Cuchillo

¿Qué día es hoy?. Alzo la vista, enfoco y callo. Me lo pregunta un señor mayor que se agarra fuertemente a su andador bloqueando la acera. Silencio. Intento dilucidar si me pregunta por el día o el número. Dos pasos por delante una señora sonriente me mira con ternura. Martes, digo finalmente. Él me sonríe y dice que su mujer está empeñada en que era sábado. Le devuelvo la sonrisa y miro a la señora que tiene los ojos chispeantes, como los de un niño cuando sabe que ha hecho algo que no esta bien pero no se arrepiente. Reanudo la marcha y pienso ¿qué día es hoy? ¿qué aporta a la felicidad el conocimiento?. Ellos llegan a casa, cuando él logra sentarse en el sillón de color burdeos que esta frente a la ventana, siente el frío del acero seccionandole la garganta. Ella piensa en todo lo que va a tener que limpiar, pero que aún así el paseo ha merecido la pena.

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Et maintenant on va ou?

Los domingos por la tarde toca cultura oficial, llámese exposición, mediatheque (que aunque parezca mentira esta llena los domingos), o museée Fabre. Venga os cuento de este último. El museo es cuco, esta ubicado en un antiguo caserón en el centro de la ciudad justo en la esplanade Charles De Gaulle, city center totall. Hay una colección de pintura del siglo XVII/XVIII que presupongo interesante porque mi desconocimiento de esos siglos es grande. Me llama la atención siempre esos bodegones de flores (Nicolaes van Verendael, Johan Laurentz Jensen, Frèederic Bazille…) y algún que otro santo/virgen. Al pasar al siglo XIX y principios del XX vienen los fuegos artificiales, neoclasico, romanticismo; realismo y algun que otro ismo. Destaca la figura de Courbet del que tienen bastantes obras (siempre me han resultado curiosos los colores de Bonjour monsieur Courbet!), aunque hay un poco de todo; Ingres, Delacroix, Manet, Corot, Matisse, Staël (al que pronto espero dedicar un post) Renoir y compañia. Tambien tienen la colección Soulages, grandes formatos de este señor, del que no tenia ni idea de su existencia. Había esculturas pero no me dio tiempo a verlas, era casi la hora del cierre y sí… soy de los que pierden bastante rato en la tienda.

Domingos laborables

Es rara la fauna que te encuentras por la calle el domingo bien de mañanas. El día esta fresco y en la escenografía habitual ya hay parte de los personajes secundarios dando el callo. Esta la señora alta (que conozco de su trabajo en Jaca) sentada en el banco frente al Oscashop, me da por imaginar que piensa con nostalgia en la vida a la que tuvo que renunciar por cuidar de una (supuesta) madre manipuladora y autoritaria. No podía faltar el señor bien vestido y de cara colorada, con el que me cruzo al menos una vez cada día. Veo sobresalir de su manta los pies del señor que duerme en el cajero de la esquina. Paso frente a un bajo y siento un deseo imperioso de darle los buenos días a la señora que mira tras la ventana apartando el visillo con su mano huesuda y cansada. Me meto en un bar (por eso del café) y veo las fotos de la final femenina de Roland Garros. Ha ganado una china. No puedo evitar recordar esa final del 2000 que vi en la Bodeguita comiendo una ración de pulpo a la gallega. Eran otros tiempos. ¡Otra década!. También curraba algún domingo y tenía diferentes compañeros de reparto en mi vida. Pago y me voy. Antes de entrar al trabajo, paso por la acamapada de los indignados y compruebo que todo esta en calma, subo las escaleras hasta la oficina del Festival de esta ciudad (en la que nunca pasa nada), todo sigue en su (des)orden, me siento y preto el botón del ordenador.

Yogur de “perraaaaaaa”


Ando deseoso del mal tiempo. Me gustan estos días de frío, los de viento en la cara. Quedarme en casa sin atisbo de remordimientos. Estoy estudiando pero a la vez perdiendo el tiempo en mis tonterías, a veces doy con cualquier cosa estúpida que me trae a la mente recuerdos, historias, sensaciones del pasado. Se me va. Pierdo la noción del espacio (si es que alguna vez la tuve), un viaje en el tiempo, una visita a la dimensión oscura, un folio en blanco y ningún boli en 1 km. a la redonda… hasta ahora pensaba que los yogures de pera existían exclusivamente en Málaga. Recuerdo llegar los domingos por la noche después de nuestra larga peregrinación cruzando esta España e iluminarse mi cara cuando llegaba a la sección de postres y recogía uno de esos yogures de sabor imposible. Era nuestra recompensa particular, una liturgia idiota tan importante como cualquier otra, esas que nos inventamos un buen días y seguimos, sin saber muy bien porque, a pies juntillas. Hoy he descubierto que no había que llegar hasta Málaga, en el DIA% de al lado de casa (vuelvo a vivir cerca de un DIA%), los tienen. No son los mismos. Pero son de pera al fin y al cabo. Ahí he estado unos minutos con mi carica de imbécil delante de la estantería. Y el tiempo pasaba. Y todo pasa. No hay más que mirar las fechas de caducidad.

