El día que murió Chiquito

Me desperté pronto, la costumbre, cogí el móvil de la mesilla para vaguear y no salir aún  de la cama. Revise Twitter, había muerto Chiquito. Una puerta se golpeó en mi cabeza. Los obvituarios llevaban ya un tiempo preparados, algunos hablablan de él como un genio del humor, y otros incluso de el mayor renovador del castellano de nuestra época. Bajé al bar, porque aún muerto Chiquito, era sábado y café con leche, croissant y periódico son compulsory. De vuelta a casa parada en el Eroski y acopio de fondo de armario. Ya en casa lavadora, baño y dar de comer a los peces. Vistazo a la prensa online donde Chiquito ya ocupa las portadas. Junts pel Jarl. Hasta la Casa Real puso un tweet. Whatsappeamos con la familia y aunque parte no se pronuncia no puedo evitar acordarme el día que fuí con mi prima al cine a ver Aquí llega Condemor el pecador de la pradera y escuchamos el que se convirtió en uno de nuestros gritos de guerra: Yoliiiiiiiiii.  Bajo la ventana, tocando esa guitarra sin cuerdas estaba Chiquito. Pocas veces me he reido tanto en mi vida. Después de comer bajo, o subo, a Huesca, nunca me aclaro cual es el verbo que tengo que poner cuando hago este trayecto desde Zaragoza. Descargo el coche en la oficina de Pedro y tomamos una caña hablando del tema del día. La de palabras y expresiones que nos salen sin matarnos mucho la cabeza. Pedro le vió en Huesca, en esa mítica actuación junto a Joaquín Reyes en el Festival Periferias. Yo me quedé sin entrada. Eran otros tiempos, teníamos tiempo para todo, la vida nos sorprendía en cada esquina y muchas veces nos quedábamos en la puerta. Después paso por casa de Isa, que está pachucha y también hablamos del tema, mirando por el movil nos reimos al ver que en las fotos de la capilla ardiente no podía faltar esa corona en la que estaba escrito “Hasta luego Lucas“.  Vuelvo a Zaragoza, es de noche, hace aire y no tengo ganas de nada. Me voy pronto a dormir, hoy con la sonrisa en la boca.

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Tio Manolo

Y esto luego ¿dónde lo llevan? ¿a La Cartuja?. Tengo que reconocer que aún me sorprenden tus preguntas. No puedo evitar sonreír cuando dices ¡ostia que navaja más hermosa! mirando fijamente otra pared blanca. Yo me voy, que aquí ya no hago nada. Me cago en Dios que mañana. ¿Dónde esta el del barbero?. Te digo que es la hora de comer y que luego iré a buscarle. Anda tú, córtame estas ramas. Como si lo que te sujeta a la cama no fuesen unas correas de sujección mecánica. ¡Guardia! ¡guardia! gritas mientras vuelvo a taparte con la sábana. Durante un rato a casi todo te respondo con un después. Con gesto serio me dices y si no hay después… ¿qué haremos?. No lo sé. Lo pienso un rato. Probablemente nada.

Volver a Zaragoza

Es volver a los veintipico. A comerse el mundo. No tener miedo a nada. Bueno a algunas cosas. Pero pocas. El esquí en Panticosa. Rodajes de fin de semana. Oficina y alquileres. Proyectos personales super importantes. Autopistas de un solo carril, destino a nada. El travelling, la grúa. Volver a unos compañeros que ya no son. Mis primeras experiencias con la muerte más allá de la familia. Madrugones, aventuras de carretera y lugares cercanos pero remotos. Besos eternos en un portal con muchas escaleras y otros furtivos robados en el baño de un antro sin cartel en la puerta. Volver a Zaragoza es volver a un tiempo intenso, pero sin Internet, casi sin móvil, un tiempo algo más libre. Orgánico, orgásmico y frustrante a la vez. Vuelvo a Zaragoza, vamos a ver.

