro y las cosas que crees que siempre están de más. Al aflojar las bombillas alguna se hizo pedazos. El micro también. Dj Ik·er puso banda sonora a nuestros desvaríos. Rescaté a Merchef de las garras del licor de hierbas y tuvimos que despedirnos en plan pareja bien avenida. Fue un placer. Besos de despedida. Gracias a los organizadores. Más majicos. Ale, hasta más ver.

el beso