Un día de Ojal-a

Ha sonado el despertador pero no le he hecho caso. No recuerdo que estaba soñando pero desde luego estaba en su punto más interesante, así que he decidido darle una oportunidad. Finalmente a las ocho y cuarto he movido, me he hecho un zumo de naranja y me lo he bebido. Antes de ir a la oficina he hecho una parada en la guardería de Villanúa, allí básicamente me he dedicado a decir tonterías a los pocos niños que había, darle unos apuntes a Alicia y de paso insultarla un poco por ser tan decidida en la vida. Al llegar a la oficina he leído los e-mails y he contestado unos pocos. He repasado los blogs amigos y he corroborado que pasan olímpicamente de actualizar. Bravo. También he contado a los pocos compañeros que estaban que ayer fui al cine y cuando estaba a punto de acabar la película se jodio la proyección, nos tuvieron un rato con las luces encendidas y luego continuaron en un punto distinto al que nos habían dejado, así que nos quedamos sin enterarnos del desenlace. Se han reído. Después me he puesto a organizar la documentación de un par de cursos que terminaron la semana pasada. Todo el rato estaba pensando que estaría bien salir a echar un café a algún bar del pueblo, justo cuando iba a salir ha venido un mozo con el que estamos haciendo la postal de navidad de la empresa y nos hemos liado con retoques de última hora. Como ya he visto que no iba a salir he decidido poner la cafetera, como no había otra cosa he tenido que poner café descafeinado. Teníamos una duda con un acento y he llamado a todos los filólogos que conozco, Marta no me cogía el teléfono, mi amor tampoco (que luego dice que no sale nunca en mis post), Anele estaba ausente… así que he llamado a Medio Llena que no es filóloga pero es muy espabilada. Solucionado lo del acento hemos dado la postal por terminada y he seguido ordenando y clasificando papelajos. Me he tomado un café. Hoy ha sido el primer día en muchos que no he tenido ganas a de asesinar a nadie por razones laborales. A la hora de comer he puesto un poco de pasta al fuego y la he apañado con un tomate raf que me dio mi madre y dos salchichas Frankfurt jumbo que he encontrado por la nevera. Me lo he comido en mi mesa de trabajo mientras leía el periódico de ayer. Después he cerrado las cuentas del encuentro que tuvimos el fin de semana, también he aprovechado para hacer algunas hojas de ruta que tenía pendiente y de paso he intentado poner fecha a unos cursos de 2009. A las cinco y cuarto he salido volando de la oficina para ir al aerobic. Me ha patinado un poco el coche al dar la última curva antes de llegar al pabellón. He vuelto a llegar tarde. Estábamos tres y aunque la tabla era bastante sosa, me ha salido regular y he sudado bastante. Al terminar la clase he mirado a ver si había subido Nacho para hacer alguna tontería, ponernos los patines, montarnos en la bicicleta estática o algo así. Pero no estaba. Así que me he ido al vestuario, me he duchado y me he metido en la sauna. Una de las veces que he salido para ducharme me he juntado con Kostas, le he dicho que el viernes pasado hablé con María de él y me pedido que un día de estos le traiga su número de móvil. He bajado para Jaca, he parado en el control de la policía nacional de Villanúa, como todos los días (¿hasta cuándo?), luego he tenido que dar tres vueltas al barrio antes de aparcar. Finalmente lo he dejado en un sitio que no me gusta mucho porque por las mañanas suele haber hielo, pero paso de que me sigan multando por dejarlo en la puerta de casa. He dejado la mochila en casa, he saludado a Hembra-beta que estaba hablando por el móvil con Javi, he saludado a Javi por teléfono y le he dicho que a ver si se deja caer por aquí estas navidades. Me he comido una mousse de chocolate del Mercadona y me he ido pitando a la imprenta para llevarles la versión definitiva de la felicitación del año. Al volver he entrado en el DIA y he comprado garbanzos, una tortilla de patata congelada, una botella de vino tinto, una botella de vino blanco, seis botellines de San Miguel, dos de otra cerveza rara, muffins de chocolate, costilla de cerdo, aceite de oliva de oferta, yogures Activia (que antes se llamaban BIO), café para la oficina y zumo de naranja. He llegado a casa me he abierto una cerveza Mahou cinco estrellas, me he sentado delante del ordenador y me he puesto a escribir esto. Cinco minutos después le he pedido a Hembra beta que me prestase su ordenador y lo he colgado. FIN.