Mañaneo

He recibido un mensaje “tráeme mañana los pendientes y la pulsera”. Sé a que colegio van tus hijos. Tenemos familla en Roma. Mucha familia. Primos que trabajan en la universidad. Uno es profesor de una asignatura de aeronáutica. Me he hecho un store con folios a primera hora de la mañana. No puedo parar de llorar por lo de México. Mi hija me está mandando vídeos por WhatsApp que han grabado sus compañeros. Se ha agrietado la piscina de la casa donde vivía. ¿Ya estáis preparando la cena del Pilar?. Yo tengo cuatro humidificadores. De esencias naturales. ¿Has visto la tostadora rosita que ponen hoy a la venta en Lidl?. Nadal es un “bienqueda”. Dame el pen con las series que lo descargo en mi ordenador. A mi si son de llorar no me grabéis nada. Y no me esperéis al café que me voy a una casa.

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Los amores breves

La vimos al salir del bar. Rotulador negro sobre pared desconchada. Momentos antes me habías estado contando los detalles de tu último viaje. Una escapada hacía un país que nunca hubieras visitado de no haber caído recientemente en las garras de l’amour. Me contaste vuestros paseos en barca, los menús de los restaurantes, los snacks que debían acompañarse de cerveza y otras veintipico pequeñas curiosidades. Te dije que hicieras esta foto. Siempre nos gusta reconocer el ingenio de los que hacen que la calle hable. Dos días después me enviaste unos Whatsapps para decirme que lo habíais dejado. Entonces pensé en la fugacidad de la vida, en lo esquiva que se empeña en mostrarse la felicidad y en está foto.

amores breves

Pre-navidad

He salido a comprar cuatro cosas navideñas, antes de enfrentarme a la familia y la tradición. Andaba encogido por la calle, canturreando ese estribillo imposible de Chico y Chica, el de Diabla, cuando de repente me he dado cuenta de que no hacía frío, así que me he estirado. Ha sido en ese preciso momento cuando el mendigo oficial del barrio, me ha llamado desde la puerta del súper. Por estas fechas va vestido de Papa Noel y la verdad es que cada año le queda mejor el traje. Cuando me he acercado me ha dicho: – ¿qué hora tiene jefe? y yo le he respondido: – las siete menos diez, figura. Me ha dado las gracias y ha seguido pidiendo unas monedillas a las señoras peluqueadas que salían con bolsas repletas de ingredientes para sus opíparos menús. He tenido una gran idea. Ha sonado el pitido del Whatsapp, era mi prima con un mensaje cifrado: Tira garrosa!. Lo he repetido dos veces en voz alta y a la tercera he entrado en la librería Iris. Allí el dependiente de ojos azules siempre sonríe. Le he preguntado por un libro y nos hemos puesto ha buscarlo. Lo hemos encontrado. Después yo lo he pagado y he salido sonriente a la calle. He intentado acordarme de la idea brillante con la que hace poco mi cerebro se había convertido en el castillo de fuegos artificiales del día del patrón (antes de la crisis). Pero no ha habido manera. Solo me llegaba el principio de Torre románica, así que lo he dejado por imposible. ¡Mierda! se me ha olvidado ojear el libro Dejad de Lloriquear, pero ya no me ha apetecido dar la vuelta. Por un instante, solo por un instante, he pensado que ya va siendo hora de abrir un perfil en Facebook. Todo esto mientras casi me trago a un niño de los que aún juegan despistados en las aceras. Rabia y valor. Mis conexiones neuronales están puenteadas. Rozo el cortocircuito varias veces al día. Creo que hay demasiadas cosas en mi cabeza. Vuelvo a casa y me pongo a buscar la foto borrosa de un Cristo azul, uno que encontró Paily en una de sus excursiones bolivianas. Bueno ya esta ¿y ahora qué?.

paint it blue

No, no puedes

No puedes escribir todos los domingos algo deprimente. No puedes ser la Maruja Torres del cyberpesimismo y la derrota dominical. Lamentarse es de el género bobo. Los principios perduran, las fórmulas no. Además esta semana estoy con Magris cuando dice eso de No siento pesimismo ante el futuro ni nostalgia del pasado. Te lo comes con patatas. A lo pobre. ¿Y entonces la semana qué? bien. Montaña rusa. Descenso a los infiernos cinematográficos gracias a Shame. Chicos echaré de menos las tertulias etílico-cinéfilas. Casi todo el correo electrónico que me llega va a la papelera sin leerlo. Grabado y chapas.  La idea del monasterio sigue allí. Sigue probando suerte. Papeleos, sudor, cumpleaños y Valdespartera. Que paz. Que luz. Concierto que no puedo ir. Eurovisión pegado a un grupo de WhatsApp. Creo que no veía el festival entero desde hace 25 años. Disfruté como un enano. No llegue a la micropoesía. Pero este es el único Ajo que me gusta. Esto supera la ficción, debe de ser la realidad. Me he comprado en un Sabeco-saldo el juego del Profesor Layton. El que tenía pirateado se calaba (vocabulario de mi sobrino) siempre al llegar al mismo puzzle. Ahora estoy recuperando el tiempo perdido. Al menos en algo. Amigos, churros y perros. Fiestas del barrio. Creo que ha tocado todos los días Olga y los ministriles. O puede que no.