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La fiesta terminó

La gran fiesta

Suspiro (escribir aquí onomatopeya), lejos quedan esos años en los que la semana santa era una fiesta. Una gran fiesta. Miro triste el calendario y me pregunto que coño hacer con estos cuatro días que hoy me parecen miseria.

fiesta

Terminan las fiestas. El viento todavía seguirá jugando con las nacionalidades unos días. Nos acercamos al equinoccio, igual horas de sol, igual horas de noche. Lo dice la señora del telediario y yo ya pienso en cambiar la ropa de los armarios. Adiós camisas de manga corta y pantalones a la rodilla. Comienza el curso y a lo único que me he inscrito es a bádminton. Tripito iniciación. Sí, nunca he sido demasiado ambicioso. El resto es una incógnita. Quiero viajar. Subir, bajar. Sin demasiadas prisas. Nunca me ha importado la lluvia. Siempre que tenga un lugar seco en el que guarecerme. Hay palabras que solo de pronunciarlas te llenan la boca. Terminan las fiestas. Recoge la orquesta.

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La grande bellezza

Salí del cine sin tocar el suelo. Yo no es que no entendiera todo como mi gran amiga Elena (let’s be friends…), es que como le he dicho muchas veces, me importa un huevo de pato el no entender. No siento la necesidad de tener todo bajo control y si algo me gusta en el cine, es que me dejen con la boca abierta. Y no, no hacen falta grandes efectos especiales para esto, solo un torrente de imágenes como el que tiene La Gran Belleza, una música apropiada y un guión que deje al menos tantas cosas en el aire como las que cuenta.

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¿Cómo volver a escuchar Raffaella sin acordarse del cumpleaños de Jep Bambardella? ¿y como apartar de tu mente a Ramona vestida con su mono de fiesta cuando pienses en la elegancia?. Excesiva, Felliniana, provocadora, ingeniosa, imprescindible.

La gran fiesta final

Hubo una fiesta. La invitación era irresistible. La gente aún anda pensando como enmarcarla. Un ascensor. Un saxofón y un megáfono. El resto era difuso, puertas, vasos, el paraguas que hacía de árbol y la ya mítica tela verde que se suicidaba por el hueco de la escalera. Después estuvo la cena. Sube a mi nube pretó plays con gran éxito de crítica y público. Sonaron algunos temazos de los que ya apenas recuerdo nada. El público variopinto. Todo en plan disfrute y cumpleaños feliz. El chaval de la peca (y no, no era Harry). Los niños que leían y por supuesto la subasta rusa. Pujas de 5 en 5. Nos dejamos las gargantas en post de la destrucción. Del arte. Después vino el micro y las cosas que crees que siempre están de más. Al aflojar las bombillas alguna se hizo pedazos. El micro también. Dj Ik·er puso banda sonora a nuestros desvaríos. Rescaté a Merchef de las garras del licor de hierbas y tuvimos que despedirnos en plan pareja bien avenida. Fue un placer. Besos de despedida. Gracias a los organizadores. Más majicos. Ale, hasta más ver.

el beso