Libertad. Jonathan Franzen

Me declaro ajeno a todas las discusiones existentes en la blogosfera entorno a la figura de Jonathan Franzen. Vamos ni creo que sea el gran autor norteamericano de nuestros días, ni que escriba truños carentes de todo interés. Me quedo con las ganas de leer su anterior novela (Las correcciones), pero de momento todavía cuando voy a acostarme acude a mi cabeza Walter y su obsesión con preservar el hábitat de las aves canoras y de advertirnos de los peligros de la superpoblación del planeta. También asoma la punta de la nariz la indecisión vital de Patty y claro como no pensar en Richard (cantante de los Traumatics y de los exitosos Walnut Surprise), en el que intuyo reflejados tantos rock-folk-singers de la escena alternativa norteamericana. Por aparecer hasta en ocasiones se me cuela la estúpida seguridad de la joven Lalitha

Es verdad que no es una novela que te enganche con el primer párrafo, pero cualquier lector mínimamente entrenado (que haya superado la fase de El Barco de vapor), descubrirá el interés de adentrarse en los entresijos de esta dysfunctional happy family.

Pobre Walter. Primero había dejado de lado sus sueños de actor y cineasta por un sentido de la responsabilidad económica para con sus padres, y después, en cuanto su padre lo liberó con su muerte, fue a juntarse con Patty y dejo de lado su aspiración de salvar el planeta y entró a trabajar en 3M, par que Patty pudiera tener su fabulosa casa antigua y quedarse allí con los niños. Todo ocurrió casi sin siquiera planteárselo. Él se entusiasmaba con todos los planes que la entusiasmaban a ella, se entregó a la reforma de la casa y a defenderla contra su familia (…). En los primeros años, era tal su fervor por Patty que a sus ojos ella no podía hacer nada mal. Y sin duda fueron muy buenos años.

Sin respuestas

En Canfranc tras el diluvio. La luz del generador, el agua embotellada. Aún con todo, qué a gusto se siente uno en casa. Y hablando de casas y direcciones, antes de salir para acá, cogí una postal del correo. A quien me la envío decirle que claro que sí, que we are family!. De las nuevas claro. Algo en lo que pienso a menudo… y que me  encanta. Yo que en el examen de la opo, tenía esperanzas de que saliese ese tema que decía; Modelos actuales y características de la familia. Aunque al final no salió. Y que casualidad tenerla en mis manos aquí. Porque aquí he aprendido algunas cosas acerca de este concepto. Bueno de este y de otros muchos. Aquí me ha dejado la riada en varias ocasiones y en cada una de ellas aprendí cosas nuevas. Cosas que me han hecho ser un poco como soy. Que es  ser un poco como este lugar.

Han sido unos días de reencuentros, resúmenes, besos y abrazos, de encontrar papeles que dejé olvidados, de mucho hablar, mucho escuchar, espanglish por aquí italospañol por allá. A ratos he estado noqueado. Y es que ha habido tiempo para todo, incluso de llevarme alguna que otra bronca. Téneis razón, debería de dar señales de vida más a menudo. Pero aunque no lo hago, sabéis el amor incondicional que os tengo, Modern Family. Y permitidme que para terminar cite una cosita de Cioran, no es para presumir de nada, solo que lo leí por ahí este fin de semana y le he estado dando un par de vueltas: “Los días no adquieren sabor hasta que uno no escapa a la obligación de tener respuestas”.

Semana Santa. Vampiresa mujer

Si no pongo esta canción es que reviento.

Me la grabó en un pen Special_k junto a otros temazos… que también son de traca. Pero es que esta “me cambia loco” y ahí que la he tenido en el coche esta #semanasantaperonotanto, amenizando los paseitos que me he dado. Mucha nube, reencuentros, besos abrazos, gente maja a la que visitar, kilometros sin ton ni son, romper la hora, subir a una ermita a las tantas de la madrugada con evidentes síntomas de embiraguez… volver al pueblo, al mío, la familia, los planes, el agua. De todo un poco. ¡Ah! y en un riconcico de esta geografía afortunadamente olvidada por los dioses… un corazón