El día que murió David Bowie

Me he despertado sin pereza, pero he ido lento. He desayunado mientras se aireaba la cocina, que todavía olía a las palomitas que quemaron ayer. He cogido la bolsa, bajado al garaje y me he puesto en ruta. Escuchaba radio 3 hasta que han dado las ocho y he puesto las noticias. La no investidura de Mas me aburre hasta límites insospechados, así que he abandonado la información. Justo al entrar en Zaragoza ha comenzó a llamarme la atención el balbuceo de los presentadores, decían sin decir. Una furgoneta roja me ha adelantado sobrepasando holgadamente el límite de velocidad en ese momento. Hablaban de Twitter, hablaban de Facebook, hablaban de incredulidad, de conectar con los corresponsales británicos. Y decían que ahora Blackstar era premonitorio. Ground Control to Major Tom, informamos de la llegada a punto de destino. En el parking del trabajo no había sitio y ya me veía condenado a vagar por calles y avenidas. Pero sabía que algo no iba del todo bien, no estaba nervioso, estaba preocupado y he decidido callejear despacio hasta dar con el hueco. He cuadrado las cuatro ruedas y entonces el Whatsapp ha comenzado a pitar insistentemente la noticia. Music legend David Bowies dies, decía la BBC. Julia me enviaba el link de nuestra canción favorita y sé que los dos estábamos tarareando esa parte del estribillo donde dice you’re not alone. Entro, ficho, saludo, se lo cuento a las chicas del despacho de al lado. Hoy no cojo café de la máquina. Sobre la mesa de la oficina tenía tres partes informativos sobre otro menor fugado. De recepción me llaman para que devuelva una llamada. Todo antes incluso de haber encendido el ordenador. Lo hago, escucho, comento, cuelgo. Let’s dance put on your red shoes. No va a ser un buen día, lo sabes, pero cerrar los ojos no lo va a hacer mejor. Otra llamada. Se corta. La devuelvo, comunica. Así un rato. Una compañera, que no conocía, se ha reincoporado y ha traído una caja de bombones. No voy a hacerle un feo. Abro la agenda repaso las citas de hoy. Voy a preparar unos materiales, inspirado Ziggy played guitar. Esta claro, se ha muerto Bowie. Es verdad. Me pongo los cascos y selecciono la La Chacona de Bach. Luego me avisan para salir a desayunar. No como bocadillo de pollo braseado. Reviso el Twitter, fotos, frases y sentidas despedidas. Retwiteo sin mucho interés. Volvemos al redil y hago ronda de llamadas para citar mañana. Merche me escribe desde el sudeste asiático y dice que no sé lo cree. Intercambiamos unas cuantas frases sobre la exposición que vimos juntos en el V&A hace unos años. Estamos lejos pero decimos al unísono Under pressure!. Y sí… ¡con Annie Lennox!, que más Bowie no puede ir en ese concierto. Pienso en recuperar algunas de esas fotos borrosas que hicimos. Mientrás Julio dice que por esas tierras sentirían más la muerte de Hello Kitty. Modern love walks beside me, bajo al archivo. Papeles por aquí, expedientes por allá. Rebel Rebel, your face is a mess, necesito aire. Tengo que pedir días de vacaciones para ir a Canarias. Abro el portal del empleado y me pongo a trastear, petición de presencias/ausencias. Se me ocurre escribir todo lo que estoy haciendo hoy, el día que ha muerto Bowie. Me parece una buena idea. Luego una tontería suprema. Llaman para cancelarme una entrevista. Lo encajo bien, dejo un recado al chaval. Dile que le he llamado, que no se preocupe, que todo va a salir bien. We can be heroes, forever and ever.