Avellanas garrapiñadas

Muchos días sin escribir, entre el frío, organizar papeles, las tareas siempre pendientes y trabajar un poquico… no llego a todo. Además llevo unos días detrás de una receta para poner en el blog e inaugurar así otra nueva sección. Resulta que el otro día al volver del pueblo, entre verduras varias, magdalenas y huevos de corral, encontré una sorpresa. Mi madre había metido un bote de algo que parecían almendras garrapiñadas, pero especialmente feas. ¡Redios eran avellanas! así que la llame para ver si era cierto lo que veían mis ojos y de paso hacerme con la receta y colgarla en el blog. El resultado: empate. Estaba en lo cierto con lo de las avellanas y según ella no le habían salido muy bien porque era la primera vez que lo hacía, pero de darme la receta nada de nada. Las había hecho a ojo, así que me quedo con las ganas de poner aquí la receta. Tal vez próximamente. O tal vez no. Con las madres nunca se sabe.

CUANDO CAE LA NOCHE. Michael Cunningham

A ver; me ha gustado menos de lo que esperaba tras leer las críticas. Pero más de lo que pensé tras un primer vistazo rápido en la librería. A veces discurre por lo evidente y vadea lo interesante. Podría ser mucho mejor, sin duda. Aún así a mi siempre me gusta descubrir a través de algunos autores los paradigmas de relación norteamericanos, tan desprovistos del peso de la religión y la familia latina.

Un buen fotógrafo con una buena cámara no siempre hace fotos que se fijen en tu retina. Me gusta, no me gusta. Bueno como podéis ver no hace falta vivir en Nueva York y ser dueño de una galería de arte pijoflauta para estar hecho un lío.

La mayoría de los hombres se mueven, mas o menos, por los mismos impulsos, pero ¿qué oculta en su imaginación, qué es lo que agita su sangre? ¿Qué puede ser más agudamente personal, qué hay más cerca de sus profundidades que lo que les ayuda a correrse? Si lo supiéramos, si pudiéramos leer lo que dicen los bocadillos de cómic de los demás tíos mientras se masturban, ¿nos conmovería o nos repugnaría?

Viva el patchwork

Por petición popular os pongo una foto del wonderful cojín de patchwork que me ha hecho mi tía Pilar, con tanto estrés estudiantil esta semana (que si no salen las notas, acuérdate de la tutoría, hay que entregar el trabajo, ponle título, quítale tabla, estudia el examen del jueves, no estudies…), pues oye que no me había dado tiempo a colgarlo.
Como ya lleva unos días en casa, está empezando a interactuar (que no Interarts) con el resto de moradores. Sigo recopilando objetos singulares para mi casa museo, ¿dónde estas fundación?. ¡Ah! y para el que no lo sepa… este cojín es realmente espectacular porque además de estar hecho con mucho amore, es un cojín y es ¡una manta! que ganas de ponerme debajo y terminar la cuarta temporada de los Tudores.

BRINDIS. Ismael Grasa

Hace tiempo que estaba en la estantería pero no le había hecho mucho caso, pero como nada es para siempre… me lo he ventilado en un fin de semana de piscina. Este lo compré porque el anterior libro de relatos de Grasa, me había encantado (aunque tenía una de las portadas más horrorosas que se puedan diseñar), creo que le dieron un premio y todo. Pero bueno esto es otra historia porque para empezar es una novela y aquí muchos de los trucos del relato sirven de poco. El libro tiene un arranque esplendido, la familia, la infancia, las pequeñas miserias cotidianas, todo narrado con ese frío bisturí que a mi tanto me gusta. Párrafos parcos en palabras y donde toda emoción parece tener delante su dique insalvable, del cuál poco se llega a saber. Aunque entre tanto desapego siempre hay algún que otro rayo de ternura. Como buen texto iniciático también tiene cierta dosis de viajes, al que le añade una pizca de realismo sucio con especial atención a sus encuentros sexuales. Una entrada titubeante en la edad adulta completa la novela. Después de leerlo podría unirme a esos que dicen que Ismael Grasa y Cristina Grande son las grandes promesas de la literatura aragonesa, pero claro para ello tendría que tener alguna extraña razón que me llevase a pensar que ese género existe.

Una novela de trazo uniforme pero de intensidad desigual, que deja cierto regusto de oportunidad fallida.