DB

Caminando

Son fiestas. Era temprano. Yo iba a trabajar, un grupo de veinteañeros volvían a casa vociferando y con algunas dificultades para mantener la trayectoria. En la acera había una furgoneta aparcada con el portón trasero abierto. Ellos se han hecho a un lado para esquivarla, yo al otro. Justo en ese momento dos operarios de la funeraria salían del portal y se dirigían a cargar la camilla. Han enmudecido, nos hemos mirado, puede que todos estuviéramos pensando en la fugacidad de la vida. O puede que todos nos preguntásemos porque hoy no habíamos elegido otra ruta. La vida, la muerte, abrir los ojos, además de mirar… ver. Cuestión de elección.

niños arte

El día que murió Labordeta.

Ojal-a: Me levanté tarde y continué con mis labores organizativas del fin de semana; abrir cajas, revisar, cerrar cajas. Puse la tele y me quede un rato viendo las carreras, a ver si veía a Lidia entre semejante marabunta. Al que ví fue al nuestro king, que entre balbuceos varios me dió la noticia. Al poco rato recibí una llamada de Paily Minogue desde Sto. Domingo diciéndome que en Dominicana se habían derramado unas lagrimicas por Labordeta y que a punto había estado de llamarme a las tres de la mañana cuando se había enterado. Cayó la tarde, como caen otras cosas y hablando con mi madre me ha dicho que ella también lo sentía mucho, que se le veía una persona con ideas, pero muy del pueblo. Volvía a casa conduciendo y sin darme cuenta tarareaba eso “somos como esos viejos árboles batidos por…” y no sé por qué pero por todos los sitios que pasaba había cierto aire de tristeza.

Special K: Domingo de pluriempleo en el hogar. Enciendo mi ordenador y empiezo por echar un ojo a las redes sociales. Descubro la noticia en Twitter, donde las alusiones en su recuerdo poco tiempo después se convierten en Trending Topic mundial (o sea, en uno de los temas del momento a nivel internacional). Inmediatamente me vienen a la cabeza todos esos conciertos por la reapertura, su apoyo desinteresado con el Comité de Solidaridad Canfranc-Nicaragua, aquel campamento cinéfilo al que Don Víctor consiguió que acudiera y se presentó con la mayor de las humildades y, sobre todo, esas mañanas veraniegas en las que, de camino al trabajo, coincidíamos con él en la panadería de Villanúa. Enciendo la radio y suena eso de “adiós a los que se quedan y a los que se van también”, que pincha nuestro amigo Fran. Se me ponen los pelos de punta. Me pego todo el día siguiendo los medios, emocionada, tarareando sus canciones, con un puño en alto reprimido. Como si ya formara parte de nuestra pequeña gran familia, la de todos por los que cantó y luchó, de esta tierra hermosa, dura y salvaje, de la que hizo un hogar y un paisaje. Gracias, abuelo.

Hembra Beta: Mi primera acción después del café suele ser ir directamente a la web del instituto meteorológico noruego, este domingo no me sentía muy bien así que decidí pasar directamente al Facebook y dejarme las noticias para después. Así que allí fue donde me enteré que Labordeta había muerto. Es curioso cómo se vive desde la distancia, siento lo mismo que vosotros pero no me rodea nada que me influencie. Tan sólo los muchos comentarios y enlaces que se han publicado en estas redes virtuales y que demuestran cómo Labordeta era un personaje popular, tanto que estoy segura de que casi todos los aragoneses, o lo hemos visto alguna vez o podemos decir algo personal de él…. Ay, de qué poquísimas personas se puede decir eso.
Sus letras hablan de sentimientos, él me hizo sentir el primer y único sentimiento aragonesista que he tenido en mi vida. En mi familia tenemos las raíces un poco dispersas así que siempre me he sentido un poco apátrida, nunca he tenido “pueblo” y mis padres afirman que se es “de donde se pace”, pero saboreé el sentimiento de pertenencia y terruño entonando en grupo y a voz en grito sus himnos.
Me da mucha penica, nos podía haber acompañado muchos años más, pero nos ha dejado himnos, canciones y frases como “a mi no me va a matar el cáncer sino los homenajes”, qué grande.